Todo apunta a que el ático más famoso de España, al menos en este mes de agosto de 2026, estaba destinado a ser la residencia de Isabel Díaz Ayuso en un futuro próximo. Su vendedora no es tan famosa como la presidenta madrileña, pero se mueve en unos círculos más ilustres. Astrid Gil-Casares Marlier, exmujer de Rafael del Pino, es escritora, empresaria, miembro de la jet set y amiga del millonario pederasta Jeffrey Epstein. Porque todas esas etiquetas y algunas más –hija de aristócrata, de educación exquisita, analista financiera en Londres y París, íntima de Isabel Sartorius y del rey Felipe de Borbón– adornan el currículo de quien algún medio llegó a bautizar como la "esposa punk" del segundo hombre más rico de España. Quizá por los tatuajes con los que empezó a cubrir su cuerpo tras divorciarse del presidente de Ferrovial, hasta llegar a la veintena: "Son las marcas del divorcio. Mis escudos", confesó en una entrevista a Vanity Fair en 2017.PublicidadFue a Astrid Gil-Casares a quien la empresa pública Planifica Madrid compró en abril el piso de 485 metros cuadrados, 200 de ellos de terraza, cinco habitaciones y seis baños, pese a que ni la inmobiliaria encargada de ponerlo a la venta ni el Gobierno de Díaz Ayuso lo han confirmado. Pero la propia Gil-Casares respondió a las preguntas de Vanitatis el pasado 30 de julio asegurando que había firmado un acuerdo de confidencialidad que le impide "revelar o confirmar la identidad de la parte compradora ni comentar las circunstancias de la operación". "En cualquier caso, desconozco por completo el destino que se pretendía dar a dicho inmueble", concluyó.Público ha intentado ponerse en contacto con Astrid Gil-Casares para elaborar este perfil, sin éxito.Astrid Gil-Casares estudió en Esade, la prestigiosa escuela de negocios de los jesuitas, y trabajó para la banca Rotschild en París y el HSBC en Londres, antes de dejarlo todo para casarse en 2006 con Rafael del Pino. No obstante, ha ejercido de empresaria ocasional antes, durante y después del matrimonio. Con no demasiado éxito. En 2004, el año en que conoció al presidente de Ferrovial, creó su primera empresa, en el Reino Unido, donde vivía y trabajaba: Gil Casares Consultants Limited, una asesoría en la que figura como administradora y "arrendataria de aeronaves". En julio de 2006, apenas un mes después de casarse, cambió el domicilio de la empresa, de Londres a la dirección del exclusivo barrio de El Viso donde convivía con Rafael del Pino. Las últimas cuentas que presentó en el registro mercantil británico, consultadas por Público, son de 2012. Entonces Gil Casares Consultants Limited acumulaba 20.192 libras –unos 23.500 euros– de pérdidas y su único activo eran las 225.290 libras en efectivo que tenía en el banco, menos de lo que sumaban sus deudas. Astrid liquidó la empresa en marzo de 2014.En 2007 fundó su segunda compañía, esta vez en Madrid: Alwin Films. Debería haber sido una productora de "programas, películas y reportajes", pero según reconoció en la demanda de divorcio, estuvo inactiva durante todo su matrimonio. La creó porque había escrito un guion para una película que, a la fecha de la separación, en 2016, aún no había vendido a nadie. Dos años después, se presentó en el Festival de Cine de Málaga ¿Qué te apuestas?, una comedia romántica protagonizada por Amaia Salamanca y Javier Rey, cuyo guion cofirmaba Astrid Gil-Casares.PublicidadAlwin Films, también domiciliada en la casa de El Viso, no ha presentado nunca cuentas en el Registro Mercantil, según ha podido comprobar este periódico. Su única huella en el Borme, el boletín del Registro Mercantil, es el anuncio de su constitución. Una irregularidad, por cierto, ya que todas las sociedades tienen la obligación de presentar anualmente sus cuentas en el Registro. Después de 15 años sin presentar cuentas, el registrador cerró la hoja registral de la compañía y le revocó el NIF en 2022. Pero la empresa aún no ha sido disuelta formalmente.Un préstamo al grupo EzentisTras el covid y ya divorciada, en 2021, creó otras dos sociedades. QM Capital SL, dedicada al negocio inmobiliario, y Self Pit