EntrevistaDespu�s de a�os en consulta, tiene una certeza: los ni�os no necesitan padres perfectos, "necesitan padres felices". Anima a que se cuiden y no pierdan los momentos que, sin avisar, un d�a dejan de llegar.Actualizado Lunes,

junio

00:22El psic�logo Javier de Haro, especializado en crianza.JAVIER BARBANCHO

Dejar de ser el padre perfecto para ser el padre presente. Esa es, seg�n el psic�logo Javier de Haro (Mallorca, 5 de febrero de 1980), la asignatura pendiente de la crianza moderna. Tras m�s de 20 a�os trabajando con infancia y familias en diferentes �mbitos, desde servicios sociales hasta centros escolares, este psic�logo, profesor, orientador escolar y, por encima de todo, padre es claro: "No podemos evitarles cualquier malestar ni cumplir con un ideal imposible".

Por eso ha escrito Disfrutar la crianza (Ed. Zenith), repleto de ejemplos reales y herramientas pr�cticas, donde explica c�mo poner l�mites firmes sin gritar, de qu� manera acompa�ar rabietas sin perder la calma y a recuperar el rumbo cuando, inevitablemente, te sientes desbordado. En su proyecto digital, @psicologo_teayudoaeducar, tambi�n conecta con miles de progenitores con mucho humor.Nunca hab�amos tenido tanta informaci�n sobre crianza y, sin embargo, nunca nos hab�amos sentido tan desbordados. �C�mo explicas esta paradoja?Hay much�sima informaci�n, pero tambi�n much�sima comparaci�n. Y eso hace que nos estresemos y nos presionemos mucho, que estemos muy pendientes de lo que falta, los errores y la culpa, en lugar de priorizar lo importante. No lo hacemos con mala intenci�n, sino porque vamos con el piloto autom�tico, con las prisas del d�a a d�a y queriendo que todo salga perfecto. Pero lo que me ha ense�ado mi hijo es que lo perfecto es poder desayunar tranquilamente con �l, aunque la casa no est� perfecta. Tenemos que volver a priorizar estar con nuestros hijos, en lugar de que la casa, los men�s y todo est� hiperperfecto.�Cu�l ser�a el primer paso para el padre que se siente desbordado?El primer paso es parar y recuperar tu felicidad. Suena id�lico, pero los ni�os necesitan padres felices. Muchas veces no lo estamos porque no nos cuidamos, no nos dedicamos tiempo ni disfrutamos de la relaci�n. Las prisas, el estr�s y el querer hacerlo todo perfecto nos hacen perder el foco. Cuando estamos agobiados nos cuesta ver lo positivo: estamos hiperpendientes de lo negativo, de gritar, de saltarnos a la m�nima. Por eso el primer paso es frenar y tomar conciencia de qu� es lo que me cuesta y lo que me falta, pero no desde la culpa, sino desde: "Voy a ir paso por paso, no voy a querer hacer mil cosas a la vez". Hago dos. Y el resto ya llegar�.Se nos ve muy cabreados por las noticias, el trabajo, el tr�fico..., �c�mo podemos gestionar nosotros mismos esas emociones para no pagarlo con los hijos?Explotar es algo muy humano y normal; todos lo hacemos, hasta el mejor psic�logo. Y cuando ocurre, puede ser un aprendizaje muy grande para nuestro hijo si reconocemos el error con humildad. A veces tenemos raz�n en lo que decimos, pero no en las formas. Por eso es importante ser capaz de decirle: "Cari�o, siento haberte gritado; la pr�xima vez que te grite, dime: 'Pap�, no me grites'". As� no perdemos la oportunidad de educar incluso desde ah�.