Joaquín, contamos cómo fueron tus inicios en la profesión Perfectamente mal diseñados, te lo digo hoy con una sonrisa. Tengo 41 años y la apertura que existe hacia la psicología no era la misma de hace veinte. Siempre digo que nuestra profesión es el arte de hacer simple lo complejo, aunque mi comienzo fue todo lo contrario. Tenía claro que quería conectar con el otro, pero no tenía idea dónde. Transité todo: el mundo empresarial, el educativo, el clínico, los adultos… hasta que llegué a trabajar con chicos y algo hizo clic. Dije: "es acá". Ahí me quedé. ¿Concretamente en qué estás enfocado? Coordino un equipo que acompaña familias, a través de Orquídea Espacio Terapéutico. Y eso es lo primero que quiero dejar en claro: acompañamos familias. Hay una identidad, una forma de ver al otro y muy especialmente a los chicos. De eso decanta todo lo demás: psicología de niños y adolescentes, orientación a padres, psicopedagogía y mindfulness. Siempre con tratamientos validados en la evidencia, valorando el tiempo y sabiendo que no todo el mundo tiene que ir al psicólogo.

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