Experiencia local Exclusivo suscriptores Ancianatos y centros de atención de Cali, Manizales, Pereira y Dosquebradas sufrieron graves daños por el sismo de magnitud 7,4. El sismo del lunes 10 de agosto plantea un importante desafío para el cuidado de los adultos mayores en el país. Foto: Juan Pablo Rueda / EL TIEMPOPERIODISTA20.08.2026 22:01 Actualizado: 20.08.2026 22:01

Aferrados a la fe, varios adultos mayores permanecieron inmóviles mientras todo a su alrededor comenzaba a sacudirse. Eran las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto y, como todas las mañanas, participaban en la eucaristía. Entonces llegó el movimiento de las paredes y el rugido de la tierra.En el hogar geriátrico Hermanas Carmelitas, una de las instituciones afectadas por el terremoto, el susto pronto se convirtió en una preocupación que persiste: el edificio quedó inhabitable.En Cali, diferentes instituciones médicas y de atención al adulto mayor, resultaron afectadas. Foto:Alcaldía de CaliLas hermanas Leonor y Amparo tuvieron que comenzar a resolver dónde pasarían los siguientes días los ancianos que estaban bajo su cuidado. Algunos fueron recogidos por sus familias. Cuatro, de edad avanzada, debieron ser trasladados hasta otra sede del hogar en Cartago. Para los demás comenzó la búsqueda de un techo temporal.Ahora las religiosas intentan conseguir ayuda para que varios de ellos puedan viajar hasta las casas de sus familiares en Valledupar, Medellín y Bogotá. A unos kilómetros de allí, doña Mercy, una adulta mayor de 95 años, fue abandonada en el hospital de Los Cabos, sin siquiera saber cómo se llama, cuántos años tiene o quiénes son sus hijos. LEA TAMBIÉN Llegó al hogar Fundación de Nazareth, en el barrio San Bosco de Cali, remitida por las trabajadoras sociales para que pase sus últimos años de vida acompañada y con las tres comidas.Como ella, hay 38 adultos mayores, cada uno con diferentes patologías, que dependen de las donaciones y del buen corazón de Martha Lugo, quien fundó el hogar y lo ha sostenido durante más de 35 años, en una casa cuyo arriendo lleva pagando casi el mismo tiempo. Recibe a quienes son abandonados en los hospitales, a habitantes de calle de edades avanzadas y, en general, a quienes sus familias dejan a su suerte. El lugar fue una de las estructuras que resultó gravemente afectada tras el terremoto. En algunos lugares, las grietas fueron profundas y de alto riesgo. Foto:Alcaldía de CaliEn una de las habitaciones, donde se encontraban cinco adultos mayores —todos postrados o en silla de ruedas—, se desplomó el techo. Por fortuna, los escombros no hirieron a ninguna persona, pero los abuelitos tuvieron que ser reubicados en otros cuartos, en condiciones de hacinamiento.De hecho, no pudo recibir a una decena de adultos mayores que quedaron sin techo en otro hogar afectado y que solicitaron acogida. Hoy, necesita materiales de construcción y dinero para reconstruir las partes de la casa que se derrumbaron.Este se suma a uno de los dramas que dejó el terremoto, el de cientos de adultos mayores que, además de sobrevivir a la tragedia, perdieron los espacios en los que recibían alimentación, atención médica, compañía y, en muchos casos, el único hogar que tenían. La emergencia volvió a poner sobre la mesa la fragilidad de los sistemas de atención destinados a una población especialmente vulnerable. Aunque alcaldías, organizaciones religiosas y entidades privadas cuentan con programas de asistencia, el terremoto dejó al descubierto las dificultades para responder cuando los lugares destinados a proteger a los mayores también resultan golpeados.La Fundación Jesús de Nazareth, acoge a 38 adultos mayores con diferentes patologías. Foto:JUAN PABLO RUEDA /CEETSolo en Cali residen cerca de 448.000 adultos mayores, según cálculos de la Secretaría de Bienestar Social. Al menos la mitad son mujeres.Nigeria Rentería, titular de esa dependencia distrital, explicó que una parte de esta población es atendida mediante 32 Centros Vida distribuidos en diferentes comunas. En conjunto, reciben diariamente a un promedio de 1.300 personas. LEA TAMBIÉN “Funcionan como sitios de acogida diaria donde reciben alimentación, recreación, atención psicosocial y médica. Ahora, tras la emergencia y considerando que hay albergues oficiales y comunitarios, les hemos entregado kits de ayuda, pañales, alimentos no perecederos, cobijas y almohadas. Igualmente, gestionamos medicamentos para pacientes con diabetes e hipertensión”, señaló Rentería.Al menos tres de esos centros resultaron afectados por el terremoto. La prioridad ha sido evitar que la emergencia interrumpa tratamientos y cuidados.Algunos adultos mayores fueron recibidos por sus familiares; quienes no cuentan con una red de apoyo permanecen bajo la oferta institucional y otros tuvieron que ser reubicados en albergues privados. Pero el terremoto mostró que evacuar a un adulto mayor no consiste simplemente en encontrar una