Si los europeos necesitan recordar el verdadero impacto del cambio climático, solo tienen que mirar por la ventana. Este verano, unos pocos grados adicionales de calor sostenido han provocado cierres de escuelas, interrupciones ferroviarias y reducciones en la producción de las centrales nucleares. Se calcula un exceso de muertes de más de 25.000 personas atribuidas al calor extremo, mientras que los incendios forestales están causando más de 15.000 millones de euros en daños económicos. La creciente intensidad de las olas de calor suele atribuirse al cambio climático, provocado por la dependencia mundial de los combustibles fósiles. Así que, aunque reducir las emisiones de carbono sigue siendo el objetivo central de la política climática de la UE (ir a la causa), los gobiernos europeos también deben garantizar que sus sociedades puedan adaptarse mejor a los fenómenos meteorológicos extremos (actuar ante las consecuencias). Muchos hogares ya han tomado cartas en el asunto recurriendo a aparatos de aire acondicionado portátiles, a menudo fabricados en China. TE PUEDE INTERESAR Y el auge de las exportaciones chinas de aire acondicionado apunta a un desafío más amplio: ya sea frente a los fenómenos meteorológicos extremos, como ante las frágiles dependencias económicas, los europeos necesitan también adaptarse a las consecuencias mientras se abordan las fuentes subyacentes de vulnerabilidad. No deberían limitarse a aceptar el statu quo; en este sentido, algunas respuestas pueden encontrarse en las lecciones de la propia transformación industrial de China. El liderazgo chino del aire acondicionado Una vez más, cuando Europa busca una solución climática, China tiene una lista para enviar. China es una potencia en tecnologías utilizadas para mitigar el cambio climático, desde los paneles solares hasta las turbinas eólicas; además, desempeña un papel fundamental a la hora de ayudar a Europa a adaptarse a unas temperaturas más elevadas. China produce más del 80% de los aparatos de aire acondicionado del mundo: las exportaciones de equipos de aire acondicionado chinos a la UE aumentaron un 43% interanual durante el primer semestre de 2026. Las marcas chinas representan ahora el 41% del mercado europeo, frente al 27% en 2023. Este éxito no se debe únicamente al precio y a la escala de producción. Los fabricantes chinos han adaptado sus productos al mercado europeo. Por ejemplo, el modelo PortaSplit de Midea está diseñado para superar las complicadas normativas de construcción y los elevados costes de instalación. Los fabricantes chinos también fueron de los primeros en adoptar refrigerantes menos perjudiciales para el clima, garantizando que sus productos cumplieran las estrictas normas medioambientales europeas. Los medios estatales y funcionarios chinos se apresuraron a presentar el auge de las ventas de aire acondicionado como un éxito del comercio entre la UE y China: se trataría de un "resultado natural de ventajas complementarias" y demuestra el carácter mutuamente beneficioso de la relación económica entre la UE y China. Según argumentan, la especialización industrial de China, la eficiencia de sus cadenas de suministro y su competitividad tecnológica permiten a los fabricantes responder rápidamente a los cambios en la demanda mundial. El aire acondicionado sería un ejemplo de cómo China actúa como una "superpotencia facilitadora" al proporcionar productos eficientes y asequibles que responden al cambio climático. En palabras de Pekín, una situación en la que todos salen ganando. Decir sí a la adaptación Pero esto no es todo. Los comentaristas chinos sostienen que Europa no solo debería adaptarse a un clima más cálido, sino también adaptarse a los patrones comerciales entre la UE y China. Presentan las medidas europeas de reducción de riesgos (de-risking) y defensa comercial destinadas a abordar el desequilibrio económico con China como contraproducentes, argumentando que Europa carece de confianza en sus propias industrias. Según ellos, los responsables políticos europeos están abordando el comercio como un juego de "estadísticas frías" que terminará perjudicando a los consumidores. Esta es una prescripción fatalista para la política industrial por parte de un país que se niega a aceptar que su posición en las cadenas de suministro globales o su ventaja competitiva actual sean inamovibles. Durante décadas, Pekín ha convertido la modernización industrial en un objetivo político central que ha reorientado los patrones del comercio mundial. Los europeos lo están experimentando de primera mano en el auge de los vehículos eléctricos, donde la posición de China refleja décadas de modernización industrial deliberada. Y ahora Pekín aconseja a Europa que se conforme con los patrones comerciales tal y como están: un consejo extraño, teniendo en cuenta que esto no superaría la prueba de credibilidad política en Zhongnanhai. Desde Deng Xiaoping, los líderes chinos no se han limitado a adaptarse pasivamente a las ventajas competitivas que heredaron. Tampoco consideran que la división global del trabajo existente sea un resultado eficiente del mercado que deba preservarse. Esto es especialmente cierto cuando dichos patrones corren el riesgo de impedir que China desarrolle los sectores que considera estratégicamente importantes —la robótica, las tecnologías limpias o la aviación, por ejemplo—. Decir no a la adaptación La transformación industrial de China no se produjo únicamente gracias a las fuerzas del mercado. Su último plan quinquenal hace hincapié en la "autosuficiencia y la capacidad de control" como principio rector de las tecnologías que sustentan las infraestructuras críticas, incluidos los sistemas energéticos. A lo largo de los años, bajo las consignas Made in China