El 24 de junio, dos grandes sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, sacudieron Venezuela con apenas unos segundos de diferencia. A finales de julio, un terremoto de magnitud 7.1 golpeó el sur de Japón. El 10 de agosto, otro de magnitud 7.4 se registró en Colombia.

Apenas cinco días después, un sismo de magnitud 7.7 sacudió la isla de Flores, en Indonesia. Poco después, la tierra volvió a temblar, esta vez en Granada (España), aunque por un terremoto de magnitud 4.8, muy inferior a la de los anteriores.

El 18 de agosto, tres nuevos sismos de magnitudes 4.8, 4.2 y 4.0 han afectado nuevamente a la región andaluza.

Ante una sucesión así, es fácil pensar que algo está ocurriendo a escala planetaria. ¿Estamos atravesando una época de mayor actividad sísmica?

La respuesta corta es que no tenemos evidencias de que la Tierra atraviese una fase de mayor actividad tectónica global. El hecho de que varios terremotos grandes coincidan en pocas semanas puede resultar llamativo, pero la proximidad temporal no implica que estén físicamente relacionados.