“¿Cómo es Milei?“, le pregunté.“Dócil”.En mayo de 2023, cuando Javier Milei todavía no era presidente de Argentina y pocos apostaban que llegaría a la Casa Rosada, me senté frente al consultor de comunicación y operador político Fernando Cerimedo. Frente a un grabador, admitió que operaba trolls para la campaña libertaria, que orquestaba campañas sucias y mucho más. Hoy, Cerimedo está detenido en Bolivia, investigado por un ataque a tiros contra una mujer que fue su pareja y espera a un hijo de ambos. Y entre una escena y otra hay algo más que una biografía personal: hay una historia sobre cómo se mueve la nueva derecha latinoamericana y sobre la influencia creciente de quienes no necesitan un cargo público para tener poder público.En 2023, Cerimedo era el hombre que explicaba cómo fabricar conversación política, intervenir algoritmos, construir ejércitos digitales y convertir una campaña electoral en una operación permanente de redes sociales con granjas de trolls y de bots. Luego lidió con una investigación penal en Brasil por su presunto rol en la toma del Congreso, como asesor de Jair Bolsonaro, para impedir la asunción de Lula da Silva. Y hoy aparece en Bolivia asesorando al presidente Rodrigo Paz… y detenido.Con semejante recorrido, resulta interesante preguntarnos cómo alguien que operaba en las sombras de una campaña electoral argentina terminó asesorando a presidentes y candidatos de derecha en distintos países de América Latina.Así podemos vislumbrar que, mientras los partidos tradicionales en la región siguen pensando la política país por país, una parte de la nueva derecha construyó algo diferente: consultores, estrategas digitales, influencers y operadores que cruzan fronteras y que no necesitan cargos públicos para tener poder.Cerimedo es un caso ilustrativo, pero en esa operatoria aparece también Javier Negre, por ejemplo, un personaje bastante conocido en España. Negre terminó convirtiéndose en socio de Cerimedo al comprar la mitad de La Derecha Diario, un minúsculo medio digital con base inicial en la Argentina que se transformó en una de las plataformas del ecosistema libertario, célebre por difundir fake news. No se trata, claro está, de presentar a Cerimedo, Negre y otros operadores de la nueva derecha latinoamericana como integrantes de una única organización, ni de atribuirles una coordinación que no está demostrada. Se trata de observar algo más sencillo y, a la vez, más novedoso: la circulación de consultores, métodos y narrativas que replican una misma y cuestionable metodología en distintos países de la región y, en no pocas ocasiones, sirven de vaso comunicante entre líderes, de Milei a Bolsonaro, de Nayib Bukele a Paz, y de Daniel Noboa a Abelardo de la Espriella, con Donald Trump como estrella polar.Así, el arresto de Cerimedo en Bolivia deja entrever más que las aristas singularísimas del caso policial. El Gobierno reconoció que Cerimedo asesoraba al presidente Paz, aunque negó que tuviera un cargo oficial. Esa aclaración plantea una pregunta políticamente incómoda: ¿cuánto poder puede acumular una persona que no ocupa ningún cargo público? Porque la mujer a la que, al parecer, intentó asesinar, declaró que Cerimedo, por ejemplo, dirigía la policía boliviana desde las sombras. Y de allí surge otra pregunta: ¿qué controles existen sobre personas que como él o Santiago Caputo en Argentina y tantos más, sin ser funcionarios, tienen acceso directo a presidentes, participan de campañas electorales o de comunicación, manejan información política sensible y trabajan simultáneamente en distintos países?Cerimedo no inventó este fenómeno, claro está. Pero su recorrido permite observarlo con nitidez poco habitual: de estratega digital de un candidato argentino a operador con vínculos en el universo bolsonarista; de allí a una red internacional próxima al trumpismo y, finalmente, a asesor de otros presidentes. Uno de tantos consultores que gobiernan sin gobernar.En aquella entrevista de 2023, cuando Milei parecía lejos de llegar al poder, Cerimedo admitió en nuestra entrevista que operaba con trolls y cuentas falsas en las redes sociales, que organizaba campañas negativas y utilizaba estructuras digitales para intervenir en la conversación pública. También afirmó estar dispuesto a “inmolarse” —esa fue la palabra que utilizó— por Milei, al que acababa de definir como “dócil”.“Me acaba de dar un título”, dije, y lanzó una carcajada.“Yo tenía la misma sensación que vos hasta que lo conocí”, añadió. “Es cero soberbio. Si considera que tu idea es mejor que la suya, la toma. Es una persona que se deja ayudar”.Tres años después, aquella palabra —“dócil”— adquiere una resonancia diferente. No porque explique lo ocurrido en Bolivia, que deberán determinar los investigadores, sino porque revela cómo se concebía a sí mismo el hombre sentado frente a mí: como alguien que sabía cómo sugerir ideas e influir sobre candidatos y dirigentes.Quizá ahí esté la verdadera historia del caso Cerimedo. No la de un consultor argentino que terminó detenido en Bolivia, sino la de una nueva clase de operadores latinoamericanos que aprendieron que para ejercer poder no hace falta ganar una elección, ocupar un cargo público o firmar decretos. Alcanza tener acceso e influencia sobre el hombre que gobierna.
El asesor Fernando Cerimedo y el poder en las sombras de la nueva derecha latinoamericana
El caso de Cerimedo, detenido en Bolivia por un presunto intento de feminicidio, expone la influencia creciente de quienes no necesitan un cargo para ejercer el poder










