Un edificio puede permanecer en pie después de un terremoto y, aun así, haber sufrido daños. Los seísmos que han sacudido Granada durante los últimos días lo han dejado a la vista: han aparecido grietas y se han producido desprendimientos en algunos edificios, aunque sin daños estructurales graves conocidos. Lo ocurrido ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que divide a los expertos: ¿están suficientemente preparados los edificios de las zonas con mayor actividad sísmica de España?Amadeo Benavent, catedrático de Estructuras de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y experto en comportamiento sísmico, ofrece el diagnóstico más crítico. Según explica a 20minutos, los edificios de zonas como Granada "se han proyectado y se siguen proyectando con una normativa sísmica que está completamente obsoleta". Se refiere a la NCSE-02, vigente desde 2002, y considera que algunos de sus planteamientos son, con los conocimientos actuales, "completamente desaconsejables". "Esta normativa en algunos aspectos es directamente insegura", añade.Cómo se prepara un edificio para un terremotoPara entender el alcance de sus críticas hay que empezar por lo que sucede cuando el suelo tiembla. "Un terremoto lo que hace es introducir energía en las estructuras", explica Benavent. Cuando el movimiento es fuerte, el edificio debe ser capaz de absorber esa energía, incluso deformándose y sufriendo daños en determinados puntos. Lo importante es que se produzcan de forma controlada y "no comprometan la estabilidad global del edificio".Por eso, los expertos coinciden en que un edificio sismorresistente no es necesariamente aquel que termina intacto. Ante un terremoto muy fuerte puede quedar seriamente dañado e incluso tener que ser demolido después. El objetivo prioritario es otro: evitar que colapse mientras sus ocupantes están dentro. "La gente podrá salir del edificio y se salvarán vidas humanas, que es el primer objetivo", resume Benavent. La capacidad de la estructura para responder al seísmo se decide desde que el edificio empieza a dibujarse sobre los planos: en una zona sísmica, explica a 20minutos Pablo Olaquiaga, vicedecano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), la estructura necesita combinar resistencia y elasticidad. El arquitecto utiliza una imagen gráfica para explicarlo: en algunos terremotos puede verse cómo los edificios parecen "bailar”. Es fundamental que "el edificio se mueva de forma coordinada" y que toda la estructura funcione "de manera solidaria y coherente", sin puntos débiles que respondan de forma diferente al movimiento. Los arquitectos calculan ese comportamiento actualmente mediante programas informáticos que tienen en cuenta la estructura y el riesgo sísmico de la zona. Estos incorporan coeficientes de seguridad que añaden un margen extra de resistencia y, en palabras de Olaquiaga, "aseguran de más".Estas exigencias no son iguales en todo el territorio: la normativa sismorresistente se aplica solo en las zonas expuestas a este riesgo, como Granada -una de las áreas con mayor actividad sísmica de España por su ubicación próxima al límite entre las placas africana y euroasiática-, donde establece requisitos específicos para la construcción. La cuestión que divide a los expertos es si esas exigencias son suficientes.Una normativa que divide a los expertosLa NCSE de 2002 es la norma sismorresistente actualmente vigente en España. Para Benavent, sus más de dos décadas de antigüedad son solo parte del problema: "los mapas sísmicos están anticuados" y la regulación está "muy poco desarrollada". Entre sus principales carencias señala la falta de criterios para actuar sobre las construcciones existentes: "No hay absolutamente nada de cómo hay que rehabilitar sísmicamente una estructura existente", asegura. Su propuesta pasa por adoptar íntegramente los Eurocódigos y, en particular, el Eurocódigo 8, dedicado específicamente al diseño de estructuras frente a terremotos. Benavent, que también preside el llamado Comité Técnico de Normalización español del Comité Europeo encargado de esta normativa, lleva años reclamando el cambio. "Esta es una asignatura pendiente que hay en España", afirma.No hay absolutamente nada de cómo hay que rehabilitar sísmicamente una estructura existente”La crítica encuentra respaldo en otros sectores de la ingeniería. El ingeniero de Caminos y portavoz del Instituto de la Ingeniería de España (IIE), Ramiro Aurin Lopera, ha señalado a Europa Press que la norma española no es "óptima" y también reclama la implantación del Eurocódigo 8, más orientado a permitir que el edificio "se deforme en lugar de romperse" y evitar así el colapso, además de abordar mejor las fachadas, ornamentos y otros elementos exteriores susceptibles de desprenderse durante un terremoto.Olaquiaga se sitúa en el extremo contrario: "Con la normativa española estamos perfectamente seguros, muy tranquilos", asegura a 20minutos. Defiende que los códigos españoles se actualizan y que las zonas con mayor peligrosidad sísmica -entre ellas Granada, Málaga, Almería, Murcia o algunas áreas de Cádiz- cuentan con exigencias específicas tanto en el cálculo de las estructuras como en los