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En 1964, Anita Harris, una mujer de 27 años, comenzó a adquirir terrenos en Brooksville, Maine, incluyendo una isla abandonada de 46,5 hectáreas frente a la costa del golfo de Maine. La joven construyó una pequeña casa para vivir allí en casi total aislamiento y adquirió más tierras colindantes durante los años siguientes. En 1971, tomó la decisión de donar más de 500 hectáreas al estado de Maine para que se conservaran como santuario de vida silvestre. En la actualidad, el lugar se llama Santuario de la Isla Holbrook y continúa manteniéndose exactamente como ella lo solicitó, sin mejoras modernas y sin intervención humana.
El aislamiento que buscaba fue por decisión propia. En la década de 1960, la costa de Maine aún conservaba vastas extensiones de terreno accesible, con bosques de coníferas, humedales costeros y playas rocosas a las que el negocio inmobiliario aún no había llegado. Harris reconoció en estas tierras un valor incalculable que debía protegerse antes de la llegada del desarrollo urbanístico, y decidió utilizar sus propios recursos para lograrlo.
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