La jubilación reduce los ingresos habituales y obliga a reorganizar el presupuesto familiar. Para conservar un nivel de vida similar al de la etapa laboral, las estimaciones económicas sitúan las necesidades de un jubilado entre el 70% y el 90% de su último salario. Este margen parte de una idea sencilla: aunque después del retiro desaparecen algunos desembolsos relacionados con el trabajo, permanecen los gastos de vivienda, alimentación, suministros, transporte, salud y ocio. La cantidad concreta dependerá del patrimonio acumulado, las deudas pendientes y el consumo previsto durante la jubilación. La llamada regla del 70% se utiliza como una referencia para calcular los ingresos necesarios tras abandonar el mercado laboral. Sin embargo, este porcentaje puede resultar insuficiente para quienes mantienen una hipoteca, pagan un alquiler elevado o afrontan nuevos costes asistenciales. Por ese motivo, algunos cálculos amplían el objetivo hasta el 90% del último sueldo. Un trabajador que cobrara 2.000 euros netos al mes necesitaría, siguiendo ese intervalo orientativo, entre 1.400 y 1.800 euros mensuales para conservar una capacidad económica semejante. La diferencia entre esa cantidad y la futura pensión permite estimar cuánto ahorro privado será necesario acumular. Ahorrar entre el 7% y el 10% de los ingresos La planificación financiera para la jubilación no debería comenzar durante los últimos años de la vida laboral. Una de las recomendaciones habituales consiste en reservar anualmente entre el 7% y el 10% de los ingresos, siempre que la situación económica personal lo permita. Empezar pronto reduce el esfuerzo mensual necesario y permite aprovechar el interés compuesto. Los rendimientos generados por el ahorro se incorporan al capital y pueden producir nuevos beneficios con el paso del tiempo. El ahorro tampoco debería considerarse únicamente como el dinero que sobra después de cubrir todos los gastos. Incorporarlo como una partida fija del presupuesto facilita mantener la constancia y avanzar hacia un objetivo económico definido. Esta preparación gana importancia ante el aumento de la esperanza de vida y la posibilidad de que la pensión pública no alcance por sí sola el nivel de ingresos deseado. Cuanto más prolongada sea la jubilación, mayor será el capital necesario para complementar la prestación durante todos esos años. El límite que revela vulnerabilidad financiera La experta en finanzas personales Natalia de Santiago también utiliza el porcentaje de ahorro como indicador de la salud de una economía doméstica. Durante su participación en el pódcast Rompiendo el mercado, situó el umbral mínimo en el 10% de los ingresos netos anuales. «Todo lo que sea menos del 10% de tus ingresos netos al año se considera vulnerabilidad financiera», afirmó. No alcanzar ese nivel implica que el presupuesto dispone de poco margen para responder ante una avería, una enfermedad, la pérdida del empleo o cualquier otro gasto inesperado. La especialista insistió en la misma idea durante la conversación: «Si al año ahorras menos que un 10% de tus ingresos netos, eso se considera vulnerabilidad financiera». La jubilación reduce los ingresos habituales y obliga a reorganizar el presupuesto familiar. Para conservar un nivel de vida similar al de la etapa laboral, las estimaciones económicas sitúan las necesidades de un jubilado entre el 70% y el 90% de su último salario.