(Berlín) — Durante buena parte del siglo XX, Estados Unidos representó algo más que un lugar en el mapa. También era un momento en el tiempo. Los europeos occidentales que veían imágenes de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial (el encanto de Hollywood, los coches estadounidenses, los novedosos dispositivos para ahorrar trabajo) creían estar contemplando el futuro. El atractivo del «sueño americano» era particularmente irresistible para los europeos del este que vivían tras la Cortina de Hierro, y para decenas de millones de chinos durante la era de apertura y reforma iniciada tras la muerte de Mao Zedong en 1976. La gran reinvención económica de China se inspiró en parte en la admiración que sentía Deng Xiaoping por la modernidad estadounidense, de la que fue testigo directo durante una visita oficial en 1979. Pero en 2026 los lugares se han invertido. Para la mayoría de la gente, en la mayoría de los países, el futuro ahora es visible en China. Igual que otrora Hollywood mostró al mundo cómo era la vida moderna, China ahora muestra a los jóvenes africanos, latinoamericanos e incluso estadounidenses cómo es una economía basada en la energía verde, los pagos y servicios móviles y la robótica avanzada. Cobus van Staden, del China-Global South Project, considera que a Occidente se lo presenta cada vez más como un lugar «retrógrado [y] asociado al pasado», un fenómeno probablemente acelerado por el trumpismo, con su rechazo a las energías renovables y la diversidad y su conservadurismo en temas sociales.
Un futuro con características chinas
El avance tecnológico y económico del gigante asiático, sumado al cambio demográfico y al desgaste de la imagen estadounidense, está modificando las referencias con las que millones de jóvenes imaginan su futuro.