Stop SL, para vender productos de belleza. Tampoco han sido buenos negocios. En QM Capital SL es administradora mancomunada junto con su hermano Gonzalo y los arquitectos del estudio Quam –responsables de la decoración de la cadena de restaurantes Lamucca, por ejemplo–, con el que la sociedad de los hermanos Gil-Casares comparte domicilio social. Pero QM Capital SL no tiene plantilla ni apenas actividad. En 2024, último año en que ha presentado cuentas, acumulaba 35.702 euros de pérdidas tras tres años sin facturar ni un euro.En Self Pit Stop SL, Astrid Gil-Casares es la única propietaria y administradora. A Vanitatis le decía en 2022 que estaba "feliz" con el proyecto, vender "productos que te hacen sentir bien". Sin embargo, sólo facturó 638 euros en 2022. En 2023 su resultado fue cero. La cerró en 2025 con 47.649 euros de pérdidas.PublicidadSin embargo, esos reveses económicos no le impidieron prestar 400.000 euros en 2023 al grupo Ezentis, una compañía dedicada a la ingeniería y las infraestructuras cuyo principal cliente es Telefónica –se encarga del mantenimiento de sus redes de telecomunicaciones–. La compañía sufrió una grave crisis financiera que la llevó al preconcurso de acreedores y a la suspensión en Bolsa en 2022. Tras reestructurar su deuda y con la entrada como socio principal del mediático José Elías –propietario de Audax Renovables y la empresa de congelados La Sirena–, el grupo ha retornado a la normalidad. Pero antes Gil-Casares fue una de las ocho personas físicas y jurídicas que prestaron un total de dos millones de euros a Ezentis para "reforzar el balance [...] y atender a las crecientes necesidades de capital circulante" de la empresa. Al año siguiente, sus créditos se convirtieron en acciones de Ezentis, tras aprobar el consejo de administración un aumento de capital como fórmula para devolverlos. Gil-Casares se convirtió así en accionista del grupo. Fue el mayor prestamista de los ocho, junto con una sociedad jerezana.Más fructífera ha sido su actividad literaria. Ha publicado tres novelas. La primera, en febrero de 2020, sólo dos meses después de que el Tribunal Supremo dictara sentencia sobre su sonado divorcio, se tituló Nadie me contó. En ella, Gil-Casares retrata los privilegios de su clase social mientras desgrana la historia de una mujer en la que es imposible no ver a la propia autora. Según la sinopsis de la editorial –La Esfera de los Libros–, la protagonista se casa con un hombre "inteligente, atractivo, carismático, seductor, poderoso y rico", para luego sobrevivir a un duro divorcio porque es una "luchadora", una "guerrera tatuada".La segunda novela, Ese jueves al anochecer me subí al tren, llegó sólo un año después y vuelve a inundarse de tintes autobiográficos: hombres tóxicos y una mujer divorciada con hijos que se reinventa profesionalmente. La tercera tardó un poco más, no se publicó hasta febrero de 2025. En No digas nada, la protagonista, también de clase pudiente y divorciada, ya está en la cincuentena –como la autora– y debe superar el duelo por la muerte de su madre –como la autora–. En la portada aparece la espalda tatuada de una mujer.Los consejos literarios de Jeffrey Epstein"Tengo facilidad para escribir, me gusta y forma parte de mi vida", confesaba a Vanitatis en la entrevista de 2022. De hecho, en los primeros correos electrónicos que Astrid Gil-Casares se cruza con Jeffrey Epstein, en 2017 –cuando el millonario estadounidense ya tenía una condena a 18 meses de cárcel por buscar servicios de prostitución de menores–, le pide consejo literario. Epstein incluso leyó un borrador que ella le envió. Cuando el pasado enero el Gobierno de Donald Trump publicó más de tres millones de documentos del archivo de Epstein, el nombre de Astrid Gil-Casares saltó a los medios españoles. No sólo correos, también múltiples mensajes de Whatsapp, a los que ha tenido acceso Público, revelaban una relación bastante íntima que se prolongó hasta 2019, año en que el millonario volvió a prisión y se suicidó. Los whatsapps de ella suelen ser largos e insistentes; los de él, monosilábicos. "¿Qué estás leyendo?", le