El Ministerio de Trabajo pactó a finales de enero con los sindicatos una subida del salario mínimo interprofesional (SMI) del 3,13% para 2026, la menor de los últimos cuatro años, teniendo en cuenta tanto la evolución de la inflación el año anterior (un 2,7% en 2025) como la subida del resto de los salarios y el objetivo declarado por el Gobierno de alcanzar el 60% del salario medio neto. Sin embargo, tan solo un mes después, EEUU inició un conflicto en Oriente Medio que ha disparado los precios energéticos y ha situado la inflación promedio en lo que va de año (enero-julio) en el 3,05% anual, frente al entorno del 2,4% que se esperaba para 2026 (según, por ejemplo, Funcas) antes del comienzo de la guerra. Si la situación continúa, amenaza con elevar más la inflación en los meses restantes de 2026, lo que llevaría a que la subida del SMI se quede por debajo y el sueldo mínimo pierda poder adquisitivo. Los sindicatos llevan meses advirtiendo de este riesgo y, tras conocer el dato del 3,6% del IPC de julio, CCOO traslada que insistirá al Ministerio de Trabajo para que active la revisión semestral conforme a la cláusula incluida en el Estatuto de los Trabajadores. "El sindicato solicitará formalmente al Gobierno una revisión parcial para actualizar los salarios de más de dos millones de personas", señala Javier Pacheco, secretario confederal de Acción Sindical y Transiciones Estratégicas de CCOO. La posición la comparte UGT, que pide reunir la mesa de diálogo social "con carácter de urgencia". Lo cierto es que, hasta el momento, la subida del SMI iguala a la de la inflación, como ha señalado el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, que descartó la revisión por este motivo el pasado cuatro de agosto, conociendo ya el dato de julio. "No se dan las circunstancias para esa revisión semestral y extraordinaria", defendió, avanzando que el ministerio iniciaría el proceso de negociación para la subida de 2027 tras el verano. Sin embargo, lo más probable es que el IPC de agosto se sitúe en el entorno del 4% con los datos ya conocidos de carburantes y electricidad y, si el conflicto se prolonga durante el otoño, la inflación rebasará el 3,13%. Ante esta situación inflacionaria, solo dos países de la eurozona, Bélgica y Francia, han revisado al alza su salario mínimo en 2026, pero no ha dependido de una decisión política, sino de los mecanismos fijados de revalorización. Estos introducen cláusulas de revisión durante el año si los precios se incrementan más de un determinado rango y evitan el debate precisamente en casos como el actual. Permiten que el salario mínimo mantenga más el poder adquisitivo en tiempo real, mientras que en España la revalorización se decide con meses de retraso, pero también ligan las subidas a cálculos objetivos y automáticos que impiden incrementos muy grandes como el que se produjo en España en 2019 (del 22,3%, para contrarrestar lo no subido durante los peores años de la crisis financiera). En Bélgica, el SMI se ha incrementado un 2% adicional desde julio de 2026 (44,2 euros más al mes) porque su revalorización está ligada al índice de precios de "salud", una cesta de la compra selectiva que excluye algunos productos como el alcohol o el tabaco. Previamente, se realizaron otros dos incrementos, uno pactado con los agentes sociales y otro a inicios de año por el mismo mecanismo de indexación a los precios, de manera que, en comparación con el cierre de 2025, su SMI ha subido un 5,8% en 2026. En Francia, el incremento adicional, efectuado en junio, ha sido del 2,4% (44 euros al mes) porque la inflación del 20% de los hogares más modestos ha acumulado un 2% o más desde la última revisión, realizada en enero del mismo año. En términos acumulados en el año, el incremento del SMI en Francia ha sido del 3,6%. Cabe mencionar el caso de Luxemburgo y de Malta, países donde también existe una cláusula similar a la belga de revalorización automática cuando la inflación supera un rango, pero todavía no se ha activado. Tanto Bélgica como Francia tienen una inflación inferior a la de España, pero están subiendo más sus salarios mínimos. Según el IPC armonizado publicado por Eurostat, la inflación promedia un 2,86% anual en Bélgica entre enero y julio y un 1,88% en Francia, frente al 3,29% de España. En 2022, cuando se registró una variación del IPC del 8,4% en España, el Gobierno tampoco accedió a una segunda revalorización anual y no fue hasta 2023 cuando se repercutió, con un aumento del 8%. El SMI de los países de Europa del Este converge Aparte de los estados mencionados, en Países Bajos también existe un mecanismo de indexación de las subidas del SMI con los salarios, pero en la mayor parte de los Estados miembros (17) el mecanismo es discrecional, como en España, por lo que depende de una decisión política periódica con los parámetros que decida el gobierno vigente en ese momento. La directiva de salarios mínimos intentó homogeneizar los criterios, pero no ha terminado de tener éxito, ya que muy pocos países la han traspuesto. Entre ellos no está España. El Ministerio de Trabajo emitió una consulta pública en febrero de este año, pero no la ha desarrollado ante la falta de apoyos en el parlamento. Además, otros miembros, como Italia, continúan sin fijar todavía un salario mínimo nacional. Al Gobierno de España le ha beneficiado que las subidas del SMI las decida el Ejecutivo por real decreto. Esto ha permitido que, desde 2018, el SMI haya subido un 65,9% en términos nominales, aunque los incrementos más notables de la UE se concentran en los países del Este, que están convergiendo rápidamente con el resto. Por ejemplo, dentro de los países que ya tenían el euro, Lituania lo ha subido un 188,3%, hasta los 1.153 euros, y Eslovaquia un 90,6%, hasta los 915 euros al mes. El SMI de España es actualmente de 1.425 euros en 12 pagas (1.221,4 en 14). Un SMI alto en relación con los sueldos del país En términos reales, el incremento acumulado también es apreciable en España, en torno al 31% desde 2018, pero en los últimos años el ritmo se ha reducido, coincidiendo las menores subidas nominales con una inflación que no ha terminado de reducirse al objetivo del 2% del BCE. Según destaca Eurofound en este artículo, el SMI español fue el que menos creció en términos reales de la eurozona entre enero de 2025 y enero de 2026. Además, con elevada probabilidad, cerrará 2026 en terreno ligeramente negativo. Más allá de lo que suceda con la inflación, la cuestión es que la capacidad para subir el salario mínimo sin perjudicar al tejido empresarial también depende de los propios salarios del país y de la estructura productiva. En España (así como en otros países de la UE) se ha vivido un estrechamiento en este sentido en los últimos años, documentado por la OCDE, porque los mínimos por decreto crecen más rápido que los salarios del resto de la economía. De hecho, el salario medio de España ni siquiera se ha recuperado todavía de la anterior crisis de inflación (-2% en términos reales, según la OCDE). TE PUEDE INTERESAR De esta manera, el salario mínimo y los medios son cada vez más parecidos. El SMI de España era ya el 53,9% del salario medio en 2025 y, en 2024, el 65,9% del salario mediano, es decir, del salario intermedio, solo por detrás de Portugal en ambos casos. En el Estado miembro con el SMI más alto, Luxemburgo, la ratio es del 50,7% en relación con su salario medio en 2025 y del 64,3% del mediano en 2024, lo que refleja un salario mínimo relativamente más generoso en España y una mayor distancia entre el suelo salarial decidido por ley y la evolución propia de los sectores productivos.