Noticia Exclusivo suscriptores La estrategia de seguridad de Abelardo De La Espriella plantea llegar a diez de ellos durante sus primeros 90 días. FIP analiza el panorama.‘Iván Mordisco’, ‘Chiquito Malo’ y ‘Pablito’ Foto: Archivo particular.SUBEDITOR DE JUSTICA21.08.2026 08:24 Actualizado: 21.08.2026 08:24

Pasaron cuatro años y buena parte de los nombres que encabezaban la lista de los principales objetivos de la Fuerza Pública siguen allí. De los 19 cabecillas considerados objetivos de alto valor a comienzos de 2022, 15 continúan al mando de estructuras armadas ilegales y se convierten así en un nuevo reto para la recién conformada cúpula militar y de Policía. El dato, incluido en un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que durante años ha acompañado la política de seguridad en Colombia: ¿qué tanto cambia el poder de una organización criminal cuando se golpea a sus máximos jefes?La lista muestra, además, que la permanencia de esos mandos atraviesa a las principales organizaciones que hoy concentran buena parte de la capacidad armada ilegal en el país. Entre las disidencias aparecen ‘Iván Mordisco’, ‘Jhon Mechas’, ‘Calarcá’ y ‘Allende’. En el Eln figuran ‘Gabino’, ‘Antonio García’, ‘Pablo Beltrán’, ‘Pablito’, ‘Pirri’ o ‘Manolo’, ‘Martha’ o la ‘Abuela’, ‘Carlos el Puerco’ y ‘El Rolo’ o ‘Julián’. A ellos se suma ‘Chiquito Malo’, señalado como máximo jefe del ‘clan del Golfo’. Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá. Foto:Ernesto Guzmán/EfeEl dato adquiere otra dimensión con el plan de choque anunciado por el presidente Abelardo De La Espriella para sus primeros 90 días de gobierno. Una de las metas que trazó el mandatario es llegar a diez cabecillas de grupos ilegales, capturados o muertos. Los primeros resultados ya comenzaron a conocerse: la muerte de alias El Ruso, cabecilla del Frente 28 de las disidencias de ‘Mordisco’; la captura de alias Bonito, segundo cabecilla de ‘Comandos de la Frontera’; y la captura de ‘Chuzo’, comandante del Frente Jorge Iván Arboleda del ‘Clan del Golfo’.Pero el análisis de la FIP advierte que los golpes contra los máximos responsables, aunque importantes, no necesariamente producen por sí mismos el debilitamiento esperado. “Neutralizar a los cabecillas abre ventanas de oportunidad para debilitar a los grupos criminales, pero esta estrategia por sí sola no es una fórmula mágica”, señala el informe. Alias Chiquito Malo. Foto:CortesíaLa experiencia de los últimos diez años, agrega, muestra que distintos gobiernos han recurrido a esta fórmula y que su impacto sobre la seguridad es cada vez más reducido. No se trata de una estrategia nueva. La persecución de ‘objetivos de alto valor’ tomó forma de manera sistemática durante la reestructuración de la Fuerza Pública a comienzos de este siglo, cuando el Estado buscaba recuperar la iniciativa frente a unas guerrillas que, a finales de los años noventa, habían conseguido superar parte de sus capacidades militares. Tras el fracaso de las negociaciones del Caguán, el foco se trasladó hacia el mando estratégico de las Farc y comenzó a fortalecerse la inteligencia conjunta para llegar hasta sus principales cabecillas.Esa capacidad evolucionó con la creación de estructuras especializadas y, desde 2011, con los Comités de Revisión Estratégica e Innovación, hasta consolidar formalmente la noción de Objetivos de Alto Valor. En el caso de las antiguas Farc, la presión sobre su cúpula fue determinante para afectar la cohesión interna y debilitar sus capacidades, generando, según el análisis, condiciones favorables para una negociación.Alias Pablito, cabecilla del Eln. Foto:Archivo particularEl problema es que las organizaciones que hoy enfrentan al Estado, según la FIP, no funcionan necesariamente bajo la misma lógica. El informe denomina “decapitación” la persecución sistemática de los máximos cabecillas y recuerda que durante años esta ha sido “la punta de lanza en la lucha contra los grupos armados”. Sin embargo, los golpes acumulados contra algunas organizaciones permiten ver los límites de esa apuesta.El ‘Clan del Golfo’ es uno de los ejemplos más claros. Tres de sus máximos líderes históricos fueron neutralizados: ‘Don Mario’ en 2009, ‘Giovanni’ en 2012 y ‘Otoniel’ en 2021. A esa lista se sumaron, en diferentes momentos, ‘Gavilán’, ‘Marihuano’ y ‘Matamba’. Entre 2022 y 2026 también fueron golpeados mandos como ‘Pirata’, ‘Zeus’, ‘07’, ‘Terror’ y ‘Chirimoya’. Pese a esa sucesión de bajas y capturas, la FIP señala que el ‘Clan del Golfo’ es probablemente la estructura cuya cúpula ha recibido más golpes y, al mismo tiempo, una de las que registra el crecimiento más destacable.Una situación similar se ha presentado con las disidencias de las Farc. ‘Guacho’, ‘Rodrigo Cadete’, ‘Contador’ y ‘Mayimbú’ están entre los mandos neutralizados durante los últimos años. El documento agrega otros nombres, entre ellos ‘Cholinga’, ‘Dúver el Paisa’, ‘Firu’ y ‘Marlon’, y señala que muertes como las de ‘Gentil Duarte’, ‘El Paisa’ o ‘Romaña’ tampoco consiguieron disminuir a sus respectivas estructuras armadas.Operaciones contra 'Iván Mordisco'. Foto:CortesíaLa explicación está, en buena medida, en la transformación de estas organizaciones. La estrategia de “decapitación” parte de considerar que los máximos líderes son indispensables porque concentran experiencia, conocimiento operacional y contactos. Sin embargo, advierte la FIP, “los grupos armados actuales ya no son piramidales: sus capacidades están diseminadas en la estructura”, una característica que facilita los relevos y les permite soportar la pérdida de sus máximos jefes sin que necesariamente se produzca un colapso.Eso no significa que perseguirlos carezca de efecto. Llegar hasta un objetivo de alto valor puede generar disuasión entre los mandos, dificultar y encarecer la reorganización interna y producir victorias simbólicas que fortalecen el respaldo a una política de seguridad. El riesgo aparece cuando la neutralización del cabecilla se convierte en el objetivo final y no en una pieza de una estrategia mucho más amplia. LEA TAMBIÉN Por eso, el desafío del nuevo Gobierno no termina con completar una lista de diez cabecillas. La FIP plantea que la persecución debe ir acompañada del fortalecimiento de la inteligencia y la movilidad de la Fuerza Pública, una mayor articulación con la Fiscalía y las autoridades locales, golpes estratégicos contra las rentas criminales y la recuperación del control territorial en las zonas donde estas estructuras mantienen mayor influencia.Hay, además, un cambio de enfoque que puede resultar decisivo. Los objetivos de alto valor, plantea el documento, no deberían ser únicamente los hombres más visibles de cada organización. La prioridad también puede dirigirse contra quienes sostienen capacidades logísticas, económicas, políticas o de innovación. “El objetivo no debe ser el individuo per se, sino la capacidad que esa persona sostiene”, concluye el análisis.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia: Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.