El mecánico Mohammed Abu Ghali comprueba la cantidad y la calidad del aceite para motor que le queda para lubricar y tener a punto los generadores eléctricos que suministran energía al hospital Nasser, el mayor complejo médico en Jan Yunis, al sur de la Franja de Gaza. A la vez, Mientras camina entre las máquinas, trata de anticiparse a cualquier avería que pueda cortar la electricidad y poner en peligro a los pacientes y al personal médico. Israel cortó el suministro eléctrico a la Franja al comienzo de la guerra, el 7 de octubre de 2023, y la única central eléctrica dejó de funcionar días después. Esto obligó a los hospitales a depender tiempo completo de generadores para obtener electricidad, a pesar de que estos equipos estaban diseñados para utilizarse en emergencias durante unas pocas horas seguidas, según funcionarios y especialistas locales. Ahora, debido al bloqueo israelí, el combustible, el aceite y las piezas de recambio de los generadores escasean y ponen en riesgo las operaciones en los pocos hospitales y centros sanitarios que quedan en pie. Médicos Sin Fronteras denunció a mediados de agosto que la situación es crítica. Algunas de las instalaciones gestionadas por MSF tienen aceite solo para un mes y conseguir litros adicionales es cada vez más costoso. “El precio se ha multiplicado por 20 en los últimos seis meses. A finales de julio, superaba los 1.100 euros por litro y no se garantiza ni la calidad ni la disponibilidad”, advirtió MSF en un comunicado. “Estos suministros son imprescindibles para mantener en funcionamiento los generadores de los hospitales, las ambulancias, las bombas de agua y los camiones cisterna”, agregó la organización que opera en la Franja desde 1989. Además, acusó a Israel de hacer “un esfuerzo deliberado por hacer imposible la propia existencia”. En el caso del hospital Nasser, todos los generadores han superado las horas de funcionamiento permitidas. Si no se cambia el aceite cuando corresponde, se corre el riesgo de dañar las máquinas. Y, si una se estropea, en la práctica, queda fuera de servicio porque no hay cómo repararla.El ingeniero mecánico Jalal Abu Mira, que supervisa a Abu Ghali, explica que monitorean los generadores a tiempo completo, “como si fueran pacientes sometidos a una observación médica continua”. Las máquinas se encuentran tras muros de ladrillo con alambre de púas para impedir manipulaciones. Esta precaución se ha vuelto más urgente desde que los equipos resultaron dañados durante dos incursiones israelíes en el complejo, en febrero y marzo de 2024.Un generador equivale a salvar la vida de una persona conectada a un respirador o que se encuentra en un quirófano. “Lo que está en juego son las vidas de los pacientes, los quirófanos y las unidades de cuidados intensivos. Aquí no hay margen de error”, resalta Abu Mira.“Nos da mucha pena que un generador deje de funcionar incluso cuando podría repararse con una pequeña pieza que sencillamente no está disponible porque la ocupación bloquea su entrada”, añade. “Antes podíamos conseguir alguna en el mercado local, pero ya no queda nada”. Lo que está en juego son las vidas de los pacientes, los quirófanos y las unidades de cuidados intensivos. Aquí no hay margen de error Jalal Abu Mira, ingeniero mecánicoEn ocasiones, desmontan los generadores averiados para aprovechar sus piezas de repuesto y reparar otros, pero no existe ningún sustituto para el aceite. Las únicas opciones son vaciar el aceite usado y reemplazarlo o apagar el generador para evitar daños permanentes.Bloqueo en la frontera Mazen al Araishi, director general de Ingeniería y Mantenimiento del Ministerio de Sanidad de Gaza, afirma que la crisis eléctrica que afecta a los hospitales es compleja y tiene múltiples dimensiones, pues abarca la escasez de combustible, aceite para motor, generadores y piezas de mantenimiento.Al Araishi señala que la escasez de aceite es un problema que viene desde hace tiempo. Comenzó con el bloqueo total de las fronteras, en los primeros días de la guerra. Aunque la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS) solo pudieron introducir cantidades limitadas en los meses siguientes, la situación volvió a empeorar después de que Israel tomara el control del paso fronterizo de Rafah en mayo de 2024. Desde entonces, el ingreso es muy irregular: en algunos periodos los bloqueos son leves y, en otros, mucho más estrictos.Hace cinco meses Israel permitió el ingreso limitado y temporal de aceite. Durante una par de meses, se pudieron ingresar 2.500 litros para aproximadamente 49 generadores de distintas capacidades que prestan servicio a siete hospitales, 40 centros de atención primaria y dependencias administrativas.Pero no era suficiente. Las normas de funcionamiento exigen cambiar el aceite cada 250 horas, pero dadas las circunstancias actuales, lo cambian cada 700 horas para racionarlo lo máximo posible.Ni siquiera esta asignación correspondiente a los dos últimos meses llegó a través de la OMS como era habitual, como explica el funcionario del ministerio. Ha sido Israel, el que ha controlado la entrada a través del paso de Karm Abu Salem.