En 2024, un análisis del mercado estadounidense localizó 46 productos vendidos contra la resaca. Había cápsulas, vitaminas, minerales, extractos vegetales y hasta parches transdérmicos. El dato importante llegó al final: no se había demostrado que ninguno de esos productos previniera o redujera la resaca.

Eso no significa que todo dé exactamente igual. Significa algo más concreto: una cosa es curar la resaca y otra muy distinta aliviar uno de sus síntomas. Beber agua puede ayudar si tenemos sed y hemos perdido líquido. Una solución de rehidratación puede tener sentido después de vómitos importantes. Comer algo tolerable puede sentarnos mejor que seguir con el estómago vacío. Pero ninguno de esos productos acelera por arte de magia la recuperación completa.

La diferencia importa porque la resaca no depende de un único mecanismo. Pueden intervenir deshidratación leve, sueño fragmentado, irritación del estómago e inflamación, además de otros efectos relacionados con el metabolismo del alcohol. Pretender resolver todo eso con una cápsula “detox” es una promesa bastante más grande que la evidencia disponible.

Así que vamos a plantearlo de una forma útil: no por marcas ni por formatos, sino preguntando qué problema concreto puede resolver cada producto. Ahí se ve bastante rápido qué merece la pena, qué puede servir solo en algunos casos y qué se vende con más entusiasmo que pruebas.