La carrera de la inteligencia artificial es, en realidad, la suma de muchos sprints. Está el de los modelos generativos, que mejoran cada día su capacidad para crear textos, imágenes o videos; el de los chips, que lleva al límite la ingeniería para conseguir procesadores cada vez más potentes; o el de la ciberseguridad, con inteligencias artificiales capaces de detectar y explotar vulnerabilidades por sí mismas. Pero hay otro que hasta ahora se había movido entre la ciencia ficción y la realidad y que estos meses está cayendo definitivamente del lado de la segunda: el de los robots humanoides.
China tiene ventaja en ese tramo. Si EE.UU, lidera en chips, software e inversión de capital riesgo, el gigante asiático es la mayor potencia mundial en robótica industrial. Su enorme capacidad de fabricación de electrónica y vehículos eléctricos, unida a un gigantesco mercado interno y a una política de subsidios impulsada por Xi Jinping, creó un ecosistema especialmente favorable para desarrollar humanoides. Este mismo miércoles debutó en la bolsa de Shanghái Unitree Robotics, con una subida del 460% respecto a su precio de salida, muestra del interés por esta nueva rama de negocio. Pekín confía además en que estas máquinas ayuden a afrontar el envejecimiento de su población y, con el tiempo, puedan tomar el relevo de los trabajadores humanos en las fábricas.