“La falta de aceite para motor provoca averías en los generadores y obliga a retirarlos del servicio. Trece generadores ya han quedado fuera de servicio por este motivo”, afirma Al Araishi.La escasez de aceite y la falta de suficientes generadores han impedido, además, la apertura de la unidad de cuidados intensivos y de incubadoras del Hospital Al Rantisi, en Ciudad de Gaza. En lugar de operar con normalidad, El personal tiene que aplicar un protocolo diario de crisis que reduce las horas de funcionamiento y depende de generadores de menor capacidad.También falta combustibleOtro problema que enfrentan en la Franja es la escasez de combustible. En el hospital Nasser, por ejemplo, se requieren entre 4.000 y 5.000 litros diarios para que los generadores funcionen. Pero las reservas actuales son inferiores a los 4.000 litros, según explica Al Araishi. Esto obliga al personal a utilizar generadores más pequeños durante menos horas, lo que supone disponer de menos electricidad de la necesaria.Como consecuencia, solamente tres departamentos están exentos de cualquier racionamiento eléctrico: cuidados intensivos, quirófanos e incubadoras. Todo lo demás está sujeto a programas de reducción: se ha suspendido el aire acondicionado, a pesar de las altas temperaturas, y se ha iniciado un esquema de apagados rotatorios de grandes equipos e instalaciones, como plantas desalinizadoras de agua, pozos de agua y estaciones de oxígeno.“Nos hemos visto obligados a aplazar cirugías programadas a principios de esta semana”, afirma Al Araishi. En el Complejo Médico Al Shifa, en Ciudad de Gaza, su director, el doctor Mohammed Abu Salmiya, afirma que la actual crisis de combustible y aceite amenaza la vida de los pacientes, especialmente en las unidades de cuidados intensivos, neonatología y cirugía. Allí, se requiere un suministro eléctrico ininterrumpido, además del oxígeno proporcionado mediante estaciones que funcionan con electricidad.Abu Salmiya relata, a través de notas de voz enviadas por el móvil, que se ha visto obligado a tomar decisiones duras ante la insuficiencia del suministro eléctrico, como cerrar las consultas externas, aplazar cirugías y limitar las intervenciones exclusivamente a los casos en los que está en juego la vida del paciente. La escasez de aceite es constante y el combustible llega a cuentagotas.Afirma que la crisis ha impedido abrir un servicio de urgencias recién renovado, amenaza con paralizar una unidad de cateterismo cardiaco inaugurada apenas una semana antes e impide ampliar servicios como la radiología intervencionista, que usa imágenes en tiempo real en cirugías menos invasivas.Aunque el hospital cuenta con sistemas de energía solar que deberían funcionar como un plan B, estos fueron destruidos durante la incursión israelí. Para rematar, entre el 70% y el 80% de las ambulancias y los vehículos de transporte del complejo están fuera de servicio por falta de aceite, baterías, neumáticos y piezas de repuesto.La escasez empeora una situación que ya era crítica por la guerra. Antes del 7 de octubre de 2023, Al Shifa contaba con 700 camas; ahora tiene 500. Sus 22 quirófanos se han reducido a 10. Antes tenía tres escáneres de tomografía computarizada; actualmente no tiene ninguno. De ocho aparatos de rayos X, solo dos siguen funcionando. Los partos anuales han descendido de 13.500 a 7.000, y las operaciones anuales, de 23.000 a 14.000. Abu Salmiya explica que los sistemas de energía solar instalados en el complejo fueron destruidos durante las incursiones israelíes al comienzo de la guerra,. Provocó además una escasez de oxígeno: de las diez estaciones de oxígeno con las que contaba el complejo antes de la guerra, solo quedan dos después de que las fuerzas israelíes destruyeran el resto. Además, una máquina de llenado de bombonas se ha averiado, lo que obliga a trasladarlas a otra instalación del Ministerio de Sanidad situada fuera del complejo, con el consiguiente coste adicional y un mayor tiempo y riesgo de retraso.“Una forma de muerte silenciosa”El defensor de derechos humanos Hussein Hammad describe las restricciones impuestas por Israel a la entrada de suministros esenciales en Gaza como causantes de una “parálisis total de las arterias de la vida cotidiana durante una guerra genocida en curso”. También denuncia que hay un estrangulamiento económico que ha provocado escasez y una fuerte subida de los precios: la gasolina cuesta 80 séqueles por litro (23 euros) y el diésel, 35 (10 euros), lo que incrementa directamente el coste y las dificultades del transporte.Se ha convertido en una muerte silenciosa: en pacientes que mueren porque las ambulancias no tienen combustible o porque los equipos hospitalarios dejan de funcionarHussein Hammad, defensor de derechos humanosAdemás, cita múltiples normas y convenios internacionales ―como la Convención de Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio o IV Convenio de Ginebra― para argumentar que, según su punto de vista, el bloqueo es un delito internacional. “La muerte en Gaza ya no se limita a los ataques aéreos”, afirma Hammad. “Se ha convertido en una muerte silenciosa: en pacientes que mueren porque las ambulancias no tienen combustible o porque los equipos hospitalarios dejan de funcionar”.