sistemas constructivos. "Las normativas y los códigos en España los consideramos seguros", insiste. "Es muy completa y muy segura". Como ejemplo, señala que los terremotos de estos días en Granada han provocado desprendimientos, pero no consta "ningún daño estructural relevante" en los edificios, incluida la Alhambra.Con la normativa española estamos perfectamente seguros, muy tranquilos”Esa tranquilidad la comparte Javier Lafuente, profesor de Edificación de la Universidad de Granada (UGR), aunque con matices. La construcción de Granada capital y su área metropolitana ha respondido "muy bien", sostiene a Europa Press, y considera que "hay que estar tranquilos". Eso no significa, sin embargo, que descarte cambios: apunta que el protocolo español tendrá que adaptarse al código europeo para "homogeneizar" la forma de construir en el continente.Benavent lleva el debate a un escenario mucho más exigente que el de los terremotos de estos días. El catedrático señala que en el entorno de Granada se han producido históricamente terremotos de magnitud cercana a 7 y recuerda que hace alrededor de 140 años que el sur de España no registra un episodio de esa magnitud. "Por lo tanto, cuándo no lo sabemos -esperemos que tarde-, pero que va a ocurrir es casi inevitable", sostiene. Es ante un terremoto de esas características cuando cuestiona la capacidad de respuesta del parque edificado: "No estoy diciendo que todas las estructuras vayan a colapsar, pero el panorama puede ser bastante desastroso. Buena prueba de ello es lo que ocurrió en Lorca". Aquel terremoto de 2011, que el catedrático califica de "moderado", tuvo una magnitud de 5,1, dejó nueve fallecidos y más de 2.300 edificios con daños de consideración.Las estructuras más vulnerablesLa antigüedad es uno de los factores que condicionan la respuesta de un edificio. La primera normativa sísmica española llegó en 1968, por lo que Benavent sitúa las construcciones anteriores entre las más vulnerables y advierte de que incluso las levantadas bajo normas posteriores -1974, 1994 y 2002- pueden presentar "un nivel de vulnerabilidad importante". Olaquiaga introduce un matiz: antiguo no significa necesariamente inseguro. "La propia Alhambra, después de nueve siglos, la cantidad de terremotos que habrá sufrido y los aguanta perfectamente", pone como ejemplo.Si Granada afrontara un terremoto considerablemente más fuerte que los de estos días, el vicedecano del COAM dirige la atención especialmente a los edificios antiguos peor conservados y a los de mayor altura -ya que "la oscilación del movimiento en las plantas altas es mucho mayor"-, además del riesgo de que se desprendan aleros, terrazas u otros elementos constructivos. Buena parte de esas construcciones, sin embargo, pueden reforzarse. "La gran mayoría se pueden reacondicionar sísmicamente", explica Benavent. Olaquiaga coincide en que es posible adaptarlas a las exigencias actuales, aunque hacerlo, reconoce, es "técnicamente viable pero económicamente costoso".Tan importante como reforzar es conocer el estado en el que se encuentran las estructuras. Tras los terremotos de Granada, Carlos Medina, presidente del Consejo General de Colegios de Ingenieros Industriales, ha advertido de que pueden existir "daños no visibles" que comprometan su resistencia a largo plazo y obliguen a realizar inspecciones y peritaciones. En infraestructuras especialmente sensibles a las vibraciones, como puentes y viaductos, Arturo Campos, decano del CITOPIC de Andalucía Occidental, explica a 20minutos que existen programas periódicos de conservación y revisión, aunque considera que "desde el punto de vista de la ingeniería civil, la inversión no es suficiente" en prevención.¿Hasta dónde debe prepararse España?La tecnología permite construir edificios capaces de soportar terremotos mucho más fuertes y reducir considerablemente los daños. Benavent pone como ejemplo los sistemas de aislamiento de base y los disipadores de energía, similares a los amortiguadores de un vehículo, empleados en países con una elevada actividad sísmica. Olaquiaga reconoce que soluciones como las utilizadas en Japón podrían aplicarse en España, pero cuestiona que resulte proporcionado: requerirían estructuras más complejas, más material y encarecerían la construcción en un país con un riesgo muy diferente. "Hay que tener un poco de equilibrio", sostiene.Las diferencias se trasladan así a la valoración general del parque de edificios español. Una visión pone el acento en las carencias de una normativa que lleva más de dos décadas vigente y en la necesidad de elevar las exigencias en las zonas de mayor peligrosidad, con la adopción de los Eurocódigos como principal reivindicación. Benavent lo resume de forma tajante: "En general, no están suficientemente preparados para el nivel de peligrosidad sísmica que tiene España". Otra pone el foco en que esas exigencias deben guardar proporción con el riesgo real del territorio y considera suficientes las actuales. Granada concentra ahora ese debate: los últimos terremotos no han dejado daños estructurales graves conocidos, pero han vuelto a plantear hasta qué punto sus edificios están preparados frente al riesgo sísmico de la zona.