y "Circulación Dual", el país ha recurrido a subvenciones a gran escala, financiación preferencial de los bancos estatales, fondos de inversión orientados por el Gobierno, contratación pública, acceso favorable a terrenos e infraestructuras, así como requisitos en materia de empresas conjuntas, localización y transferencia de tecnología. Estas políticas ayudaron a las empresas chinas a "importar, digerir y absorber" conocimientos técnicos extranjeros, alcanzar economías de escala y crear empresas innovadoras y competitivas a escala mundial en distintas cadenas de suministro. Sin embargo, aunque el debate europeo sobre competitividad gira en torno a muchos de los mismos conceptos, políticos, industrias y Estados miembros europeos están divididos sobre el futuro de la política industrial. Una de las ideas predominantes consiste en que Europa debería realizar un "Deng a la inversa", inaugurando una nueva era de política industrial capaz de igualar la escala de apoyo y protección que China proporcionó a sus industrias nacionales durante las décadas de 1990 y 2000. Pero Europa debería ser prudente a la hora de intentar derrotar a China en su propio terreno. No dispone de un Estado centralizado capaz de dirigir el capital y ayudar a las empresas a asumir pérdidas comerciales para alcanzar sus objetivos. Las principales lecciones de la política industrial china se encuentran en los supuestos que la sustentan: Europa debería minimizar las dependencias que puedan limitarla estratégicamente; la competitividad industrial no consiste únicamente en producir de forma eficiente; y los europeos deberían conservar la capacidad de abastecerse y ampliar a escala tecnologías críticas mediante alternativas viables, de modo que dispongan de opciones si las condiciones cambian. TE PUEDE INTERESAR Esta lógica cobra cada vez mayor relevancia a medida que se intensifican los impactos climáticos y aumenta la volatilidad geopolítica. Qué deberían hacer los europeos Los europeos deben plantearse cómo serían esas opciones en la práctica. Tomando prestada una pregunta formulada por comentaristas chinos: ¿qué podría hacer Europa ahora mismo sin aparatos de aire acondicionado chinos? La refrigeración se está convirtiendo en una infraestructura esencial. Al igual que la calefacción y el agua, Europa necesitará una cartera más amplia de soluciones para satisfacer la demanda. El aire acondicionado forma parte de la respuesta, junto con tecnologías de bajo consumo y refrigeración pasiva, como la refrigeración evaporativa, los tejados reflectantes, la rehabilitación de edificios y unas normas de construcción más exigentes. Pero Europa no necesita desarrollar por sí misma todas las soluciones; podría crear una red de proveedores y capacidades productivas alternativas. TE PUEDE INTERESAR Por ejemplo, Singapur y los países del Golfo afrontan desafíos similares y podrían ser socios potenciales para desplegar soluciones más eficientes, como la refrigeración urbana. Europa puede desarrollar asociaciones similares en las cadenas de suministro de tecnologías limpias. Corea del Sur, el segundo mayor fabricante de baterías del mundo, posee el 78% de la capacidad de baterías instalada en Europa. Europa puede aprender de países como Japón, que ha diversificado su suministro de tierras raras mediante asociaciones con Australia y Malasia, así como con Vietnam. India duplicó su capacidad de fabricación de células solares solo durante la primera mitad de 2026, respaldada por incentivos a la localización que se extienden a componentes situados en fases anteriores de la cadena de producción, como lingotes y polisilicio. China seguirá formando parte de las cadenas de suministro europeas de tecnologías limpias. Para Europa, preservar sus opciones no significa que tenga que producir todas las tecnologías críticas de la cadena de suministro de tecnologías limpias. Pero debería trabajar con socios externos para mantener alternativas comercialmente viables y a escala. Esto puede hacerse mediante acceso recíproco a los mercados de contratación pública, incentivos específicos y normas comunes de producto. Donde confluyen el clima y la competitividad Fundamentalmente, tener opciones significa ser capaz de adaptarse a un problema mientras se aborda su causa. La política climática ofrece un marco útil: los europeos han llegado a la conclusión de que los efectos de las olas de calor o las inundaciones no son inevitables; no dependen únicamente de los aires acondicionados, los diques y las compuertas como respuesta. En cambio, están abordando la causa del cambio climático mediante la adaptación y, al mismo tiempo, mitigando el problema subyacente mediante la reducción de las emisiones procedentes de los combustibles fósiles. Europa debería atreverse a hacer lo mismo con su competitividad y sus dependencias económicas. En lugar de limitarse a adaptarse al cambio, sus gobiernos deberían invertir en la capacidad europea para innovar, trabajar con socios y construir alternativas, con el objetivo de reducir las vulnerabilidades y ayudar a preservar sus opciones. El calor del verano de 2026 es un recordatorio del coste de retrasar la acción climática. La misma lección se aplica a la seguridad económica: adaptarse a las dependencias actuales en nombre de la eficiencia dejará a Europa con menos opciones —y con una factura mayor— en el futuro. * Este análisis del ECFR fue publicado originalmente en inglés con el título de Cold comfort: What China can teach Europe about adaptation.
Lecciones del imperio del aire acondicionado: lo que Europa tiene que aprender de China (y lo que no)
Si los europeos necesitan recordar el verdadero impacto del cambio climático, solo tienen que mirar por la ventana. Este verano, unos grados más de calor






