��Est�s abortando?� Esa fue la primera pregunta que Mar�a Medina escuch� al llegar a urgencias con una hemorragia interna en 2022. Cada minuto contaba. Entr� al quir�fano sin un diagn�stico claro. Horas antes, se resist�a a buscar ayuda: hab�a aprendido a normalizar el dolor menstrual: �Cre�a que, una vez m�s, me dir�an: 'T�mate una pastilla y vuelve a casa'�. Pero su mejor amiga insisti�. Aquella decisi�n probablemente le salv� la vida. �Estuve a punto de morirme�, confiesa por videollamada desde su casa en Granada. �Ten�a un quiste en el ovario izquierdo que nadie hab�a detectado y revent�.Hace cuatro a�os, Lorena Rom�n termin� en urgencias cuatro veces en una sola semana. La respuesta que recibi� fue contundente: �Me dijeron que no volviera, que no ten�a nada�. D�as despu�s, regres� al hospital para someterse a una compleja intervenci�n. Al llegar, el m�dico le lanz� una pregunta sin rodeos: ��Quieres tener hijos?�. M�s tarde, le extirparon ambas trompas de Falopio en una operaci�n donde participaron cuatro especialistas: un ginec�logo, un cirujano general, un ur�logo y un digestivo. Al terminar el procedimiento —que tambi�n oblig� a retirar tejido afectado del intestino y del �tero—, uno de ellos admiti� que en 20 a�os de carrera �nunca hab�a visto un caso igual�.Mar�a es venezolana; Lorena, valenciana. No se conocen y, sin embargo, al despertar de la anestesia, las dos se enfrentaron al mismo diagn�stico: endometriosis. �Sent� alivio y, a la vez, una profunda confusi�n; la doctora no respondi� a mis preguntas�, recuerda Mar�a. �Yo no sab�a si re�r o llorar; sentir que no estaba loca fue, simplemente, un alivio�, agrega Lorena.Para saber m�sUna de cada diez mujeres en edad f�rtil vive con endometriosis. Una enfermedad cr�nica que afecta a 190 millones de personas en todo el mundo y alrededor de un mill�n en Espa�a. Se produce cuando un tejido similar al endometrio —la capa que recubre el interior del �tero— crece fuera de esta cavidad, principalmente en los ovarios y las trompas. Aunque, su alcance no se limita al aparato reproductor: se han documentado lesiones en 37 partes distintas del cuerpo, como el intestino, la vejiga, el recto, los pulmones e incluso el cerebro."Yo jam�s he tenido una regla normal"Mar�a ten�a 11 a�os cuando comenz� a menstruar. Aquella primera regla estuvo acompa�ada de un dolor tan intenso que pas� 15 d�as hospitalizada por una supuesta afecci�n bacteriana. �De adolescente, siempre le repet�a a mi madre: 'Siento que me voy a desmayar'. No recuerdo un solo momento sin dolor durante esa etapa�.�Yo jam�s he tenido una regla normal�. Con esa certeza, Lorena acudi� al ginec�logo por primera vez a los 16 a�os. Quer�a regular su ciclo menstrual y tratar un brote de acn�, pero tambi�n encontrar una explicaci�n a los cambios de humor y al cansancio constante que arrastraba sin motivo aparente.El dolor no da tregua: aparece antes, durante y despu�s de la menstruaci�n. No es casualidad que la endometriosis se compare con el c�ncer, no solo por su capacidad de invadir �rganos vitales a trav�s de adherencias sino porque amenaza la calidad de vida. �Es un dolor p�lvico tan desesperante que puede asemejarse al dolor oncol�gico�, advierte el doctor Jackie Calleja, ginec�logo y director de la cl�nica BNUM en Madrid. Adem�s, la patolog�a se manifiesta a trav�s de un abanico de s�ntomas que van desde el sangrado en la orina y el estre�imiento hasta alteraciones del tr�nsito intestinal, fatiga, malestar al defecar y durante las relaciones sexuales. En palabras del especialista, �es una enfermedad muy destructiva a nivel anat�mico�."La investigaci�n ha sido totalmente mis�gina"La afecci�n fue descrita por primera vez en 1860. M�s de un siglo despu�s, la falta de consenso en la comunidad m�dica persiste. La causa exacta de la endometriosis a�n es objeto de debate cient�fico. Un vac�o que refleja d�cadas de abandono institucional, violencia obst�trica y un sistema sanitario que, hist�ricamente, ha tomado el cuerpo masculino como referencia. Laia Abril, fot�grafa y autora de la exposici�n Endometriosis. El dolor silenciado (PhotoEspa�a), afirma: �La investigaci�n ha sido totalmente mis�gina. No hay una cura; los tratamientos han evolucionado —sobre todo en los �ltimos a�os—, pero siguen siendo paliativos