Actualizado a las 16:27h.

Tomar el sol sin aplicarnos protección no aporta ningún beneficio a nuestro cuerpo. A corto plazo, la consecuencia inmediata suele ser la aparición de molestas quemaduras que irritan y dañan la capa externa de la piel. A largo plazo, la situación es mucho más grave, ya que esta exposición continuada se relaciona de manera directa con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Hace poco, a mediados de agosto, vivimos en España un eclipse solar y la reacción general fue de máxima precaución. Todo el mundo buscó gafas homologadas y extremó los cuidados para no mirar al Sol ni exponerse sin filtro, siendo conscientes del peligro real que suponía la radiación en ese momento tan concreto.

Sin embargo, esa gran preocupación que mostramos durante el eclipse debería ser la norma de todos los días. La realidad es que los rayos del sol actúan sobre nuestra piel con intensidad casi de manera constante.

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