“Dan por hecho que mi ambición es el cargo. O que mi ambición es un título o un asiento. Pero mi ambición va mucho más allá de eso. Mi ambición es cambiar este país”

La congresista Alexandria Ocasio-Cortez pronunció estas palabras con lentitud, deliberación y firmeza. El público, que abarrotaba los asientos de la capilla del Rockefeller Memorial de la Universidad de Chicago, estalló en un aplauso espontáneo. Esto ocurrió el pasado mes de mayo. En los tres meses transcurridos desde entonces, las especulaciones sobre las ambiciones de Ocasio-Cortez —tanto para personales como para Estados Unidos— no han hecho más que intensificarse.

Tanto amigos como adversarios se preguntan si las circunstancias son las adecuadas para que la congresista neoyorquina se postule en la carrera presidencial para las elecciones de 2028. Señalan que los votantes están furiosos con el sistema —incluida con la envejecida cúpula del Partido Demócrata— y que están ansiosos por un cambio. Además, también recuerdan que los progresistas que han abogado por la justicia económica y la sanidad universal han logrado durante el último año una serie de victorias contundentes en las elecciones a diferentes alcaldías del país y en las primarias al Congreso.