pregunta ella el 6 de abril de 2019. "Leibnitz", es toda su respuesta. La conversación se queda ahí. Pero una semana después, ella persiste: "¿Y cuál es tu impresión sobre lo que estás leyendo de él?". Epstein no contesta. Pero quedan para hablar por Skype más tarde, en previsión de encontrarse en París en mayo.Ese mes ella le cuenta que ha pasado los últimos cinco días leyendo libros de Danielle Steel, la reina de la literatura romántica, "y todo ese género, desde Barbara Cartland hasta 50 sombras de Grey y los más subidos de tono". Porque le han sugerido que escriba un libro "de ese tipo" antes de comenzar su segundo guion. "Al parecer, en la industria cinematográfica española me llaman La privilegiada y eso domesticaría a todo el mundo...", se queja. Pero le confiesa que esas novelas le resultan aburridas. Danielle Steel, por cierto, fue la principal autora plagiada por Ana Rosa Quintana en su libro Sabor a hiel, que tuvo que retirar de las librerías después de que interviú destapase el escándalo en octubre de 2020.PublicidadEn otro Whatsapp le dice que Lolita, la novela de Vladimir Nabokov sobre el pederasta Humbert Humbert, "no es un libro romántico". Las obras de Jane Austen sí, pero dice que no soporta sus libros. Él le contesta citándole dos clásicos, Lo que el viento se llevó y Guerra y paz. Lolita, le rebate enseguida el millonario abusador, "es una novela romántica". "Deja de ser tan básica".Semana Santa en el Caribe, verano en Los Hamptons"Soy básica. Y burguesa", le replica Astrid, a la que burguesa es una categoría que se le queda muy corta. Al menos a tenor del nivel de vida que revela su demanda de divorcio. Y no sólo porque pidiera a Rafael del Pino una compensación de 40 millones y una indemnización de otros 50 por el "trabajo realizado para la familia" durante sus 10 años de matrimonio, un concepto recogido en el artículo 1.438 del Código Civil para retribuir las "tareas domésticas y el cuidado de los hijos" llevados a cabo de forma gratuita por uno de los cónyuges.Porque, con el resto de los gastos que pedía a su marido que asumiera tras el divorcio, Gil-Casares destapa todo un estilo de vida sólo al alcance de ese 1% de la población que, según calcula el G-20, acapara el 41% de la riqueza creada desde 2020. Un fin de semana al mes en una capital europea, en un hotel de cinco estrellas, para ella y sus tres hijas. Una semana al año de esquí "en el hotel donde habitualmente se aloja la familia" y con monitores para las niñas. Las vacaciones de Semana Santa en una casa de alquiler "apropiada para el estatus de la familia" en Miami, las islas caribeñas de St. Barth’s y Mustique, o un destino "similar". Y las vacaciones de verano en una casa de alquiler de Los Hamptons, la costa neoyorquina donde, entre otros superricos, veraneaban los Kennedy y donde Jeffrey Epstein organizaba fiestas con menores para otros millonarios. PublicidadTanto el juzgado de Madrid como la Audiencia Provincial y el Tribunal Supremo reconocieron en sus sucesivas sentencias la "desmesurada" y "abismal" diferencia entre la capacidad económica del presidente de Ferrovial –a quien Forbes calcula una fortuna de 8.000 millones de euros– y Astrid Gil-Casares. Pero tras tres años de batalla judicial, le concedieron compensaciones mucho menores, aunque sustanciosas: 75.000 euros de pensión y 840.000 euros de indemnización. Además de 21.000 euros al mes de pensión de alimentos para sus hijas, el pago del 100% de sus gastos de educación, médicos y extraordinarios, así como de 100.000 euros anuales sólo para viajes y alojamiento. Tras vender el ático de Chamberí, Astrid vive en una casa del exclusivo barrio de La Moraleja, tiene casi 7.000 seguidores en Instagram y, según Vanitatis, "lleva una vida tranquila, alejada de eventos sociales", salvo cuando promociona sus novelas.
Astrid Gil-Casares, la escritora, empresaria fracasada y miembro de la 'jet' que le vendió el ático al Gobierno de Ayuso
La exmujer del presidente de Ferrovial se ha dedicado, con éxito desigual, a escribir novelas y a crear sociedades tras sobrevivir a un agrio pleito de divorcio de tres años.







