OpiniónLos pueblos no solo se reconstruyen levantando muros; también necesitan recuperar los símbolos que les recuerdan quiénes son.ARTISTA Y GESTORA CULTURAL20.08.2026 22:30 Actualizado: 20.08.2026 22:30 Traté de escribir varias veces sobre otro tema, buscando un asunto que nos permitiera, aunque fuera por unos minutos, apartar la mente de la tragedia que hoy enluta al país. Pero no ha sido posible. Hay momentos en que la realidad se impone con tal fuerza que cualquier otra reflexión resulta secundaria. Lo único que corresponde es seguir trabajando desde el lugar que cada uno ocupa: ayudando, aportando, acompañando y haciendo visible el dolor de quienes hoy lo han perdido todo.En medio de esta realidad, me reconforta ver la solidaridad de los colombianos. Miles de personas se han sumado a las labores humanitarias; en las horas más difíciles, suele aparecer también la mejor versión de un país.Quisiera llamar la atención sobre la dimensión de esta tragedia que, aunque pueda parecer secundaria frente a la urgencia humanitaria, hace parte del mismo drama colectivo: la destrucción de nuestro patrimonio.Con frecuencia, el patrimonio se reduce a museos, edificios antiguos, iglesias o monumentos, pero en realidad es mucho más que eso: es la memoria viva de una sociedad. En él se condensan las formas en que una comunidad se reconoce a sí misma, comprende su historia y la transmite a las nuevas generaciones. No es solo un conjunto de bienes materiales, sino un tejido de significados que da continuidad a la vida colectiva. Por eso, cuando un bien patrimonial se pierde, no desaparece únicamente una construcción, sino una parte de la identidad compartida y de la memoria que sostiene el sentido de pertenencia de un pueblo.Me ha conmovido profundamente ver la catedral de Manizales, gravemente afectada. No se trata únicamente de la caída de una torre o del desplome de una bóveda. Para miles de personas ese templo ha sido, durante generaciones, el escenario de celebraciones y silencios. Allí están depositadas innumerables memorias personales que ningún plano arquitectónico podrá reconstruir por completo.Quizá haya algo todavía más delicado: cuando el patrimonio se destruye, también se debilita el sentido de pertenencia que mantiene unidas a las comunidades. Los pueblos no solo se reconstruyen levantando muros; también necesitan recuperar los símbolos que les recuerdan quiénes son. Una plaza, una iglesia, un teatro, un museo o una tradición popular no representan únicamente un valor histórico o turístico, son espacios donde una sociedad se encuentra consigo misma.Por eso, la recuperación del patrimonio no debe entenderse como un lujo reservado para tiempos de abundancia, tampoco puede verse como una tarea secundaria, que deba esperar hasta que todo lo demás esté resuelto. Restaurar estos bienes forma parte del proceso de sanar. Las sociedades necesitan recuperar sus referentes culturales con la misma convicción con la que reconstruyen sus viviendas, pues ambos procesos ayudan a restablecer la esperanza y el lugar que hacía parte de su vida cotidiana.Será indispensable una coordinación eficaz entre el Gobierno Nacional, las autoridades regionales, los expertos en conservación y las propias comunidades para emprender esta tarea. No basta con restaurar su infraestructura: será necesario devolverles a estos lugares su capacidad de convocar la vida, la memoria y el encuentro.Después de un terremoto siempre quedan ruinas visibles y existen otras, más silenciosas, que también reclaman nuestra atención: las que afectan la memoria y el ánimo colectivo. Si somos capaces de reconstruirlas, no solo estaremos recuperando edificios o tradiciones, estaremos ayudando a reconstruir el alma de un país, que hoy necesita volver a reconocerse.Reitero mi solidaridad con todas las víctimas y con quienes hoy comienzan el difícil camino de levantarse nuevamente. Que Dios nos conceda la fortaleza y la sabiduría para reconstruir no solo nuestras ciudades, sino también la memoria que las hace verdaderamente nuestras. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.