Jugar fútbol a varios miles de metros sobre el nivel del mar no representa el mismo desafío que hacerlo en una ciudad ubicada cerca de la costa. La menor disponibilidad de oxígeno obliga al organismo a realizar un esfuerzo adicional, especialmente cuando los jugadores deben mantener una alta intensidad durante los 90 minutos. Esta particularidad geográfica ha convertido a algunas ciudades de América Latina en escenarios poco habituales para el deporte profesional. En la región existen estadios construidos a gran altitud, algunos de ellos situados por encima de los 4.000 metros, donde las condiciones ambientales pueden marcar una diferencia importante durante un encuentro. Para los equipos que llegan desde lugares de menor elevación, el cambio puede resultar especialmente exigente. La respiración puede acelerarse, el cansancio aparecer antes de lo habitual y la recuperación entre esfuerzos hacerse más complicada. Por ello, la preparación previa y el tiempo de adaptación adquieren un papel fundamental. Estas características también han hecho que determinados escenarios sean reconocidos internacionalmente y formen parte de la historia del fútbol sudamericano. Más allá de los resultados deportivos, jugar en semejantes condiciones supone enfrentarse a un factor que no se encuentra en cualquier cancha: la propia geografía del lugar.En una zona marcada por la presencia de la cordillera de los Andes, es habitual encontrar estadios situados a varios miles de metros de altitud. El fútbol, convertido en un deporte de alcance global, se practica en prácticamente todos los rincones del planeta. No obstante, destaca un recinto en particular que supera a los demás en América Latina y que, de manera llamativa, está ubicado en territorio peruano. Se trata del estadio Daniel Alcides Carrión, ubicado en Cerro de Pasco y vinculado al Club Unión Minas Volcán. Este escenario deportivo está situado a 4.378 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en uno de los recintos de mayor altitud del planeta, reconocimiento que incluso le ha otorgado la FIFA. Tras su proceso de remodelación en 2012, su capacidad fue ampliada para recibir aproximadamente a 12.000 espectadores. Asimismo, se incorporó un campo de césped sintético, debido a que las condiciones climáticas de la zona dificultaban el desarrollo y conservación del gramado natural.El estadio Daniel Alcides Carrión vivió su etapa de mayor esplendor, especialmente durante los años noventa, cuando el Club Unión Minas competía en la primera división del fútbol peruano. En aquel periodo, el recinto ganó notoriedad y se convirtió en un escenario respetado e incluso temido por muchos jugadores, conscientes de la desventaja que implicaba enfrentarlo en esas condiciones. Los equipos visitantes solían verse afectados por la altitud, el clima y la adaptación al terreno de juego, factores que favorecían a los locales, más acostumbrados a ese entorno.Los futbolistas siempre están al tanto de aquellos estadios en grandes alturas. Saben que, de tocarles jugar en ellos, deben prepararse con anterioridad para poder rendir durante los partidos. Al fin y al cabo, la menor cantidad de oxígeno en el aire ocasiona que la respiración sea más dificultosa para quienes no están acostumbrados y, de esta forma, el cansancio impacte más rápido en ellos.En ese sentido, se podría pensar que Unión Minas era invencible cuando jugaba de local. Sin embargo, hubo un equipo que consiguió derrotarlo en su propia cancha a 4,378 metros sobre el nivel del mar. Se trata de Universitario de Deportes, que el 25 de junio del 2000 consiguió vencer por 2 a 1 a los cerreños y hacerse con el título del Torneo Apertura de aquel año. Sin duda, la figura destacada de aquel encuentro fue Luis Alberto Carranza. El argentino consiguió recorrer 80 metros con el balón antes de anotar el gol que le dio la victoria al equipo crema.