Análisis Exclusivo suscriptores Oficiales activos y en retiro y experto plantean que debe privilegiarse la continuidad en la línea de mando, y fortalecer capacidades operacionales.El presidente electo Abelardo de la Espriellaa; al fondo un grupo de integrantes de la Fuerza Pública. Foto: CortesíaSUBEDITOR DE JUSTICA01.07.2026 11:22 Actualizado: 01.07.2026 11:56
La relación entre el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y las Fuerza Pública comenzará marcada por un desafío que trasciende el relevo natural de la cúpula en cada cambio de gobierno. Tras cuatro años de cambios en la estructura de mando, retiros de altos oficiales, reincorporaciones y diferencias alrededor de la conducción de la política de seguridad, el nuevo Gobierno deberá definir cómo reconstruirá la confianza con la institución sin repetir decisiones que, según voces consultadas por EL TIEMPO, terminaron afectando la cohesión del mando y de alguna manera politizando las fuerzas.El escenario adquiere relevancia en momentos en los que avanzan las reuniones de empalme y porque durante el actual gobierno varios oficiales de alto rango fueron retirados de manera anticipada y, posteriormente, algunos de ellos regresaron al servicio. Entre esos casos figuran el general Luis Emilio Cardozo, quien volvió para asumir la comandancia del Ejército, y el general Juan Miguel Huertas, hoy director del Comando de Personal del Ejército (COPER).“Esos movimientos generaron un precedente dentro de la institución y alimentaron la percepción de que las decisiones sobre el alto mando comenzaron a estar influenciadas por factores distintos a los criterios tradicionales de carrera militar”, dijo uno de los consultados.La unidad esta conformada por tres batallones de Despliegue Rápido. Foto:CortesíaEsa percepción, sostienen varias fuentes militares, dejó una institución con sectores divididos y con oficiales que observan con expectativa la conformación de la próxima cúpula. Aunque evitan hablar de una fractura interna, reconocen que durante los últimos años aumentó la discusión alrededor de decisiones que históricamente permanecían al margen del debate político como es el caso de la reincorporación de un gobierno a otro lo que generaría un circulo vicioso que podría poner en riesgo la neutralidad y carácter apolítico que deben tener las fuerzas militares para garantizar el permanente cumplimiento de su misión constitucional.En ese contexto, varios integrantes de la Fuerza consideran que la principal diferencia entre el gobierno entrante y el saliente estará en el modelo de conducción del sector Defensa. Mientras la administración que termina impulsó cambios acelerados en el mando, las fuentes consultadas creen que la nueva administración debería apostar por una línea de continuidad operacional, con generales que permanezcan el tiempo suficiente para ejecutar una estrategia de mediano plazo y mantener una cadena de mando estable.De hecho, dentro del Ejército ya comienzan a mencionarse los nombres de varios mayores generales que, por antigüedad, experiencia y trayectoria operacional, podrían integrar el grupo de oficiales con mayores opciones para asumir la comandancia de la institución cuando se anuncie la nueva cúpula militar. Soldados trasladados a Anorí, Antioquia. Foto:Décima Cuarta BrigadaLas fuentes consultadas coinciden en que el criterio principal no debería ser la cercanía con el nuevo Gobierno, sino la capacidad de liderar operaciones acorde a los escenasrios actuales, conocer la realidad actual de las tropas y mantener una relación de confianza con los mandos desplegados en las diferentes regiones del país.La capacidad operacional también será uno de los primeros indicadores con los que será evaluada la nueva relación entre el Gobierno y las Fuerzas Militares. Los oficiales consultados consideran que la próxima estructura de mando de los próximo comandantes de las Fuerzas deberán mostrar resultados en un plazo corto, particularmente mediante operaciones dirigidas contra los cabecillas de las principales estructuras armadas ilegales. “Una neutralización de alto impacto durante los primeros meses enviaría una señal sobre el rumbo de la nueva estrategia de seguridad”, dijo un general en retiro a este diario.Sin embargo, advierten que esos resultados dependerán de factores que trascienden la designación de un comandante. Entre ellos mencionan la disponibilidad de inteligencia, aeronaves, movilidad aérea, recursos logísticos y capacidades tecnológicas que permitan planear y ejecutar operaciones simultáneas en diferentes regiones del país.El presidente Gustavo Petro, el ministro de Defensa Iván Velásquez y la cúpula militar. Foto:PresidenciaLa relación con Estados Unidos también aparece como uno otro de los componentes que influirán en la nueva etapa, toda vez que el restablecimiento de una coordinación estrecha con los distintos comandos militares estadounidenses “facilitaría programas de entrenamiento, intercambio de inteligencia, cooperación operacional y fortalecimiento de capacidades estratégicas, elementos que durante décadas hicieron parte de la relación bilateral en materia de seguridad”.Expertos consultados señalan que dentro del escenario, varios de los oficiales que integran la nueva cúpula deberán “enviar señales de transparencia administrativa, prevenir casos de corrupción y evitar controversias disciplinarias que puedan afectar la legitimidad del mando ante las tropas”.Melisa Franco señaló que más que reabrir controversias políticas, “resulta necesario establecer si algunas de esas decisiones afectaron capacidades institucionales que hoy el Estado necesita recuperar para responder a un entorno de seguridad cada vez más complejo. El objetivo debe ser fortalecer las Fuerzas Militares con los mejores hombres y mujeres, bajo criterios de mérito, experiencia y capacidad, garantizando que la seguridad nacional prevalezca sobre cualquier otra consideración”.Cúpula del Ejército. Foto:CortesíaEn ese escenario, militares señalaron a EL TIEMPO que el inicio de la relación entre el presidente electo y las Fuerzas Militares debe sostenerse en tres ejes. El primero consiste en la capacidad institucional para responder con resultados operacionales a los objetivos fijados por el nuevo Gobierno. El segundo pasa por garantizar los recursos, equipos, inteligencia y aeronaves necesarios para desarrollar operaciones militares. El tercero apunta a reducir la incidencia de factores políticos en las decisiones relacionadas con la estructuración del mando y la conducción de la Fuerza.Las mismas fuentes sostienen que el próximo Gobierno recibe unas Fuerzas Militares con limitaciones en capacidades operacionales, restricciones presupuestales y una estructura que deberá recuperar ritmo en materia de operaciones ofensivas. La manera como Abelardo de la Espriella conforme su primera cúpula militar será una de las primeras decisiones que permitirá medir el modelo de relación que buscará establecer con la institución durante su mandato.Redacció JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia: Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









