La relación de la Argentina con Brasil quedó a un paso de la ruptura. Los insultos de Javier Milei a Lula da Silva y al ministro del Superior Tribunal Federal Alexandre de Moraes produjeron un malestar importante en Brasilia. Ese malestar se expresó en el llamado a consulta al embajador brasileño Julio Bitelli. Este embajador es un viejo conocedor de la Argentina, en la que presta servicios por tercera vez. Ha sido, por temperamento y profesionalismo, la figura ideal para administrar un vínculo siempre en estado de tensión por la antipatía entre los presidentes y por el carácter explosivo de Milei. Existe un antecedente de este entredicho: el llamado en consulta del Gobierno de Pedro Sánchez a la embajadora de España en Buenos Aires, que nunca más regresó. Fue también por la participación de Milei en actos de la oposición al gobierno socialista con insultos al primer ministro y a su esposa. Se supone que por la proximidad y la estrechísima trama de intereses en común, los brasileños no retirarán a su embajador.Un factor que complica más la resolución de este conflicto tiene que ver con el estilo del gobierno argentino. No hay nadie que se atreva a moderar a Milei en sus explosiones emocionales. No lo ha hecho su hermana. No se anima a hacerlo el canciller Pablo Quirno, quien es más bien un entusiasta del encontronazo. ¿Qué papel ocupará Diego Santilli en su nueva función? ¿Asumirá el riesgo de recomendar que las cosas se encarrilen? Milei viajó a sumarse a la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro en Brasil. Es el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que está tras las rejas por una causa en la que fue acusado de promover el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023. Milei había intentado visitar a Jair, pero el juez Moraes restringió las visitas al expresidente. Milei, que habló en el estadio Pacaembú, donde era consagrada la candidatura de Flávio Bolsonaro, envió un mensaje enfurecido: llamó al magistrado “basura calva”. Después recordó que cuando Lula da Silva estaba preso se permitían las visitas. Entre ellas, la del “impresentable expresidente Alberto Fernández”.Desde Brasil comenzó un rosario de respuestas a Milei. La más importante fue la de Luiz Edson Fachin, el presidente del máximo tribunal, quien le pidió que tuviera respeto por las instituciones brasileñas. También el presidente del PT, partido gobernante, Edinho Silva, sostuvo que es inadmisible que un presidente extranjero visite el país para tratar de manera irrespetuosa a sus autoridades legítimas.Milei habló también en contra de Lula, tratándolo de “totalitario”, “ladrón” y “presidiario”. Hizo algo tal vez más hiriente: dijo que, así como en la Argentina existe un “riesgo kuka”, en Brasil existe el riesgo Lula, que se verifica en el mercado de acciones. Lula es candidato a la reelección. Según las últimas encuestas registra una intención de voto del 48%, contra 43% de Bolsonaro (h).La controversia de Milei con Lula tiene muchos antecedentes. La novedad en este caso fue haber incluido en sus insultos a un juez de la Corte. La contradicción arrancó cuando Lula visitó a Joe Biden y le dijo que “en la Argentina peligra la democracia”. No mencionó a Milei, pero Milei estaba encabezando las encuestas. Esta intervención se completó con la incorporación a la campaña de Sergio Massa del equipo que había dirigido el proselitismo del propio Lula. Milei interpretó que ese equipo había sido enviado por Lula.El presidente brasileño ya había participado de campañas argentinas. Sobre todo de la de Daniel Scioli en 2015: Lula se paseó por el conurbano con el candidato y con Cristina Kirchner, por entonces presidenta, con la excusa de que Scioli estaba inaugurando unidades de primeros auxilios imitadas de las que existían en Brasil. Scioli fue después embajador ante el Gobierno de Lula y siguió más tarde representando a la Argentina ente el de Bolsonaro. A su estilo, cambió de amigos según la época. Esos vínculos del kirchnerismo siguieron con la visita de Fernández a Lula en la prisión. El expresidente argentino se incorporó a una lista simbólica de abogados de