Cada verano, los acantilados de Huashan reciben lluvias monzónicas, humedad extrema y temperaturas que superan los 40 °C, mientras dos o tres tifones castigan cada año esta zona del sur de China.

Para unas pinturas expuestas al aire libre desde hace más de 2.000 años, el escenario parece poco amable con cualquier pigmento, pero buena parte del rojo continúa adherida a la caliza a decenas de metros sobre el suelo. Esa resistencia, casi cabezona frente al clima, ha llevado a estudiar de qué estaba hecha la pintura y cómo logró permanecer allí.

La sangre creó una barrera mineral sobre la roca

El estudio publicado en Journal of Archaeological Science atribuye esa conservación a un aglutinante elaborado con mortero de cal y sangre, capaz de fijar el pigmento rojo a la roca mediante una estructura mineral. Los investigadores de la Universidad de Shandong concluyeron que las proteínas de la sangre participaron en la formación de carbonato cálcico alrededor de las partículas de pigmento. El resultado fue un material orgánico y mineral que quedó unido a la superficie de caliza y protegió la hematita durante siglos.

La elaboración de estas figuras exigía algo más que subir materiales por paredes escarpadas, porque el nuevo análisis señala un conocimiento técnico preciso en la preparación y aplicación de la pintura. Los artistas tenían que preparar el aglutinante, incorporar el material orgánico y extender el pigmento cuando el mortero aún conservaba parte de su humedad.