Hay una imagen que sirve para entender casi todo lo que viene: una casa con una reserva de leña apilada contra la pared. Arranca llena y cada invierno se quema una parte. Así pasan los años y la pila baja, mientras la mayoría de las personas muere antes de quemar el último tronco. El problema verdadero del siglo XXI es que algunos van a llegar al fondo de la reserva todavía vivos y nadie les enseñó qué hacer cuando se acaba la leña durante el invierno.

Esa imagen no es una ocurrencia, porque describe el funcionamiento básico de la conducta humana, y vale la pena detenerse en cómo opera antes de mirar hacia dónde nos lleva la inteligencia artificial (IA).

Tres tipos de sufrimiento, no uno

Solemos hablar del sufrimiento como si fuera una cosa única, pero no lo es. Hay por lo menos tres tipos distintos, y confundirlos es la fuente de la mayoría de los malentendidos sobre la felicidad y el sentido de la vida.

El primero es el sufrimiento impuesto, el que no se elige. Por caso, la pierna que se rompe, el diagnóstico médico, la inflación o el padre que se muere. Acá no hay deliberación posible, porque el padecimiento llega con su propia jerarquía. El sujeto reacciona sin poder de decisión. Es el régimen en el que vivió y vive la humanidad durante la mayor parte de su historia.