AnálisisEn el barrio Jardín, uno de los más afectados por el terremoto, las familias viven en las casas con riesgo de colapso. Doña Mercedes y don Jhonson, dos de los afectados por el terremoto que siguen viviendo en sus casas averiadas Foto: Juan Pablo Rueda /EL TIEMPOPERIODISTA JUDICIAL20.08.2026 07:49 Actualizado: 20.08.2026 07:49 20.08.2026 07:49 Actualizado: 20.08.2026 07:49

En el barrio Jardín, en la Comuna 6 de Buenaventura, la gente se habituó a ver la vida de sus vecinos porque buena parte de las casas está sin fachada. El terremoto del pasado 10 de agosto sacudió el terreno fangoso en el que cientos de familias construyeron, desafiando las leyes de la física, y, como un acto de misericordia, los dejó con una parte: la cocina, el baño o el patio. Buscando aprovechar ese espacio, las personas mudaron sus camas, armaron debajo de carpas cocinas improvisadas y siguieron con su vida. “Sí vinieron los ingenieros a revisar los daños pero, una semana después, no nos han dicho nada”, le dijo a EL TIEMPO uno de los habitantes. Todas tienen riesgo de colapso. Muchas de las grietas tienen el grosor de un libro y algunas de las columnas de soporte tienen joroba. El barrio se hizo de forma empírica en una loma que está a metros de la marea del Pacífico, lo que hace al terreno inestable. Vivir allá, si antes era un riesgo arquitectónico, ahora es un deporte extremo. Luis Fernando Flórez contó cómo perdió a su madre, una odontóloga en el barrio Jardín Foto:Juan pablo rueda / el tiempoDoña Mercedes Cárdenas, una mujer de 78 años, vive en el segundo piso de una de esas casas. Llegó a Buenaventura cuando tenía 16 años, se casó, ahorró para comprarse un lote y construyó una casa con dos apartamentos en el primer piso para arrendarlos y asegurar su ingreso. Tras el terremoto, no solo su casa y el trabajo de toda una vida quedaron pendiendo de un hilo, sino que también se quedó sin sustento porque sus inquilinos se fueron. “¿Quién va a pagarme algo por eso?”, se pregunta mientras señala las grietas de los apartamentos del primer piso que quedaron recostados hacia el vacío, con una ranura de varios centímetros entre el andén y la entrada. Su esposo, don Johnson, dejó medidores en las grietas con el número de centímetros y los revisa sagradamente todos los días para ver si la casa ha cedido. “Gracias a Dios no se ha movido un solo milímetro”, dice con alivio. Hoy la pareja de esposos ruega por una ayuda de las autoridades para que le den un subsidio de arriendo o los reubiquen en un lugar seguro. De lo que sí está convencida es que no quiere irse a uno de los más de 50 albergues que se instalaron en la ciudad porque temen que le roben “lo poquito que tienen”. Mientras tanto, duermen allí, vestidos y con los zapatos cerca, por si la tierra vuelve a crujir. Unas cuadras más allá, vivía la odontóloga Patricia Correa, a quien le decían con cariño ‘la doctora’. Murió abrazada a su esposo, cuando el techo y la plancha del segundo y tercer piso en el que vivían les cayó encima. Él sobrevivió con algunas heridas, que terminan siendo leves comparadas con el dolor de perder al amor de su vida. Doña Mercedes muestra una de las grietas de su casa, en Buenaventura, tras el terremoto Foto:Juan pablo rueda / el tiempoEl 13 de agosto cumplirían aniversario de casados e iban a celebrar por lo alto. Tenían tiquetes comprados, pero el mismo 10 de agosto Patricia murió y los días posteriores su esposo ha tenido que lidiar con el duelo y las obras para recuperar su casa, en donde continúa viviendo en el primer piso, el único que quedó en pie. "Yo fui muy consciente desde el momento en que me cuestioné y dije: '¿Por qué ella no habla? ¿Por qué no hace nada?'. Entonces me agaché y la miré. El rostro que ella me mostró en ese momento fue el que me hizo entender que ya no era mi mamá, que Dios ya la había llamado. Al menos así lo sentí yo", contó Luis Fernando Flórez, su hijo.Luis Fernando, así como los demás vecinos del barrio, recuerdan a la 'doctora' como una gran madre, hermana y amiga. "Siempre ayudó a quien pudo. Para nosotros, como familia, nunca hubo un problema sin que ella buscara una solución. Como hijos, siempre fue la mejor mamá del mundo", dijo.Y concluyó que eso es lo que hoy le da \"fuerza\" para sobreponerse a una tragedia que, en un minuto y medio, le arrebató a su mamá, su casa y dejó en ruinas un barrio donde, cuenta, viven cinco familias del mismo núcleo familiar.Sara Valentina Quevedo Delgado y Juan Pablo RuedaEnviados de EL TIEMPO en Buenaventura Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.