Como toda obra genial, es mucho lo que se ha dicho y lo que podrá seguir diciéndose -como de todo clásico- acera del Otello de Verdi, ópera estrenada en el Teatro alla Scala de Milán en febrero de 1888, que por estos días sube a escena en el Teatro Colón. En efecto, mucho se dijo -y acertadamente-, de que ese milagro lo es, entre otras cosas, por la conjunción de la maestría de dos creadores que tuvieron, a la vez, talentos distintos pero confluyentes: Arrigo Boito (1842-1918), el libretista que además de poeta, fue también músico; Giuseppe Verdi (1813-1901), el compositor, que fue alguien que a lo largo de su vida productiva supo intervenir con decisión firme pero con una gran visión teatral, sobre el trabajo de sus libretistas, porque tuvo esa capacidad extraordinaria reservada solo a los genios: la de "ver" la obra antes de su concreción definitiva. Pero en la historia de esta ópera única y sorprendente, suele pasarse por alto la comprensión del rol decisivo de alguien cuyo oficio consiste, y casi por definición, sobre todo en "ver" la obra: el editor.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.