La sensación es punzante, como si un músculo interno se tensara hasta el límite de lo soportable. No se trata de una molestia pasajera, sino de una lucha mensual que tiene la guayaquileña Victoria Escobar contra el propio cuerpo que incluye debilidad extrema, fiebre e inflamación. Para quienes padecen condiciones uterinas crónicas, el ciclo menstrual deja de ser un proceso estándar para ser una fuente de parálisis física y emocional. Y es su diario vivir. ¿Cuánto cuesta menstruar? Una mujer puede usar hasta 9.100 toallas sanitarias durante su vidaEl diagnóstico de la diseñadora multimedia, de 37 años, es la miomatosis uterina, una condición caracterizada por tumores benignos que, en su caso, han vuelto a aparecer tras una cirugía de limpieza en 2018. PublicidadActualmente son cinco miomas de hasta dos centímetros haciendo que su periodo sea de un sangrado abundante de 12 días. Esta complejidad obliga a Victoria a cambiarse de toallas sanitarias cada tres horas y a renunciar a su libertad de vestimenta. “Se siente feo porque no puedes usar la ropa que tú quieres... tienes que usar ropas oscuras porque en cualquier momento te puedes manchar”, relata sobre la constante vigilancia que requiere su flujo, el cual llega acompañado de coágulos que la dejan pálida y sin fuerzas.Dolores que inmovilizan El impacto más severo es el dolor físico que Victoria describe como “horrible”. La intensidad es tal que los analgésicos orales suelen ser insuficientes, obligándola a recurrir a inyecciones para poder funcionar. PublicidadPublicidad“El dolor me hace retorcerme y cuando pasa eso me inyecto”, confiesa al recordar episodios en los que ha quedado atrapada en el transporte público sin poder caminar por los “hincones” y la sensación de que su útero se estira: “siento como si el útero se me estirara y me dura como cuatro días”. Esta condición no solo afecta su salud, sino también su desempeño profesional. Ella usa temporizadores para no olvidar el cambio de toallas sanitarias y lidiar con la vergüenza de explicar su estado a colegas varones. Victoria afirma que su dolor menstrual es hereditario, pues su madre y primas sufrieron síntomas similares que terminaron en la extirpación del útero.Ante la falta de empatía social, Victoria es tajante: “Vivir así se vuelve una carga pesada”. Su testimonio busca visibilizar que, para muchas mujeres, el primer día de regla debería ser motivo de teletrabajo obligatorio, ya que el malestar es insoportable. “Falta más comprensión porque para muchas personas es solo como que ‘tómate algo’. Pero no es así... una pastilla no es suficiente”. Su historia es un llamado a reconocer que un útero con miomas no solo genera sangre en exceso sino una carga física. ‘Legalmente no hay permisos por menstruación’En el régimen laboral privado ecuatoriano no existe actualmente un permiso menstrual específico que permita ausentarse automáticamente del trabajo por el hecho de estar menstruando, afirma Guillermo García, catedrático y director del máster en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). PublicidadPero, señala que eso no impide adoptar otras soluciones como que la empresa establezca medidas de flexibilidad y, cuando la actividad lo permita, se pueda acordar incluso teletrabajo ocasional, modalidad prevista en el Código del Trabajo. ¿Qué pasa cuando una mujer no puede comprar toallas sanitarias? Riesgos para la salud y alternativas“El reglamento interno también puede contemplar medidas de organización o adaptación, aunque el teletrabajo requiere el correspondiente acuerdo. Y si los síntomas son de tal intensidad que realmente impiden trabajar, la cuestión pasa al ámbito de la salud y puede entrar en juego el régimen general de enfermedad, con la correspondiente acreditación médica”, explica. García considera razonable que exista una previsión para los casos graves, pero no un permiso automático para todas las mujeres. “La regulación debería distinguir entre una menstruación que no afecta a la capacidad laboral y situaciones en las que los síntomas dificultan seriamente o impiden trabajar”, menciona. Y agrega que la clave es proteger la menstruación incapacitante, y no considerar incapacitante la menstruación en sí misma: “Esa distinción evita tanto la desprotección como el riesgo de reforzar estereotipos sobre las mujeres en el trabajo”. (I)