<b>Para disfrutar de una noche con amigos, Matt podía beber hasta sentirse mal.</b>Si no lo hacía, este joven de 22 años del norte de Inglaterra pasaba la noche en silencio, aterrorizado ante la idea de decir algo inapropiado.Empleado de un almacén, Matt cuenta que sentía que era imposible participar en las conversaciones que, al parecer, todos los demás disfrutaban.Hace dos años, cambió las cervezas por medicamentos que requieren receta médica y que descubrió a través de las redes sociales.Mientras se prepara para salir un viernes, Matt (nombre ficticio para proteger su privacidad) toma un medicamento que compra ilegalmente en línea y que generalmente se usa para tratar la epilepsia y el dolor neuropático.También consume un betabloqueante diseñado para disminuir la taquicardia y relajar los músculos temblorosos (síntomas físicos de la ansiedad).Dice que le produce los efectos del alcohol, pero sin la resaca.“La cantidad de alcohol que hay que beber para conseguir los mismos efectos es realmente perjudicial y no sienta bien”, dice.Matt explica que las drogas que toma le producen una sensación de “euforia”, calman su ansiedad y facilitan la interacción social.Sin embargo, los expertos advierten que consumir estos fármacos sin supervisión médica y en dosis elevadas puede ser peligroso y, en algunos casos, mortal.El uso prolongado también puede generar dependencia; quienes los consumen llegan a depender de ellos para cualquier situación social.