Publicidad15 de agosto, 2026 - 12h00En las montañas de Colta, el anaco dejó de ser solamente una prenda cotidiana para convertirse en parte de la indumentaria con la que Yanna Guillín Yuquilema corre, asciende y compite. La corredora de trail y guía de montaña encontró en esta vestimenta una manera de unir el deporte con la historia de las mujeres que vio trabajar la tierra desde que era niña. Ahora se prepara para enfrentar sus primeros 40 kilómetros en montaña en Colombia.A sus 29 años, Yanna lleva tres años corriendo. Antes de descubrir el trail running, la montaña ya formaba parte de su vida, aunque desde el turismo y el trabajo como guía. Nació en Riobamba y vivió allí hasta los 8 años. Su padre, originario de Colta, compró un terreno en ese cantón y llevó a toda la familia a vivir allí. Desde ese momento, creció en un entorno marcado por el turismo, la naturaleza y las tradiciones de su comunidad.Se formó en Otavalo como tecnóloga en Administración de Empresas Turísticas. La elección tenía una razón concreta: ayudar a su familia a sacar adelante el proyecto turístico que su padre había intentado construir.PublicidadDespués de graduarse, regresó a Colta. Allí descubrió que el turismo le gustaba, pero que había una parte de ese oficio que le atraía especialmente: estar en las montañas. Comenzó a trabajar como guía y, a través de sus compañeros, conoció el trail running.No había antecedentes deportivos en su familia. Nadie cercano practicaba esta disciplina y, al principio, ella tampoco tenía interés en hacerlo. Sin embargo, comenzó a observar a sus compañeros guías y a otras personas que se reunían en Riobamba para correr por senderos y rutas de montaña. Así llegó a la Escuela de Trail Running.No tuvo que esperar demasiado para probarse en una competencia. Apenas unas dos semanas después de su primer entrenamiento con el grupo, participó en el Altar Reto Trail, una carrera conocida en Chimborazo. Aquella primera carrera ocurrió hace casi tres años. Yanna calcula que entonces tenía entre 25 y 26 años. Sin una preparación específica, terminó sexta en su categoría. El resultado fue suficiente para entender que aquella experiencia podía convertirse en algo más.PublicidadPublicidadPoco a poco, la montaña empezó a tener otra dimensión. Ya no solo era el lugar al que llevaba a otras personas, sino también el escenario donde ella se medía consigo misma.Yanna siguió entrenando por cuenta propia dos o tres veces por semana y complementaba las sesiones con sus actividades de montaña. Así llegó a sus primeras competencias internacionales: en Perú participó en Amancay, de Perutrail Series, donde fue octava en su categoría.Después viajó a Bolivia para visitar a su hermana, quien la inscribió en el Extreme Trail Running 2026, en la cordillera del Tunari, a más de 5.000 metros de altitud. Yanna completó un recorrido de alrededor de 32 kilómetros, que finalmente se extendió a unos 34, y fue la única mujer en terminarlo en su categoría.Actualmente entrena con Ecuadoruns. Pasó de dos o tres sesiones semanales a hacerlo diariamente, con un día de descanso. También cuenta con apoyo fisioterapéutico y su próximo objetivo es Salento Trail, en Colombia, donde espera correr sus primeros 40 kilómetros de montaña.Asimismo, la montaña se convirtió así en su espacio de competencia. Pero hubo algo que permaneció en ambos mundos: el anaco.Yanna lo empezó a usar para guiar y, al conocer a las cholitas bolivianas que hacen cumbres con sus polleras, pensó que ella también podía llevar su vestimenta tradicional a las competencias: “Si ellas pueden hacer cumbres con su pollera, yo por qué no voy a poder guiar con anaco”.PublicidadPara competir lo adaptó con ayuda de una tía que confecciona blusas indígenas. Buscaron una tela ligera, de secado rápido y semimpermeable y ajustaron la blusa para evitar roces. Así, la prenda mantiene su esencia y se adapta a las exigencias de una carrera de montaña.Para Yanna, correr con anaco representa “la fuerza de la mujer indígena quichua que creció y vive en el campo”. Ese significado viene de su infancia, pues creció rodeada de mujeres que sembraban, cosechaban y trabajaban la tierra con esta vestimenta. Recuerda que, de niña, acompañaba a sus amigas a las lomas donde cultivaban cebada y quinua y veía a las mujeres cargar sus cosechas con anaco.Por eso, llevarlo a las competencias es también una forma de reconocer esa fortaleza: “Siempre hemos estado haciendo lo que tenemos que hacer, sin poner pretextos, haciéndolo con anaco y nunca ha sido necesario quitárnoslo para poder lograr nuestras metas”. Además del significado que tiene para ella, Yanna ha visto que su decisión también ha motivado a personas cercanas. Su tía, que durante mucho tiempo no quería correr, comenzó a asistir a los entrenamientos e incluso sale por su cuenta cuando ella no puede acompañarla. Su hermana menor también decidió competir con anaco y ya ha participado en carreras de asfalto con esta vestimenta. (E)
La atleta ecuatoriana Yanna Guillín corre con anaco por las montañas para unir tradición y ‘trail running’
Entre senderos, competencias, podios y montañas, la corredora de trail riobambeña convirtió una prenda tradicional en parte de su identidad como atleta.








