NoticiaAl recorrer diferentes rincones del país es posible rescatar la memoria de los pueblos, dignificarla y mirar al futuro con optimismo.Estas son algunas de las piezas que se pueden apreciar en el Museo de Arte y Memoria de Mampuján. Foto Cortesía Museo de Arte y Memoria de Mampuján Foto: Juan Uribe16.07.2026 12:18 Actualizado: 16.07.2026 12:18

Hay hechos que marcan a una región y a sus habitantes, y que al dimensionarlos con el paso del tiempo resultan fundamentales para explicar la idiosincrasia de las personas que la habitan. Luego, cuando los años han pasado, es la resiliencia de la gente la que define de qué manera esos acontecimientos dejan su huella.Colombia vive entre el recuerdo y el presente, en medio de pueblos que vivieron historias que no mueren, tanto en lo ancestral como en lo familiar y lo histórico, y que hacen que ciertos episodios nunca se olviden. Es así como nuestro pasado como país tiene mucho de real y de mágico en su andar.Con el foco puesto en el pasado, pero siempre con los pies en el presente, seguimos avanzando como nación. En ese sentido, viajar por Colombia es una forma de acercarnos a esas historias y asegurarnos de conocer su origen para poder comprender mejor a quienes viven hoy en los territorios.¿Cómo olvidar, por ejemplo, que Colombia albergó al primer pueblo libre de América, fundado por cimarrones que huyeron de la esclavitud en la época colonial? Se trata de San Basilio de Palenque, a una hora y media de Cartagena, que aún hoy puede caminarse.Esta es una experiencia conmovedora que se queda en la memoria, porque allí se exalta la historia de gentes valientes que han conservado manifestaciones culturales como la de los tambores de palenque, así como sus sabores y saberes.Estos son algunos elementos que siempre son protagonistas en recorridos que les dan a los visitantes la posibilidad de acercarse a la cultura de un lugar en el que, según la UNESCO, expresiones musicales como el bullerengue sentado, el son palenquero o el son de negro acompañan celebraciones colectivas tales como los bautismos, las bodas y las fiestas religiosas.Una vivencia imborrable en San Basilio de Palenque es el Tour de la libertad, que permite recorrer el pasado, el presente y el futuro del palenque con el objetivo de que los visitantes conozcan qué era el palenque y cómo se fundó. Esto se consigue mediante la visita a monumentos y las conversaciones con sabedores del territorio.Además de visitar la casa-museo, los visitantes prueban la comida local (e incluso ayudan a prepararla en fogones ancestrales). Entre los sabores de Palenque se destacan el pescado guisado en zumo de coco y la carne a la chainé, adobada con hierbas locales como el culantro.Un capítulo aparte es la lengua palenquera, que nació como una estrategia libertaria que le permitió a su pueblo liberarse del yugo español, y de la que es posible aprender nociones.Procesos de libertad como este tienen eco en pasajes más recientes de nuestra historia. Por eso, el Centro Nacional de Memoria Histórica señala que la memoria histórica es un vehículo para el esclarecimiento de hechos violentos, la dignificación de las voces de las víctimas y la construcción de una paz sostenible en los territorios.Teniendo presente esta definición, a unos 20 minutos de San Basilio de Palenque se teje la memoria en el Museo de Arte y Memoria de Mampuján, un lugar en el que la resiliencia está muy presente. En este sitio, que se encuentra a una hora de Cartagena, se narran la cultura de la subregión de los Montes de María y la historia del conflicto en Colombia; e igualmente se exhiben tapices elaborados que han sido elaborados por tejedoras mampujaneras.En este museo comunitario, ubicado en María la Baja y en cuyos orígenes se ha tenido la idea de tejer para sanar, la oferta gastronómica está a cargo de las mujeres de la zona.Otro espacio cercano donde vive la cultura local es el Museo comunitario San Jacinto, que conserva, promueve y divulga el patrimonio cultural de los Montes de María a través del trabajo de la comunidad.Un espacio esencial en este museo es la sala de la gaita, que invita a los viajeros a reconocer y valorar la importancia de esta expresión folclórica, reconocida nacional e internacionalmente por generaciones.La propuesta de la exhibición consiste en hacer un viaje por la historia de los maestros de la gaita, de manera que se conocen anécdotas de los juglares de los Montes de María, que históricamente les han cantado a las penas y a las alegrías para conservar viva la memoria de todo un pueblo. El poder del perdónAsí como en los Montes de María sus habitantes han decidido pasar la página de épocas violentas que les dejaron huellas profundas, algo similar ha sucedido en el Urabá antioqueño, donde la Reserva Natural Surikí es un ejemplo de cómo el ser humano puede encontrar el perdón consigo mismo y con la naturaleza.Esto hace que el relato de Enilda Jiménez sea aún más poderoso. Ella es parte de una familia de 20 hermanos a quienes la violencia dejó sin hogar y sin su padre a mediados de la década de los 90 del siglo pasado.Tras soportar el dolor y el desarraigo, llegó la verdad. Enilda supo quién había dado la orden de acabar con la vida de su padre y sucedió algo extraordinario: lo perdonó. Ese perdón, cuenta ella, la ayudó a sanar y a ser la persona que es hoy.En 2017 los Jiménez volvieron a Surikí y se enfrentaron a un dilema. Tenían que decidir si se iban a dedicar a la ganadería y al cultivo del banano, como había hecho su papá; o si conservarían el bosque. Optaron por la segunda opción cuando Enilda les dijo a sus hermanos que si talaban los árboles para reemplazarlos por vacas les estarían haciendo a los animales del bosque lo mismo que les habían hecho a ellos.El relato de Enilda es muy inspirador porque ella tiene claro que, aunque es una víctima del conflicto, la palabra ‘víctima’ no la define; ella es empresaria. En ese camino encontró en el turismo una manera de conservar las riquezas naturales que la rodean. Por eso, en Surikí se observan en su hábitat natural, entre otros, el mono araña, el mono aullador rojo, el tití cabeciblanco, el tucán y el perezoso.En las 471 hectáreas de Surikí se han registrado 57 especies botánicas, 208 especies de vertebrados terrestres, 150 especies de aves, 26 especies de mamíferos y 16 especies de vertebrados cuya existencia está amenazada, como el jaguar, el tití, el manatí y la mapaná de agua. Allí, la memoria vive en la naturaleza misma.Una razón para incentivar este tipo de experiencias en Colombia tiene que ver con la posibilidad que les brinda a los habitantes en los territorios de mejorar sus condiciones de vida, además de dignificar su memoria histórica. Por esto el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo les otorga el sello ‘Destinos de paz’ a prestadores de servicios turísticos, para, entre otras cosas, contribuir a la construcción de una cultura de paz.eserva Natural Surikí es un ejemplo de cómo la memoria de los habitantes puede dignificarse Foto:Juan Uribe Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.