�Y qu� hacemos para evitarlo?El primer paso es eliminar los determinismos. Vamos tan apurados que decimos "es que yo soy de gritar" o "es que yo soy as�". Pero queremos que nuestros hijos aprendan y nosotros tambi�n tenemos que aprender. Hay que ver qu� es lo que nos hace gritar: �son las prisas?, �respondo de forma impulsiva? Est� demostrado que si conseguimos controlar ese primer segundo, ya no gritas. Tu hijo ha pintado la pared: en lugar de entrar gritando, pregunta: "�Qu� ha pasado aqu�?". Es obvio que lo est�s viendo, pero eso ya frena el impulso. La firmeza es muy importante, pero aunque seamos firmes, hay que hacerlo de forma consciente.Se ve mucho que quien tuvo un padre muy autoritario acaba siendo demasiado permisivo con sus hijos. �Por qu� caemos en ese extremo?Pasa mucho y es una paradoja: con las mejores intenciones conseguimos los peores resultados. Por eso es tan importante tener claros nuestros objetivos como padres, incluso apuntarlos, porque cuando lo escribes es cuando lo visualizas. Educar no es pensar a corto plazo, es a medio plazo. Y eso incluye tener claro que poner l�mites es necesario y es una prueba de amor, si lo hacemos con coherencia y desde el respeto. Lo que dir�a a los padres y madres que se sientan as� es que piensen qu� es lo que m�s les gustaba de sus propios padres y que lo imiten. Y qu� es lo que no les gustaba, que lo elaboren y lo eviten, pero no y�ndose al extremo contrario, sino trabajando paso a paso en base a lo que necesita su hijo.Las familias son cada vez m�s equilibradas, pero la carga silenciosa sigue recayendo sobre las madres: a ellas llaman cuando el ni�o se pone malo, a ellas les pesa la culpa cuando se toman un momento para s� mismas... �C�mo se rompe ese c�rculo?Hay una evoluci�n positiva, pero todav�a queda trabajo. Cada vez me siguen m�s hombres, pero sigue habiendo muchos que dicen "yo ayudo en casa". En el momento en que dices "ayudar" ya est�s diciendo que no es tu responsabilidad. Eso todav�a tenemos que cambiarlo. Y en el caso de las mujeres, parece que las madres os boicote�is a vosotras mismas porque no os permit�s descansar. Siempre ten�is esa culpa. Pero los ni�os necesitan pap�s y mam�s felices, y cuidarte no es solo invertir en ti, tambi�n est�s invirtiendo en la relaci�n con tu hijo. �Qu� consejo dar�as para que empiecen a priorizarse, entendiendo que por eso no son malas madres?En consulta siempre aconsejo lo mismo: pap� y mam� tienen que ser un equipo, y cada uno tiene que tener claras sus necesidades, no solo como padre o madre, sino como persona. Necesito estar con mis amigas, momentos para recargar pilas. Cuando tienes claras tus necesidades, puedes coordinarte con tu pareja para que ambos las teng�is. Y hay que agendarlas. Con la matriz de Eisenhower [hacer, programar, delegar y eliminar], el autocuidado siempre acaba en el cuadrante cuatro, que siempre evitamos. Tiene que estar en el dos: algo que agendamos y que hacemos s� o s�, sin culpa, porque va a revertir en un mejor v�nculo con tu hijo.�Qu� ocurre cuando los dos miembros de la pareja no est�n de acuerdo en c�mo educar?No tenemos que ser iguales ni hacer todo igual. Los ni�os se adaptan perfectamente a cada uno. Mi hijo sabe que a m� me encanta el dulce y que su madre es m�s r�gida con ese tema, por eso viene a m� y me dice: "Papi, te invito a un bomb�n". Y sabe que se lo voy a dar. Eso es bueno: as� aprenden a adaptarse. Pero para lo importante: l�mites, elecci�n de colegio y decisiones clave, hay que hacer claustros.�Qu� son los claustros?Que cada mes, da igual el modelo familiar, los dos miembros de la pareja se sienten a hablar. Empezar siempre por algo positivo y luego: "�Qu� es lo que m�s nos est� costando?". Cada uno puede tener su estilo, pero para todo lo que tiene que ver con respeto, seguridad, salud y decisiones importantes hay que consensuar. Y esa decisi�n tiene que tomarse no en base a nuestras posturas, sino a lo que realmente necesita el ni�o.Muchas veces la autoridad se transforma en grito y pensamos que as� es como estamos marcando l�mites. �C�mo ser�a una autoridad psicol�gicamente aceptable?Se confunde mucho. Pensamos que la autoridad es gritar; incluso hay familias que lo �nico que hacen es decirle al ni�o: "No hagas esto", desde los gritos. Y como dec�a Carlos Gonz�lez, "nos pasamos el d�a gritando y diciendo que no a todo, y as� es como