Es uno de los árboles más fotografiados de la ciudad, también uno de los más icónicos. El ficus del Parterre de Valencia está ahora siendo rescatado para poder continuar regalándole a los valencianos y a los turistas su belleza. Este gigante verde encara las últimas semanas de una intervención pensada para asegurar su futuro, pues está rodeado de obras desde mediados de junio, cuando el consistorio comenzó unas obras llamadas a durar tres meses. Con una buena marcha de las obras este verano, la actuación debería completarse alrededor de mediados de septiembre. Ahora bien, no será una intervención exhuberante ni resultona a ojos de los paseantes.El problema está principalmente bajo tierra. El muro que rodea el jardín limita la expansión de las raíces del ficus, catalogado como árbol monumental. Para darle más espacio, se está ampliando el cerramiento en esta zona y también se sustituyen las luminarias que incidían directamente sobre el ejemplar por las originales del jardín. Recuperará elementos originalesSin embargo, se aprovechan estas obras para ir algo más allá del icónico árbol. Las obras están incorporando dos nuevas rampas para mejorar la accesibilidad al Parterre y recuperará elementos originales, entre ellos parte de la verja, la piedra del murete y elementos de la escalinata. Según la información municipal, el conjunto está declarado Bien de Relevancia Local de la ciudad y la actuación cuenta con el visto bueno de la Comisión Municipal de Patrimonio. No es para menos, pues el ficus en cuestión tiene cerca de 170 años y su enorme porte lo ha convertido en una estampa habitual del centro de Valencia. Su conservación, sin embargo, preocupa desde hace tiempo: en septiembre de 2022 cayó una gran rama que hirió levemente a cuatro personas, un episodio que se relacionó con los efectos de las olas de calor sobre el ejemplar. Pero más allá de sobrevivir al calor, la intención es que este superviviente, un símbolo más del patrimonio valenciano, continúe sumando décadas. Si no se producen retrasos, esta vuelta a la rutina debería marcar el final de unas obras iniciadas el 16 de junio para darle, literalmente, más espacio para seguir creciendo.Como un testigo en el camino, la historia del ficus del Parterre corre casi en paralelo a la de la Valencia contemporánea. Plantado a mediados del siglo XIX, el árbol ya estaba allí durante algunos de los episodios más convulsos vividos por la ciudad: sobrevivió a la Guerra Civil, además de ser de los pocos supervivientes botánicos de la gran riada de 1957 (pese a quedar cubierto por el agua casi hasta la copa), que anegó buena parte de Valencia y transformó para siempre su relación con el Turia.También salió indemne de cambios urbanos bastante menos dramáticos, pero sorprendentes vistos desde hoy. Durante décadas convivió incluso con una gasolinera instalada junto al Parterre, en una época en la que el automóvil iba ganando terreno en pleno centro de la ciudad. El surtidor acabó desapareciendo, mientras el ficus siguió creciendo hasta convertirse en uno de los ejemplares monumentales más reconocibles de Valencia y en una pequeña cápsula viva de más de siglo y medio de transformaciones urbanas.