No hace ni un mes, en el Col de Sarenne, a 17 kilómetros de la meta del Alpe d’Huez, Isaac del Toro giró la cabeza buscando a Tadej Pogačar y Pogačar asintió: adelante. Del Toro arrancó, Remco Evenepoel se le puso a rueda y el maillot amarillo permaneció detrás, vigilando. Un kilómetro después era Pogačar quien marcaba el ritmo a su compañero. Aquel día el líder del Tour tiró 60 kilómetros en cabeza desde el Galibier, renunció a ser el primer corredor de la historia en ganar dos días seguidos en Alpe d’Huez y entregó 45 segundos de la general para que Del Toro conservara el podio y el maillot blanco.En la investigación sobre equipos, este comportamiento se denomina liderazgo de servicio, y consiste en que quien lidera sirva primero a sus colaboradores y se pregunte si sus acciones facilitan realmente su crecimiento. Algo así como Ulises con sus tan susceptibles marineros y soldados. Liderar equipos no es solo una característica personal, sino también un rol que se pide y se otorga: Del Toro pidió con la mirada y Pogačar otorgó con la cabeza. Y el liderazgo de servicio ofrece un estilo ejemplar para intercambiar esos roles. Así lo dijo su compañero Nils Politt en meta: cuando el capitán se pone a correr para el segundo capitán, ahí se ve su mentalidad. El propio Pogačar reconoció al terminar que por fin lo había experimentado y que se daba cuenta de lo duro que es trabajar para otros.Aquel día otorgar costaba poco. Del Toro, con 22 años, no le disputaba el amarillo y la general estaba resuelta con seis minutos y medio de ventaja. Otro escenario pondrá a prueba el estilo tan pronto como este sábado. En Mónaco, arranca la Vuelta donde el compañero es otro, donde Pogačar persigue la única gran vuelta que no tiene, y donde el mismo gesto podría costarle mucho más.João Almeida no es Del Toro. Como segundo clasificado en la Vuelta de 2025 organizó 2026 para reivindicarse: renunció al Tour para liderar Giro y la ronda española, y explicó sin adornos que no sentía que Tadej lo necesitara para ganar una gran vuelta y que separarse era la manera inteligente de multiplicar resultados. Pero el año se le torció. Un virus lo apartó del Giro y le impidió llegar en forma a julio. El 3 de agosto, el UAE anunció que Pogačar corría la Vuelta, con lo que el portugués, que llegaba como líder, pasó a ser el principal escudero de aquel a quien había decidido dejar de escudar. El comunicado de UAE se limita a decir que Pogačar encabeza el equipo, y la prensa ha rellenado el hueco en direcciones opuestas, unos dando a Almeida solo como gregario y otros sosteniendo que comparte el liderazgo y ofrece dos cartas a UAE. La estructura de liderazgo se da por hecha sin haberse enunciado. Solemos confundir las estructuras de liderazgo distribuidas (donde el liderazgo rota por turnos, pero existe un titular inequívoco desde el que se concede) y las compartidas (donde el liderazgo lo ocupan varias personas a la vez). El anuncio de UAE sugiere una estructura centralizada que, interpretada con generosidad, podría ser distribuida. Y aunque no se haya explicitado, cabe que esté resuelta internamente: Matxin lleva años explicando que en su equipo cada corredor sabe cuándo tiene libertad y cuándo trabaja para los demás. Red Bull llegó al Tour con una estructura de liderazgo compartida y con la instrucción explícita de su mánager de que sus dos líderes se lo disputaran en la carretera. Lo reventó Evenepoel en Gavarnie, y el conflicto acabó resolviéndolo una curva, con la clavícula rota de Lipowitz. Delegar el liderazgo en el asfalto no produce arbitraje: produce azar y conflictos poco productivos, como también se vio este año en el Tour femenino.Pero la estructura requiere ser puesta en práctica a través de comportamientos, que conforman estilos de liderazgo. Y ahí la Vuelta ofrece un buen experimento, porque con siete llegadas en alto y dos cronos en 3.275 kilómetros habrá ocasiones de sobra para observar los comportamientos que definen dichos estilos. Si buscamos ese liderazgo de servicio no conviene mirar los gestos amables, que suelen ser gratis, sino los que impliquen concesiones y el coste que tengan: si Almeida queda liberado en alguna cima, si Pogačar tira para él en algún momento, si el equipo le protege un puesto de podio aunque eso le reste opciones a él. Y también tenemos otro punto de observación en Pablo Torres, veinte años, debutante en una gran vuelta, que ocupa exactamente el hueco que ocupaba Del Toro en julio. Puede ser revelador.Si nada de eso aparece y Almeida termina de gregario de lujo sin ocasión propia, la conclusión no será que Pogačar haya cambiado. Será evidencia de que el liderazgo de servicio aparece cuando no compromete los resultados de quien lo ejerce, y que en julio no los comprometía. Y no sería una sospecha nuestra, porque la investigación ya muestra que los seguidores no responden al gesto sino a lo que atribuyen que lo motiva: el líder que sirviendo asume una pérdida gana influencia, pero si obtiene un beneficio personal la pierde. Por eso el coste importa, porque muestra la influencia que ese gesto le reporta.Conviene, en todo caso, expresar una cautela antes de que comience la Vuelta, para no leer sus resultados al revés cuando finalice. Primož Roglič renunció al Tour para concentrarse en esta prueba y Jonas Vingegaard no defiende su título, de modo que lo previsible es que el UAE controle la carrera. Pero si el desgaste de julio o los rivales obligan a Pogačar a correr a la defensiva, la ocasión de ceder no llegará siquiera a existir, y su ausencia no probará nada. Los estilos se aprenden y por eso son capacidades, y toda capacidad necesita una ocasión para ejercerse.El Sarenne dejó abierta una pregunta que aquel día no podía responderse: si lo que se vio era una manera de liderar un equipo o solamente la forma más elegante de mandar. Cinco semanas después, la carrera ha puesto al lado de Pogačar al único compañero cuya ambición tiene un coste real. Entre Mónaco y Granada, del 22 de agosto al 13 de septiembre, tendremos una respuesta.Ramón Rico es catedrático de Organización de Empresas, Universidad Carlos III de Madrid y catedrático adjunto de la Business School, University of Western Australia.
¿Ayudará Pogacar a Almeida como lo hizo con Del Toro?
La Vuelta a España funcionará como un experimento de liderazgo para el esloveno, que trabajó para que su gregario alcanzara el podio en el Tour: en la ronda española ese gesto tendría otro coste