y, en ocasiones, muy agresivos�. La propia artista convivi� 20 a�os con el padecimiento antes de conocer su nombre.La hip�tesis de la menstruaci�n retr�grada —formulada por el doctor John Sampson en 1920 — se mantiene como uno de los principales modelos para entender esta condici�n. La teor�a establece que, durante el periodo, parte de la sangre menstrual y del tejido endometrial no sale del cuerpo a trav�s de la vagina, sino que fluye hacia atr�s por las trompas de Falopio. Al caer en la cavidad p�lvica, los fragmentos pueden implantarse y multiplicarse en los �rganos de la zona.Asimismo, la afecci�n podr�a estar asociada a un fallo del sistema inmunitario, lo que comprometer�a la capacidad del organismo para reconocer y eliminar las c�lulas endometriales situadas fuera del �tero. Otra propuesta sugiere que estos fragmentos viajan a trav�s de los vasos sangu�neos o linf�ticos hasta otros �rganos, o que se implantan en el tejido cicatricial de cirug�as abdominales, como una ces�rea."El dolor f�sico es dur�simo, pero no sentirte validada durante tantos a�os es mucho peor"M�s all� de las secuelas f�sicas, la endometriosis erosiona el bienestar emocional de quienes la padecen. La exposici�n prolongada al dolor desencadena una hipersensibilizaci�n del sistema nervioso, una reacci�n que mantiene a las pacientes atrapadas en un ciclo de estr�s y ansiedad. �El dolor f�sico es dur�simo. Pero no sentirte validada durante tantos a�os es mucho peor. Nadie te cree, nadie te escucha y t� tienes que aguantar. Dejas de ser t��, dice Lorena.Antes de continuar, un breve silencio y un par de l�grimas ruedan por la mejilla de Mar�a: �Fue un duelo para m�. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Tu cuerpo cambia, se transforma. De pronto est� lleno de cicatrices�. Y entonces aparece una pregunta inevitable: ��C�mo pensar en el futuro cuando cada d�a depende del dolor? Ca� en una depresi�n tan fuerte que quise suicidarme�.A lo largo de su trayectoria, Laia —quien ha hecho de la deslegitimaci�n del dolor femenino el eje de su obra— ha encontrado una constante en los testimonios: la culpa. Las mujeres que aparecen en sus fotograf�as �reflejan la p�rdida de esos momentos que hacen la vida: las fiestas, los cumplea�os y los viajes�. Lo m�s frustrante, explica, es que �sab�an que, llegado el d�a, no estar�an bien�. Tal y como lo cuenta Mar�a: �Falt�, por ejemplo, a la boda de dos personas que son muy importantes para m� y s� que quiz�s ellos no entienden por qu� no estuve all��.Lorena y Mar�a son las dos orillas de un mismo r�o. No se conocen, pero sus cuerpos hablan un idioma com�n. Sin saberlo, describen de forma id�ntica la geograf�a de un sufrimiento compartido: ese dolor que nace en la ingle, se extiende hacia el ri��n y baja por la pierna izquierda hasta apoderarse del pie. �Despu�s de la operaci�n no pod�a caminar. Mi pierna no reaccionaba y no entend�a qu� estaba pasando; me ca�a en plena calle. Muchas mujeres necesitan una silla de ruedas o un bast�n porque la pierna queda incapacitada�, asegura Mar�a.El a�o pasado, un m�dico le recomend� a Mar�a quedar embarazada �para curarse�. Este testimonio refleja uno de los mitos m�s extendidos de la afecci�n, una creencia que Calleja desmiente de forma tajante: �La endometriosis no desaparece con la gestaci�n; solo supone una fase de inactividad. Una vez que finaliza, los s�ntomas suelen reaparecer�. Adem�s, el experto se�ala una contradicci�n evidente: entre una tercera parte y la mitad de las pacientes presentan infertilidad o dificultades para concebir de forma natural, ya sea por una disminuci�n de la calidad ov�rica o problema de implantaci�n embrionaria."El sistema sanitario no est� dise�ado para atender procesos incapacitantes"Las pacientes quedan atrapadas en un laberinto de incertidumbre. En promedio, el diagn�stico llega entre ocho y diez a�os despu�s de los primeros s�ntomas, ya que no existe una prueba sencilla para la detecci�n precoz: no hay un an�lisis de sangre espec�fico y, en las fases iniciales, las lesiones no siempre se identifican con una ecograf�a. Esta falta de herramientas permite que la enfermedad avance. Mar�a esper� 18 a�os. Lorena dos d�cadas.Calleja explica que la demora responde, por un lado, a una cultura que normaliza el dolor como una