0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialJoshua Tarling ha viajado al inicio de la Vuelta a España con un único objetivo. En la cabeza del galés, un especialista en la lucha contra el crono, solo cabía un pensamiento, un deseo , una motivación inmensa. Quería homenajear con una victoria a su hermano Finlay, fallecido hace una semana, atropellado mientras disputaba la Vuelta a Portugal. Empujado por la emoción y por el amor fraternal, salió a por todas ocho días después del fatal accidente, de trágicas consecuencias. Hubiese sido un principio hermoso, un detalle precioso, un recuerdo imborrable. Pero el ciclismo moderno no entiende de regalos, es pura competición. Hay demasiado en juego. La fuerza pudo con el corazón. La lógica aplastó al romanticismo. En el camino de Tarling se cruzó un ogro sin miramientos.Tadej Pogacar fue profeta en su casa. Corría en su ciudad, Mónaco, y no desaprovechó su conocimiento del terreno. Hasta las manijas del reloj se aliaron con él. Gracias a nueve centésimas se llevó la etapa y le sirvieron para apoderarse del primer maillot rojo de la Vuelta.Y eso que a Tarling se salió una gran contrarreloj. Durante unos minutos suyo fue el mejor tiempo en la meta. Pero no pudo ser. Dos ciclistas rebajaron los 11m01s que el británico del equipo Ineos marcó. Primero fue su compatriota y excompañero Ethan Hayter, ahora en el Soudal, y después apareció el insaciable Pogacar, que arranca la Vuelta tal y como acabó el Tour. O cabría decir como los tres últimos años. No deja ni las migajas.Nunca había vestido de rojo y ya lo luce. Le sienta como anillo al dedo. Vayan haciéndose a la idea, porque todo apunta a que van a ver muchas veces esa imagen en la Vuelta.Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour
Nueve centésimas visten de rojo por primera vez a Pogacar
El esloveno, que corría en casa, no perdona en la contrarreloj de Mónaco y gana el primer día, aunque eso prive a Tarling de su emotivo homenaje