Lula. E hizo gestiones delante del papa Francisco para que denuncie una operación de lawfare contra el brasileño, iniciativa que el Papa aceptó.Una vez que llegó al poder, Milei tuvo una y otra vez expresiones agraviantes para con Lula. Sólo se pudieron atenuar con rachas de silencio impuestas por enormes esfuerzos diplomáticos. Lula se dio algunos gustos, discretos. En plena campaña de Milei en contra de Paolo Rocca, se mostró con el líder de Techint, que inauguraba una escuela técnica de las que suele crear esa organización, en una barriada popular de Rio de Janeiro.Sería un error entender que la jugada de Milei en Brasil fue un episodio más en una muy tensa relación bilateral. Forma parte de un movimiento internacional más amplio. En principio, sirve de eco a actitudes similares de Donald Trump, quien viene interviniendo en la política doméstica brasileña de manera muy desinhibida. Cuando los jueces del máximo tribunal estaban por imputar a Bolsonaro, él subió los aranceles a los productos brasileños que se importan en los Estados Unidos y explicó que lo hacía para vengar a su amigo. En el tramo actual de la campaña también participa, empezando por haber recibido al candidato Flávio Bolsonaro para una especie de pequeño acto de campaña montado en el Salón Oval.En Brasil existe un debate sobre el costo de esta afinidad. Desde el PT denuncian que el auspicio de Trump a Bolsonaro supone varias contraprestaciones si la derecha recupera el poder. La más importante: un endurecimiento de las relaciones con China. También una política muy concesiva en el acceso a la minería para empresas estadounidenses, sobre todo de tierras raras. Además, el ingreso con arancel cero de etanol norteamericano al mercado brasileño, lo que sería una concesión muy dañina para un sector importantísimo de la economía del país sudamericano.Este lunes el tablero tuvo una ampliación muy significativa: el gobierno de China se manifestó con una declaración de Xi Jinping a favor de Brasil. Reivindicó su derecho a no tolerar intervenciones externas y elogió su papel en el equilibrio regional y mundial. En Pekín registran con claridad que en este conflicto interno entre dos líderes del Mercosur se juega una disputa por la influencia de dos grandes potencias en América Latina. Los Estados Unidos y la propia China. No hay que olvidar que los brasileños son socios de los chinos en el club de los BRICS, al que la Argentina de Milei decidió no ingresar.Una pregunta pragmática se refiere a lo que le conviene a Milei: si el Gobierno de Brasil pasa a estar en manos de la ultraderecha, eso mejora o empeora su monto de poder en la región. Una respuesta más o menos obvia es que el peso relativo de Milei depende de que el gigante brasileño no quede bajo el mando de un seguidor de Trump como él.Milei se suma a esta orientación del bolsonarismo que forma parte de un plan más amplio: armar una liga de gobiernos de derecha que tengan un doble sello de identidad casi explícito: pro-Trump, anti-Lula. Fue una iniciativa formulada por Santiago Caputo, que tendría un intento de realización en estos días en que Milei viaja a Perú, para la asunción de Keiko Fujimori, el martes próximo. El 7 de agosto estará en Colombia para reunirse con el flamante presidente Abelardo de la Espriella. Aunque carece todavía de fecha, Milei prevé viajar también a Ecuador para verse con Daniel Noboa.La gran incógnita a despejar es cuál podría ser el efecto de “importar” la política de otros países a la escena local. Es decir, qué consecuencias tendría para Milei un triunfo de Lula en las elecciones brasileñas de octubre, o uno del partido Republicano en las elecciones de noviembre en los Estados Unidos. Más inquietante es la pregunta por las consecuencias de una derrota en ambos casos, que es lo que vienen profetizando los estudios de opinión. Un detalle sugerente: Milei tenía dos viajes previstos a los Estados Unidos para participar de actos multitudinarios. Uno por el 4 de Julio y otro por la clausura del Mundial de Fútbol. En ambos casos prefirió suspender y se sospecha que puede ser para evitar silbidos por su simbiosis con Trump.