De la muestra en Vitoria sobre los grabados de Francisco de Goya se podrá decir que exposiciones sobre estas piezas las ha habido antes y las habrá después. Pero también se puede señalar que en el Museo de Bellas Artes de Álava están reunidas las cuatro grandes series de grabados del artista aragonés y que algunas de las estampas pasaron por sus manos. Que la muestra, bajo el título Fantasía y Razón, es una joya fuera de los grandes circuitos museísticos del país. Por supuesto, es obligado mencionar que la exposición evidencia la radical contemporaneidad de la mirada de Goya —¿quién no ve Gaza o Ucrania en la serie Desastres de la guerra?— y que uno no sale intacto de su visita. Y en el caso concreto de esta muestra de Vitoria, también hay que contar que las más de doscientas láminas que se exponen son el millón y medio de euros con el que se saldó parte de la deuda fiscal de uno de los empresarios vascos totémicos del pasado siglo en el País Vasco. Empecemos por ahí. Juan Celaya, Juanito Zelaia para los más cercanos, nació en Oñati en 1920. De familia nacionalista y padre exiliado en Chile tras la Guerra Civil, Celaya se hizo un nombre en la empresa vasca cuando se incorporó en 1959 a la firma que su padre y otros dos industriales guipuzcoanos, Emparanza y Galdós, habían creado para fabricar paraguas. En Euskadi llueve lo suficiente como para ganarse la vida haciendo paraguas, pero estos visionarios pronto cambiaron a otro producto que les hizo ricos: las pilas que se vendían como churros para poder escuchar los transistores de radio repartidos por cada rincón del país. Los más viejos del lugar quizás recuerden la marca de pilas Tximist (rayo en euskera), aunque a principios de los ochenta Celaya, a regañadientes, cambió su nombre a Cegasa, una denominación más vendible en los mostradores de España.En los años sesenta del pasado siglo, Celaya y otros muchos empresarios que desarrollaban su actividad en los angostos valles de Gipuzkoa fueron mudándose a Vitoria, donde las autoridades les ofrecían suelo barato y ventajas fiscales. Miles de trabajadores llegaron del resto de Euskadi y España para trabajar en sus fábricas. Vitoria se descolgó el sanbenito de ser una ciudad de curas y militares. Celaya recaló en Vitoria en 1964, pero poco después levantó su hogar en el cercano, y hoy despoblado, Larrinzar. Fue allí, en un caserío junto a 500 ovejas, donde fue forjando la colección de arte de la que proceden los grabados de Goya, mientras impulsaba otros proyectos empresariales y causas como el apoyo a las ikastolas o la primera expedición vasca al Everest. Celaya murió en 2016 a los 95 años de edad tras ver cómo la Gran Recesión y la competencia asiática golpeaban a Cegasa. Falleció soltero y sin descendencia. La colección de arte que había atesorado en vida pasó a manos de la Fundación Juan Celaya, que el propio empresario había creado años antes, pero en la herencia que recibió la fundación había una sorpresa: una deuda millonaria contraída con la Hacienda de la Diputación Foral de Álava. La salida fue intentar pagar esa deuda con obras de arte, una fórmula permitida por la normativa fiscal alavesa, pero que solo se aplica “en casos excepcionales”, explican fuentes del fisco alavés. Se puede pagar en especie, pero tiene que ser de un interés “superior” para la Diputación. Y en este caso lo era.“El criterio suele ser, primero, relacionarlo con las propias colecciones; tiene que ser algo que ayude a complementar aquellos huecos de la colección que sería imposible conseguir de otra manera”, explica Sara González de Aspuru, directora del Museo de Bellas Artes hasta hace unos días y que se ha jubilado después de 41 años en la pinacoteca. Y la colección de Celaya, gestada a partir de sus gustos personales, tenía un poco de todo, con aciertos y desaciertos, pero, además de los grabados de Goya, destacaban las obras de pintores vascos como Eduardo Zamacois o Ignacio Díaz de Olano. “Una colección de pintura vasca muy buena y de mucha calidad”, explica Gorka Basterretxea, asesor artístico de la fundación. La estrella es el Tríptico de la guerra de Aurelio Arteta. Consejo: Si van al museo a ver los grabados de Goya, cuando suban al piso de arriba a contemplar la serie Caprichos, echen la mirada atrás y al fondo verán la monumental obra apodada como el otro Guernica. “Y luego, una cuestión muy importante es que tengan rendimiento cultural. Lo que no tiene sentido es meter todo en unos almacenes y ya está”, dice González de Aspuru señalando los grabados de Goya. González de Aspuru es escéptica respecto a las virtudes de mostrar los fondos completos a través de internet: “Soy una defensora de ver las obras en directo. De estar delante, de pensar, de concentrarte. Creo que es como se consiguen los mayores matices. Y con estas cuatro series de Goya creo que lo vamos a conseguir”. Y otra razón más: “Desde 2019 no hay presupuesto para adquisiciones y, en general, las cantidades que se destinan a compras son mucho más reducidas”. Tras los informes y las valoraciones preceptivas, se le dio luz verde a la operación y en 2022 se hizo efectiva la dación en pago: 4,3 millones de euros en obras de arte, entre ellas, los grabados de Goya.La exposición de Goya del Museo de Bellas Artes de Álava ofrece algunos obsequios casi imperceptibles, como el color cobre de los paneles explicativos, un guiño a las planchas con las que se realizaron las estampas. Y también un cuadernillo que se entrega a todos los visitantes con textos de José Manuel Matilla, del Museo Nacional del Prado, uno de los grandes expertos en Goya. “La vigencia de la mirada de Goya sobre la esencia del ser humano y su comportamiento en sociedad es una de las razones por las que su obra sigue siendo un referente para los hombres y mujeres de hoy”, escribe Matilla. En la serie Caprichos, Goya arremete contra la ignorancia, los vicios del clero o los abusos del poder. En Desastres de la Guerra encontramos, en palabras de Matilla, “una de las mayores y mejores expresiones artísticas sobre la violencia y sus consecuencias”. En Tauromaquia, la fiesta de los toros se aleja de los tópicos y “mantiene una actitud crítica frente a la violencia de la fiesta”. Y en Disparates aparece un “mundo nocturno, disparatado y aparentemente sin sentido” sobre el que se acumulan las interpretaciones. La exposición estará abierta hasta febrero. Si pasan por Vitoria, pregunten por Ajuria Enea, el Museo de Bellas Artes de Álava está justo enfrente, en un palacio que se construyó con el capital de un esclavista alavés en Cuba, pero esa es otra historia.
De Hacienda al museo: Álava expone los grabados de Goya con los que cobró una deuda fiscal de un empresario
Más de 200 láminas del artista aragonés se muestran hasta febrero en el Museo de Bellas Artes de Vitoria