perdemos la autoridad". Lo que necesitamos no es levantar la voz, sino ser firmes. No sirve de nada gritar cinco veces: "Deja la pistolita de agua ah�". Y no hacer nada despu�s. Eso no es autoridad. La autoridad es: "Cari�o, no puedes hacer esto con la pistolita porque est�s molestando; juega all�". Y si sigue, le retiramos la pistolita. Que el ni�o sepa que hay una norma y una consecuencia. Autoridad es firmeza, pero tambi�n es educaci�n: hacerlo con un sentido y por el bien del ni�o. Obviamente, ning�n ni�o te va a decir: "Gracias, papi, por quitarme la pistolita", pero no tienes que pensar en ese momento, sino a medio plazo.�Por qu� no deber�amos ser amigos de nuestros hijos, al menos, hasta que sean mayores?Cuando decimos que queremos ser amigos de nuestros hijos, en realidad queremos una relaci�n donde podamos hablar, estar con ellos, compartir cosas. Pero para eso no hace falta ser amigos; basta con tener complicidad. Un amigo no te pone l�mites. Cuando tu hijo tenga 15 a�os y pruebe el alcohol, t� no vas a decir lo que dir�a un amigo: "Ah, qu� bien, campe�n". T� le vas a marcar el l�mite y le vas a decir que no. Los amigos son muy importantes, pero padre y madre solo tiene unos. Antes de ser su amigo, tu hijo te necesita como padre o como madre: para ponerle l�mites, para preocuparte por �l, para decirle que no cuando toca. Y eso un amigo muchas veces no lo hace.En el tema de las rabietas, �c�mo nos gestionamos a nosotros como padres -y no solo al ni�o-, sobre todo cuando ocurren en un contexto social y encima tienes la presi�n de la gente mirando?Lo llevamos peor cuando es una rabieta social, precisamente por lo que dir�n. Pero cometemos tres errores muy grandes. El primero: nos lo tomamos como algo personal. La rabieta es una se�al de que tu hijo necesita algo: sue�o, hambre o frustraci�n porque tiene que aprender a gestionar un no. No es algo personal; es algo que al ni�o le sale sin querer. Lo importante no es que tu hijo te d� la raz�n, sino acompa�arle para que entre en calma, y ah� es donde se puede trabajar. El segundo error es centrarnos demasiado en el momento de la rabieta. Hay que ayudar al ni�o a canalizar esa energ�a, s�, pero donde realmente aprende a manejar las frustraciones es en el pre y en el post, y eso muchas veces lo dejamos pasar. En el post, por ejemplo, es donde un ni�o aprende que la pr�xima vez que quiera un cochecito, en lugar de pedirlo gritando, puede decir: "Pap�, para mi cumplea�os me lo compras". Y ah� es cuando se trabaja. El tercer error es querer debatir y negociar cuando el ni�o est� en modo Hulk. Ah� tu hijo no piensa. �Y entonces ah� qu� hacemos?Hay que ayudarle a romper ese bucle de frustraci�n, pero no podemos esperar di�logos ni negociar con �l. Lo que tenemos que hacer es acompa�arle para que vuelva a estar bien. He visto familias negociando con el hijo que quiere chocolate justo delante del pasillo del chocolate. Vete a otro pasillo y ver�s c�mo es mucho m�s f�cil, porque le has quitado el foco. Lo que tenemos que conseguir no es que nos d� la raz�n, sino que vuelva a un estado de calma y entienda que ese chocolate no se lo vamos a comprar. Muchas veces acabamos tan saturados que se lo compramos, y el ni�o aprende que si mantiene la rabieta, consigue lo que quiere. Por eso, gestionar las rabietas es un trabajo m�s de los padres que de los ni�os.A nuestros ojos los abuelos son la figura que todo lo permite: el dulce extra, la tele sin l�mite, el capricho que en casa no se da. �C�mo se gestiona ese choque?Los abuelos son supernecesarios: est� demostrado que para un ni�o tener esos referentes es vital. Hay un mito que dice que solo est�n para consentir, pero los abuelos tambi�n ense�an valores. El problema es que no tienen la energ�a que tenemos nosotros para afrontar seg�n qu� batallas. Y solo lo