El resto es discutible, pero el artículo publicado esta mañana por Maia Jastreblansky, que trabajaba en La Nación y ahora está en Infobae, me dio mucho en qué pensar. La nota describe la intimidad del Gobierno y admite el creciente desconocimiento sobre el verdadero malestar social, señalando que el presidente atraviesa momentos en los que prefiere aislarse por completo y estar solo. Fuentes cercanas al entorno oficialista revelaron que Javier Milei tiene ciclos: momentos en los que se mete muy para adentro, incluso distanciándose de aquellos que integran su círculo más íntimo. Estamos ante la descripción de un presidente profundamente aislado, capaz de pasar diez días sin asomarse a la vereda. Esta conducta ya había sido mencionada hace un par de semanas por otros analistas, como Jorge Liotti, y terminó alimentando especulaciones de todo tipo sobre su estado general. La bola de nieve creció a tal punto que el propio vocero presidencial —un personaje bastante insólito— tuvo que salir a aclarar públicamente que el mandatario se encontraba en perfectas condiciones y que los propios gendarmes eran testigos de su buen humor. Escuché también el comentario de que el presidente utiliza este encierro para escribir un libro. Por lo general, los mandatarios escriben libros cuando dejan la gestión, no mientras ejercen la primera magistratura. Redactar una obra requiere tiempo, desconexión, apagar el teléfono y cerrar la puerta; un nivel de abstracción que resulta difícil de conciliar con las urgencias de un país.