La relación entre Argentina y Brasil ha sido, durante los últimos 40 años, un pilar de la estabilidad política y la integración sudamericana.

Consolidada con la creación del Mercosur y profundizada en 2005, cuando ambos países rechazaron juntos el Área de Libre Comercio de las Américas impulsada por Washington, funcionó siempre bajo una lógica de pragmatismo de Estado, más allá de las diferencias ideológicas.

Esa tradición se quebró el 25 de julio en Sao Paulo cuando el presidente argentino, Javier Milei, insultó públicamente a su homólogo, Inácio Lula da Silva, y a un juez de la Suprema Corte brasileña.

Agravios desde Sao Paulo, mientras apoyaba a los BolsonaroMilei viajó a Brasil para participar en la convención nacional del Partido Liberal, el espacio donde el derechista Flávio Bolsonaro oficializó su candidatura presidencial para las elecciones de octubre.

Fue allí que el mandatario argentino habló ante los votantes opositores al gobierno de Lula da Silva en apoyo a su antagonista, el hijo de Jair Bolsonaro.