A mediados de los años sesenta, tras asentarse como uno de los magos del cine independiente, popular y de género en Estados Unidos, Roger Corman, maestro de la producción barata, efervescente y cachondamente juvenil, dio la oportunidad de deslumbrar a una serie de directores primerizos que, comenzando por el terror y el cine de género, mostraron cualidades innatas con apenas cuatro duros. De Francis Ford Coppola a Peter Bodganovich, de Martin Scorsese a Jonathan Demme, la lista es lo suficientemente larga como para pensar que quizá el terror, territorio dado al cliché en las formas y el fondo, a que no sea nada fácil salirse del carril marcado si no se es una promesa auténtica, pueda ser el género ideal para descubrir talentos.No son pocas las películas, secuelas y subproductos más o menos insustanciales que llegan a la cartelera cada año, en los que nada hay que rascar. Pero también es evidente que, entre tanta morralla y, por qué no decirlo, también variados chispazos de genio, cuando llega una película como Insidious: fuera del más allá, sexta entrega de una saga con la vitola desde hace tiempo de ir deambulando con la lengua fuera por agotamiento, se nota que hay una mirada detrás. Sientes que te agarran a la butaca durante al menos la mitad del metraje, que te hacen sentir desasosiego, pánico y mal rollo con el simple ejercicio del lenguaje cinematográfico, y que detrás puede haber un cineasta en potencia. En el caso que nos ocupa, se llama Jacob Chase, ya no es tan joven (40 años) y hasta ahora ha tenido una carrera intrascendente, pero ha aprovechado la oportunidad de la productora Blumhouse, comandada por Jason Blum y James Wan, para componer una obra bastante más que aceptable o pasajera. El excelente prólogo y los minutos que le siguen, de presentación de personajes y del conflicto principal, podrían servir como ese portafolio que entregar a sus empleadores para conseguir un buen trabajo. Sin música hasta casi el final de la secuencia, con el valor de los silencios, de la imagen perturbadora encuadrada a la perfección, un montaje preciso y apoyándose en el tema con el que nació la serie Insidious, la vulnerabilidad de la infancia, Chase articula un primer trecho estupendo. Y desde ahí, una serie de pequeñas piezas de horror con tres cimas del miedo: el dentista, la vejez y los sueños de incomprensible intensidad. Siempre sobre la base de dos excelentes recursos de lenguaje: el plano subjetivo y el impacto del inserto (ese plano que interrumpe el fluir natural de la secuencia para multiplicar su significado). Y tirando también del hilo de la situación de moda en el terror: la ambientación en los llamados backrooms, aquí desplegados en una secuencia de una claustrofobia irrespirable a partir de un simple escondrijo con cojines.Ahora bien, Chase, también guionista, parece moverse peor con el libreto que con la cámara, y la película, una suma de notables piezas de horror más que un verdadero relato de miedo, se atasca un tanto en la segunda mitad, se hace más larga de lo que es y culmina con un clímax de engranaje narrativo de excesiva complicación, pese a alguna imagen potente. Eso sí, para ese momento de la prueba, Chase ya había sabido responder con contundencia suficientes preguntas en su examen de promoción para nuevos talentos del cine.Insidious: fuera del más alláDirección: Jacob Chase.Intérpretes: Amelia Eve, Brandon Perea, Island Austin, Lin Shaye.Género: terror. EE UU, 2026.Duración: 106 minutos.Estreno: 21 de agosto.