En medio de la sordidez del caso Cerimedo, funcionarios del Gobierno poblaron las crónicas periodísticas de los últimos días con pormenores sobre el divorcio entre Javier Milei y su antiguo estratega del universo digital y propietario del sitio La Derecha Diario. Divorcio que, al parecer, siguió a la filtración de los audios sobre presuntas coimas en la Agencia de Discapacidad que salpican a Karina Milei, y que se le atribuye al mismo Cerimedo. Esas fuentes tuvieron la prudencia de no identificarse. Como si lo hubieran previsto, ayer el Presidente replicó posteos de las redes sociales que cuestionan la versión de la abogada Nadia Beller sobre el ataque del que fue víctima en Bolivia, y que apunta como responsable a Cerimedo. El consultor permanece detenido en Santa Cruz de la Sierra, imputado por intento de homicidio. El comportamiento de Milei en este episodio responde a un patrón que el Presidente ya había seguido en los largos meses de crisis del caso Adorni: su inusual obstinación por defender lo que parece indefendible.
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