Cuando Javier de Haro (Palma de Mallorca, 46 años) era adolescente, dedicaba algunas horas a la semana a entrenar a baloncesto a niños en campamentos de verano. Era una labor que disfrutaba mucho en su momento y que le ayudó a tomar una decisión de futuro: quería dedicar su vida laboral a la infancia. No tenía claro si de profesor, pediatra, enfermero o psicólogo. Pero el tiempo le fue aclarando las ideas y cuando llegó el momento, supo que quería estudiar Psicología, decisión en la que se reafirma: “Soy un privilegiado por pasar tiempo con niños cada día”. Trabaja en un colegio concertado en Murcia, donde imparte clases en ciclos de FP y en Bachillerato, y ejerce de orientador para los alumnos de Infantil y Primaria. Su tiempo libre lo dedica a subir contenido muy práctico a su perfil de Instagram (@psicologo_teayudoaeducar, 360.000 seguidores), a pasar tiempo con su hijo Javier y, el pasado año, a escribir Disfrutar de la Crianza. Tu guía para educar con alegría y sin culpa (Planeta, 2026).Este libro es resultado de su formación académica, su experiencia como psicólogo en una consulta privada y en el colegio donde trabaja en la actualidad. Pero sobre todo de su labor como padre, gracias a la que se ha vuelto “mucho menos radical a nivel teórico y mucho más práctico”. “He entendido que nada es blanco o negro y que la crianza está llena de grises, porque la psicología también se tiene que adaptar a las circunstancias de cada uno”. De hecho, el libro está abarrotado de anécdotas reales. “Tener hijos te cambia radicalmente la vida y se aprende que no pasa nada por improvisar alguna cena; por repetir pantalón de uniforme dos días seguidos; o por no recoger todas las piezas de Lego del salón, porque es más importante leerle un cuento a tu hijo que mantener el orden”, asegura.PREGUNTA. ¿Por qué Disfrutar la crianza no es un libro más de crianza?RESPUESTA. En primer lugar, porque con mi libro nadie se va a sentir juzgado; no impone una forma de hacer las cosas, sino que trata de adaptarse a la realidad con ejemplos, técnicas y herramientas. En segundo lugar, porque este libro cambia un poco la perspectiva de la crianza: en lugar de ofrecer técnicas para que cambien nuestros hijos, muestra estrategias para que quienes cambiemos seamos los padres. En realidad, es un libro que pone el foco en nosotros, que somos quienes podemos controlar lo que hacemos para influir en la felicidad de nuestros hijos. Y en tercer lugar, porque es un libro muy práctico, muy humano y muy real, en el que la teoría no es el eje central. P. En el título habla de disfrutar la crianza. ¿Es que, en general, la crianza más bien se sufre?R. Creo que sí hay momentos de sufrimiento, porque la crianza no es fácil. Menos aún hoy en día, que la vivimos desde el agotamiento, desde la exigencia y desde la culpa. Tenemos tanta información, tanta presión a través de las redes sociales, de nuestros vecinos, de lo que nos rodea que, en ocasiones, perdemos el foco. Y hay que tener claro que a donde tenemos que llegar es a estar ahí con nuestros hijos mientras crecen. Disfrutar la crianza no significa que todo sea fácil o que siempre estemos felices; significa que va a haber momentos difíciles, pero que, incluso en esos casos, podemos hacer cosas para que la vivencia sea diferente. P. En el subtítulo hace referencia a la culpa. ¿Es uno de los mayores enemigos de la crianza?R. Sin ninguna duda. La culpa, lejos de ayudarnos, nos desgasta, nos impide disfrutar de la crianza y nos aleja de algo muy importante: confiar más en nosotros mismos. Por eso, uno de los objetivos del libro es aliviar esa carga, que entendamos que cuando nos cuestionamos es porque somos buenos padres y buenas madres. Nuestros hijos no necesitan unos padres perfectos, sino referentes reales, humanos, que disfruten con ellos, que se equivoquen y que aprendan a su lado.P. ¿Qué razones llevan a los progenitores a culpabilizarse tanto?R. Para empezar, que nos exigimos demasiado: hemos asociado ser buenos padres con hacerlo todo perfecto. También influye el hecho de que vivimos expuestos a una cantidad enorme de información y parece que siempre hay alguien que lo está haciendo mejor que nosotros. Por otro lado, vivimos demasiado deprisa, vamos en modo piloto automático intentando llegar a todo, pero sin ser conscientes de lo que hacemos.P. ¿La culpa es más frecuente en padres o en madres?R. Creo que son las madres las que suelen cargar con una mayor sensación de culpa, porque son ellas quienes siguen soportando mayor presión social y personal sobre la crianza, aunque a veces sea autoimpuesta. En ese sentido, los padres aún tenemos mucho camino por recorrer. Aún escucho a muchos padres decir: ‘Si yo ayudo’. De esa manera tan sutil se da a entender que la responsabilidad no es nuestra, que es de la otra persona. La crianza no requiere ayudantes, sino de un equipo.P. Otra de las claves de la crianza, según su libro, es la complicidad. ¿A qué se refiere?R. Me refiero a dedicarles la energía y el tiempo necesarios para que confíen en nosotros. Lo que no significa que seamos sus amigos, que a veces hay cierta confusión en ese sentido. No tenemos que ser sus amigos, pero sí que sientan que pueden confiar en nosotros cuando tengan un problema. Esa complicidad se construye en los pequeños gestos del día a día desde que son pequeños: interesándonos por sus gustos, teniendo rituales propios, permitiéndoles conocernos y tratando de conocerles a ellos… Yo siempre digo que trabajar la complicidad desde su infancia es una inversión para etapas más conflictivas.P. Uno de los temas de los que más suele hablar en sus redes sociales es la autoestima. ¿Por qué es tan importante? R. Las investigaciones hablan de que la autoestima es uno de los mayores predictores de la felicidad futura de nuestros hijos. Va a ser un termómetro de la relación que nuestros hijos tengan con ellos mismos durante toda su vida. Cuando hay una buena base de autoestima, es mucho más fácil que puedan afrontar los problemas, porque se van a sentir capaces de superar todas las dificultades.