condici�n biol�gica inherente a las mujeres y, por otro, a la falta de capacitaci�n en la atenci�n primaria. �El sistema sanitario no est� dise�ado para atender procesos incapacitantes, progresivos e invisibles. El cuello de botella empieza en las consultas de medicina familiar, donde la falta de formaci�n especializada frena el reconocimiento de esta patolog�a�. Con frecuencia, el sistema se limita a prescribir anticonceptivos que mitigan los s�ntomas, pero ignoran la ra�z del problema; otras veces, se recurre a antibi�ticos que las pacientes ni siquiera necesitan. Esta din�mica condena a las mujeres a transitar de una especialidad a otra sin recibir una valoraci�n integral.�Desde los 11 a�os tomo pastillas para personas adultas. Ahora, con 34, no tolero los analg�sicos. Cuando tengo dolor, no saben c�mo ayudarme�, afirma Mar�a. Un aut�ntico callej�n sin salida: su organismo no solo rechaza los tratamientos hormonales, sino que las terapias convencionales, lejos de disminuir los s�ntomas, acent�an su malestar. �Ni las compresas ni los t�s funcionan. No hay nada que me alivie; solo me queda tumbarme y soportar el dolor hasta que pase�, lamenta.El 1 de junio de 2023, Espa�a se convirti� en el primer pa�s de la Uni�n Europea en aprobar la baja menstrual. No obstante, en la pr�ctica, la medida sigue siendo insuficiente debido al profundo estigma social que rodea a la salud reproductiva. El temor a que jefes o compa�eros cuestionen su rendimiento act�a como una barrera invisible que disuade a muchas mujeres de ejercer este derecho. El escenario es todav�a m�s hostil para quienes padecen endometriosis, una patolog�a que las obliga a asumir los altos costes de consultas privadas, cirug�as y tratamientos excluidos de la cobertura p�blica.�No basta con comprarte una pastilla; necesitas la ayuda de un nutricionista, un fisioterapeuta y un psic�logo�, asevera Mar�a. Tras abandonar la carrera de medicina por falta de recursos y perder varios empleos, acept� que la enfermedad supon�a un riesgo constante para su estabilidad laboral. Por eso decidi� reinventarse profesionalmente y encontr� una salida en la industria del marketing digital. Actualmente, trabaja desde casa como aut�noma.Lorena es teleoperadora, un empleo que exige una dosis diaria de paciencia, empat�a y resistencia mental. Sin embargo, el verdadero desaf�o no est� al otro lado de la l�nea, sino en su propia silla. �Suelo escuchar la frase: 'Bueno, est�s sentada en casa...' Pero es imposible atender bien a la gente cuando llevas ocho horas soportando el dolor�, admite. Debido a su afecci�n, mantener la misma postura por largos periodos de tiempo es un calvario. Por eso, hoy libra una batalla contra los despachos y el papeleo: busca una incapacidad total: �Espero un cambio de departamento o una reducci�n de jornada, pero la burocracia es una gran enemiga�.La endometriosis le arrebat� a Lorena el control de su cuerpo. �Este a�o ten�a otros planes para m�. Hay d�as que tengo que escoger entre ducharme o hacer la comida. La operaci�n m�s dif�cil fue la �ltima: no sab�a si despertar�a sin un ri��n o quiz� con una sonda para siempre. Tambi�n se plante� la posibilidad de quitarme el �tero, pero lo reconstruyeron con mi propia vejiga�. Al final, Lorena —que aprovecha los d�as buenos para escaparse a caminar por la playa— no perdi� ning�n �rgano, pero s� tom� una decisi�n irreversible: renunci� a la maternidad. �Me dio mucha rabia porque no fue mi elecci�n, sino de la enfermedad�.En el presente, Mar�a depende de un tratamiento para poder respirar, v�ctima de un enemigo silencioso que termin� por invadir sus pulmones. �A veces me siento como si tuviese 80 a�os, porque al andar pocos metros me falta el aire�, reconoce. M�s all� del deterioro f�sico, hay una inquietud que la persigue: �Quiero ser madre. Mi mayor miedo es no saber si alg�n d�a lo conseguir�. Creo que es la primera vez que lo verbalizo�.Mientras que Laia se despide con una consigna determinante: �Tenemos que seguir luchando por el derecho a no vivir con dolor�.
El calvario de vivir con endometriosis: "No recuerdo un solo momento sin dolor"
«�Est�s abortando?» Esa fue la primera pregunta que Mar�a Medina escuch� al llegar a urgencias con una hemorragia interna en 2022. Cada minuto contaba. Entr� al...