cama. Muchos necesitan medicamentos permanentes, alimentación especial, asistencia para movilizarse y acompañamiento continuo.Martha Lugo, directora de la fundación dice que viven confinados tras el movimiento telúrico. Foto:JUAN PABLO RUEDA /CEETEn Manizales duermen en un salónLa situación se repite en Caldas, el segundo departamento más longevo del país.En varios municipios hay adultos mayores cuyas viviendas quedaron afectadas y otros que las perdieron. En Manizales, una de las ciudades más afectadas, fundaciones y hogares intentan mantener a sus residentes lejos de los albergues generales, conscientes de las dificultades que significaría para ellos adaptarse a esos espacios. En la zona rural funciona El Edén del Abuelo. Allí viven 55 adultos mayores. Los daños obligaron a demoler algunas partes de la casa y a desalojar sectores que deberán ser reconstruidos. Edificaciones colapsadas en Pereira y Manizales y Quibdó tras fuerte terremoto. Foto:EFE / Archivo particularMientras avanzan las obras, los 55 residentes duermen juntos en el espacio que antes funcionaba como salón común. Óscar Jaime Ochoa, director de la fundación, calcula que cerca del 70 por ciento de la infraestructura resultó afectada. Solo después de sacar a los adultos mayores y ponerlos a salvo, quienes trabajan allí pudieron dimensionar lo ocurrido. También en Manizales, el Centro de Atención Integral San Pedro Claver, administrado por las Hermanitas de los Pobres, tuvo que cerrar sus puertas para sus residentes. Allí eran atendidos 65 adultos mayores y ocho religiosas ancianas. Los daños fueron tan graves que todos debieron salir. “Ese mismo día tuvimos que entregar a los abuelos a sus familias y reubicar a nuestras hermanas en otros lugares porque era imposible tenerlos institucionalizados. Están bien y con sus familias, pero están desesperados por venirse, porque esta es la casa de ellos”, relató Rosalba Cuartas, superiora de la congregación.Pereira, otra de las ciudades más golpeadas por el temblor del 10 de agosto. Foto:Sergio Cárdenas / EL TIEMPO.Por recomendación de los ingenieros de la Administración Municipal, ni siquiera las religiosas pueden permanecer de manera permanente en el inmueble debido al riesgo de colapso de algunas paredes. Durante el día solo tienen permitido ingresar a determinados espacios que no están restringidos. La congregación busca materiales de construcción y recursos para iniciar las reparaciones y conseguir que los adultos mayores puedan regresar. La dificultad no es exclusiva de este centro. En los últimos días, varios hogares han buscado inmuebles donde trasladar temporalmente a sus residentes, pero conseguirlos no ha resultado sencillo: hay una alta demanda de arriendos y estas instituciones requieren edificaciones amplias y con condiciones particulares para atender personas con movilidad reducida o necesidades médicas. LEA TAMBIÉN La situación no cambia en el Centro de Bienestar de Ancianos San José, en Pereira, que atiende a 140 adultos mayores y sufrió graves afectaciones en su infraestructura. Tras el terremoto, además, quedó sin algunos servicios básicos y con daños en la cocina. Para la religiosa Ana Carolina Henao, encargada del lugar, la preocupación era especialmente grande porque muchos de los residentes no tienen familiares a quienes acudir. “Estamos vivos, pero nuestros abuelos no tienen familia. No tenemos comida, por favor, no nos abandonen”, fue su llamado en las primeras horas de la emergencia. El hogar, ubicado en el barrio Mejía Robledo y administrado desde hace décadas por las Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver, comenzó posteriormente a recibir ayudas.Hay preocupación por la atención de los adultos mayores. Foto:en Instagram. @yosoyyulay“Hemos visto la mano de Dios, porque no teníamos agua, no había llegado nadie a ayudarnos, la cocina se destruyó. No sabíamos qué darles a los abuelitos, pero nos llegaron las ayudas. Ahora lo que necesitamos es estructurar nuevamente la casa, darle seguridad al lugar”, contó Henao.En Dosquebradas, la Fundación Hogar Santa Marta enfrenta un panorama parecido. Su sede, en el barrio Olaya Herrera, quedó prácticamente destruida y los 23 adultos mayores que permanecían allí tuvieron que ser trasladados a un salón acondicionado como albergue temporal.“Estamos buscando personas que nos donen materiales para arreglar la sede de la fundación o trasladarlos a un mejor lugar”, explicó Nicolás Ramírez, voluntario de la organización. En Cali se distribuyen medicamentos y elementos básicos. En Manizales se buscan ladrillos, cemento y camas hospitalarias. En Pereira se intenta recuperar una casa para 140 personas que no tienen una familia a la cual regresar. Y en Dosquebradas, 23 adultos mayores esperan en un salón mientras se define dónde podrán volver a vivir.José Antonio Minota HurtadoSara QuevedoLaura SepúlvedaLaura UsmaEL TIEMPONación Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.