Durante siglos, la caza redujo de manera drástica al íbice de los Alpes, una especie de cabra salvaje que habitaba las montañas europeas. A comienzos del siglo XX, la situación era crítica: quedaban alrededor de 100 ejemplares concentrados en una única población del Gran Paradiso, en el norte de Italia.

Lo que ocurrió después fue considerado uno de los mayores éxitos de conservación de un gran mamífero europeo. A través de programas de protección, cría y reintroducción, la especie volvió a ocupar buena parte de su antiguo territorio en los Alpes.

Hoy se estima que existen unos 50.000 ejemplares, distribuidos por distintos sectores de la cordillera en países como Italia, Suiza, Francia, Austria, Alemania y Eslovenia. Pero el aumento de la cantidad de animales escondió durante años un problema mucho más difícil de observar: el estado de su diversidad genética.

El Gran Paradiso fue el último refugio de la especie. La creación de una reserva real en la zona y las medidas contra la caza permitieron que aquella pequeña población comenzara a recuperarse.

Cuando el número de animales aumentó, los especialistas encontraron una oportunidad para devolver el íbice a otros sectores de los Alpes.