Richard Ford acaba de publicar en castellano su breve libro ‘Las palabras sencillas’, en el que se interroga ahora, sorprendentemente, acerca de si sus obras no serían también políticas

No recuerdo si fue el propio Richard Ford o uno de los personajes de alguna de sus novelas quien aguardó tranquilamente a que su hermana tomara asiento frente a la mesa del bar a que habían concurrido. Ford, o quien sea, se notaba bastante saludable, pero la mujer que lo acompañaba padecía visiblemente de un cáncer terminal. En esas circunstancias, o sea, cuando ambos se encontraban en el bar, la mujer pedía invariablemente un martini doble, dejándolo largo rato sobre la mesa, sin tomarlo, sin probar siquiera un sorbo, solo mirándolo fijamente

¿Qué quieren que les diga? La imagen literaria de esa mujer me transmite hasta hoy un profundo sentido de humanidad, incluso después de algunas horas en que los dos hermanos permanecían en el lugar. La comunicación entre ambos era total, si bien limitaba a un intercambio de muy pocas palabras. Nunca supimos de una conversación en forma entre ellos. Él decía algo trivial y ella no hacía más que mantener fija su atención en la copa siempre sin vaciar. Ni siquiera tomaba la aceituna de su trago, sin tocarla ni llevársela a la boca. Se estaba allí quieta, en silencio, mientras el hermano, según imagino, bebía lo suyo. Este aceptó incluso que el mozo le repitiera el trago, mientras el garzón miraba de reojo el martini sin beber que, invariablemente intocado, continuaba sobre la mesa.