entenderemos cuando seamos abuelos: ellos ven a nuestros hijos de una forma que todav�a no comprendemos, y les cuesta much�simo decirles que no. Por eso la clave vuelve a ser la comunicaci�n. Cuando los abuelos entienden la necesidad, es m�s f�cil que lo cumplan. Y sobre todo hay que implicarse en la soluci�n: "Si tienes alg�n problema, ll�mame y yo me encargo". Los abuelos se quedan m�s tranquilos. Hablemos de autoestima. �Qu� etiquetas o comentarios debemos evitar con nuestros hijos?La palabra "auto" parece que implica que ellos mismos tienen que construirla, y es cierto, pero cuando son peque�os viene en gran parte de nosotros. Somos sus referentes: nos creen a pies juntillas todo lo que decimos. Como con el Ratoncito P�rez. Cuando le dices que es un desastre, tambi�n. Por eso cuando nos equivocamos y etiquetamos, hay que ser humildes y reconducirlo: "Cari�o, pap� ha dicho esto porque estaba nervioso. T� no eres un desastre; lo que est� hecho un desastre es el cuarto, mira c�mo est�". Las etiquetas, tanto positivas como negativas, pueden hacer mucho da�o. Pero la autoestima no es solo eso: est� demostrad�simo por las teor�as de Bowlby, y me encanta c�mo lo trabaja Rafael Guerrero, que el v�nculo es fundamental. Muchas veces llegamos cansad�simos y lo que menos apetece es ponerse a jugar al baloncesto. Es suficiente con decirle: "Cari�o, estoy muy cansado, �me puedo sentar cinco minutos a verte jugar?". Para �l eso es un mundo. Es mejor poco tiempo pero constante que mucho tiempo de forma espor�dica.�Y c�mo trabajamos su autonom�a?Un ni�o que se siente capaz tiene un nivel de autoestima brutal. La autonom�a no es obediencia; es que pueda tomar sus peque�as decisiones y ser consecuente. "Venga, ponte t� la leche", y seguro que llena la mesa de leche, pero es parte del proceso. Y luego est� el punto que m�s nos cuesta: ser un espejo que refleja la realidad. Si tu hijo dice: "Pap�, soy el mejor y el m�s r�pido del mundo", no le digas que es el m�s lento, pero alg�n d�a cuando te rete a una carrera, g�nale. Habr� una rabieta, pero los ni�os necesitan saber c�mo son; un exceso de autoestima es igual de perjudicial que una baja autoestima.Pero, a veces, nos falta paciencia para que vierta toda la leche si hay que ir al trabajo y antes dejarlo en el colegio.Cuando acab� la carrera pensaba que autonom�a todos los d�as, incluso el lunes a las 8 cuando hay que ir al colegio. Cuando eres padre aprendes la teor�a del justo medio: ni todo es blanco ni todo es negro. Tuve en consulta una familia con cinco hijos; �c�mo les digo yo que los cinco practiquen la autonom�a a diario? Pero s� hay momentos, como el fin de semana, en los que podemos trabajarla con m�s calma: "Venga, ponte tus zapatillas", y no pasa nada si tardan un poco m�s. El consejo ser�a ser consciente de su importancia y adaptarla al d�a a d�a. Si entre semana no hay tiempo, aprovecha el fin de semana. Y en el claustro familiar decidid dos cosas concretas a trabajar, por ejemplo el cepillarse los dientes y ponerse las zapatillas, y volcaos en eso. Igual de importante es dejar que el ni�o tambi�n nos ense�e a nosotros: muchas veces cuando lo ven como un juego en lugar de como una imposici�n, es mucho m�s f�cil que lo aprendan.�Y qu� pasa con las emociones dif�ciles? �Hay que dejar que el ni�o llore o hay que intervenir?No hay que cortar el llanto ni la tristeza; hay que ayudar a los ni�os a regularse. Ese primer paso de "no llores por esto" hay que evitarlo: es muy sano llorar, y hay que dec�rselo. Como profesor me doy cuenta de que muchos preadolescentes prefieren hablar con la IA antes que con sus padres, o directamente no hablan de emociones. En esta �poca de inteligencia artificial, la inteligencia emocional es algo vital. Marca la diferencia. Ahora bien, cuando el ni�o entra en bucle y lo vemos completamente desbordado, ah� s� hay que ayudarle a bajar esa emoci�n. Pero nunca con pantallas o "chupetes digitales". Siempre con el contacto y la palabra. No se trata de poner un parche, sino de acompa�arle para que pueda bajar esa emoci�n hasta un estado en que pueda gestionarla.Es f�cil juzgar al padre que le pone la pantalla al ni�o en el carrito, hasta que te quedas tres horas con un ni�o peque�o y entiendes perfectamente por qu� lo hace. �C�mo se gestiona esa contradicci�n sabiendo los efectos que tiene en el desarrollo?Podr�a decir que no deber�a haber pantalla hasta los 6 a�os, pero no ser�a honesto: yo a mi hijo se la he dado. En el d�a a d�a nos puede pasar lo que comentas, y a veces la necesitaremos. Pero hay que hacerlo con criterio y de forma consciente. Si le pongo la pantalla todos los d�as, lo estoy haciendo por mi comodidad. Otra cosa es que sean las 11 de la noche, he hecho un mill�n de cosas y tengo que seguir trabajando: ah� le pongo algo educativo y me siento a su lado mientras trabajo. Esa es la diferencia entre hacerlo con un prop�sito o hacerlo de forma reactiva. El problema es cuando lo generalizamos, y ah� es cuando vemos ni�os paseando por la calle mirando una pantalla.Pero las pantallas deben ser la excepci�n, no la norma, �no? Y vemos que no es as�...Yo soy partidario de que no haya pantallas en las comidas: a veces el ni�o comer� en 10 minutos para terminar r�pido, pero en esos 10 minutos habremos hablado. A lo mejor �l no te habla, pero t� le hablas a �l, y al final est�s creando un h�bito. E incluso cuando las usemos, deber�amos hacerlo con ellos: no el m�vil, no el scroll infinito, sino un "vamos a ver una pel�cula juntos y la comentamos". Para que, dentro de lo que tiene de negativo, el efecto sea lo m�s positivo posible.�Y cuando la pantalla afecta a los padres, que no paran de ver en redes sociales temas de crianza y se vuelven un poco locos busc�ndolo todo en Google o en la IA hasta que enloquecen?El primer maestro que tenemos que tener siempre es nuestro hijo. Antes de buscar en la IA o en las redes sociales, hagamos ese claustro del que hablaba: nos sentamos con una copa de vino y hablamos de qu� es lo que m�s nos cuesta, dos o tres cosas. Si ya hay mil, hay que ir al psic�logo. Pero dos o tres cositas las podemos resolver nosotros solos. La IA te dice lo que quieres escuchar: lo probamos en un podcast con Pau Garc�a, le preguntamos algo, le dijimos: "Esto me parece una locura". Y nos respondi� "tienes raz�n" y lo cambi�. Y en las redes sociales encontramos trucos en un minuto que queremos aplicar sin saber si est�n adaptados a nuestra familia. Lo m�s importante es estar con nuestros hijos para aprender de ellos, y comunicarse con la pareja para decidir juntos qu� cosas aplicamos.�Cu�l es la mayor lecci�n que has recibido siendo padre y siendo experto en este tema?La mayor lecci�n me la ense�a d�a a d�a mi hijo. Suena a t�pico, pero es cierto: me ha cambiado el chip y la perspectiva. Antes era muy radical con seg�n qu� cosas: las pantallas, la comida sana, no llevarlo tanto en brazos. Ahora cada ma�ana lo bajo a desayunar en brazos y tiene 7 a�os y 30 kilos. Me queda poco, dentro de nada ya no podr�. Lo que he aprendido es que no todo es blanco o negro, que la psicolog�a hay que adaptarla a cada uno y a sus circunstancias. Y que no tenemos que perder los momentos, porque en nada, aunque una rabieta parezca eterna, tu hijo ya elige su ropa, ya no te pide un cuento, ya no te pide que le cojas en brazos. Tenemos que priorizar estar con nuestros hijos, en lugar de que la casa y los men�s sean perfectos, cuidarnos y ser felices.Javier de Haro es autor de 'Disfrutar la crianza', adem�s de profesor, psic�logo y padre.JAVIER BARBANCHOEst� editado por Zenith y se puede comprar aqu�. 18,95 euros. 240 p�ginas.Psicolog�aInfancia