NoticiaEl teniente Carlos Daniel Hernández Uribe, del Batallón de Ingenieros, relata cómo son las labores de búsqueda entre estructuras colapsadas en Cali.Rescatistas del Batallón de Ingenieros del Ejército. Foto: CortesíaSUBEDITOR DE JUSTICA15.08.2026 09:46 Actualizado: 15.08.2026 09:46
La madrugada cae sobre Cali, pero para el teniente Carlos Daniel Hernández Uribe el paso de las horas dejó de medirse por el reloj. Desde que aterrizó en la capital del Valle del Cauca, el lunes 10 de agosto, pocas horas después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Chocó y golpeó varias zonas del Eje Cafetero y el suroccidente del país, ha dormido poco más de tres horas. Su rutina transcurre entre concreto fracturado, estructuras inestables, herramientas, perros de búsqueda y familias que permanecen cerca de los lugares donde quedaron atrapados sus seres queridos.Tiene 28 años y pertenece al Batallón de Ingenieros de Atención y Prevención de Desastres N.° 81, con sede en Malambo, Atlántico. Es uno de los 174 rescatistas desplegados en las regiones afectadas por el terremoto. La tarea que cumplen tiene dos dimensiones: localizar personas con vida y recuperar los cuerpos de quienes murieron para entregarlos a sus familias.La alerta encontró a Hernández y a sus hombres disponibles en Malambo. No hubo tiempo para preparar una misión de varios días. El pelotón recibió la instrucción, alistó equipos, alistó personal y herramientas y se trasladó hacia una aeronave de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Entre las tres y cuatro de la tarde del mismo lunes despegaron hacia Cali.Rescatistas del batallón de Ingenieros del Ejército. Foto:CortesíaA las 5:30 de la tarde ya estaban en tierra. De allí fueron enviados al Puesto de Mando Unificado y recibieron una primera instrucción: desplazarse hacia uno de los puntos donde la situación requería equipos especializados, la Corporación Educativa Adventista.Lo que encontraron modificó la dimensión de la misión. Parte de una edificación de siete pisos había cedido. Los niveles inferiores quedaron comprometidos y los pisos superiores terminaron sobre la estructura colapsada. Alrededor estaban familiares, vecinos y ciudadanos que buscaban ayudar a quienes estaban en la zona. Para los rescatistas, sin embargo, ingresar sin controlar el área podría sumar nuevas víctimas.“Todo el mundo quería ayudar. Estaba el afán de la gente y la desesperación, pero teníamos que iniciar las cosas de una manera para poder rescatar a las víctimas en las primeras 24 horas”, relata el teniente Hernández quien es comandante de compañía.Fuerte terremoto en Colombia. Foto:SERGIO CÁRDENAS/ EL TIEMPOEl oficial asumió la coordinación de su unidad. Con apoyo de la Policía y los organismos de socorro comenzaron a despejar el perímetro. Después ingresó el componente especializado en búsqueda y rescate en estructuras colapsadas. Un perro entrenado recorrió la zona mientras un dron equipado con cámara térmica sobrevolaba los restos del edificio buscando puntos de calor.Cada señal era marcada. Luego comenzaba otro proceso: asegurar la estructura, apuntalar los sectores que podían ceder y retirar material, en buena parte con herramientas manuales.La cantidad de personas alrededor del lugar dificultó las primeras horas de trabajo. Cerca de la medianoche, cuando fue posible controlar el perímetro, los equipos pudieron avanzar hacia las zonas que habían identificado previamente.De allí fueron recuperadas tres personas sin vida: dos mujeres y un hombre. Para Hernández y sus soldados, esa sería apenas una parte de las jornadas que vendrían.Durante otro procedimiento recibieron una solicitud de apoyo para verificar sectores del Hospital Universitario del Valle. El equipo realizó un sobrevuelo con dron e identificó puntos de calor y transmitió la ubicación a los organismos que trabajaban en el lugar. Allí fueron encontradas con vida una madre y su bebé recién nacido.Rescatistas del batallón de Ingenieros del Ejército. Foto:CortesíaEn medio de jornadas marcadas por la recuperación de cuerpos, encontrar sobrevivientes cambió por unos minutos el ambiente entre quienes participaban en la operación. “Esa es la labor que nosotros desarrollamos: encontrar gente y rescatarla con vida”, dice.Pero hay una búsqueda que el teniente relata desde otro lugar. No desde el rango militar ni desde los protocolos que aprendió para entrar a una estructura colapsada. La cuenta como padre.Su esposa está embarazada y se encuentra próxima a dar a luz. Por eso, cuando un hombre se acercó a pedirle ayuda para localizar a su hijo de 16 años, la historia dejó de ser solamente una operación.“Le voy a hablar como padre de familia que soy. Tengo un hijo, mi esposa está embarazada y ya casi va a dar a luz, y creo que un hijo es lo más bonito que uno puede tener en la vida, es el regalo más preciado”, relató Hernández con la voz entrecortada.El hombre acababa de llegar desde Orlando, Florida. Su hijo había viajado a Cali para entrenar béisbol y se encontraba en un apartamento junto con sus abuelos cuando ocurrió el terremoto. El padre conocía la distribución del edificio y entregó a los rescatistas información sobre el lugar donde posiblemente estaba el adolescente.Labores de búsqueda y rescate en Cali tras el terremoto Foto:Jaiver Nieto ÁlvarezNo apareció durante las primeras horas. Tampoco estaba en una zona de acceso inmediato. Los rescatistas tuvieron que avanzar entre capas de material y retirar escombros manualmente hasta llegar al lugar donde se encontraba.“En el momento que uno ve una persona relaciona todo: el hijo de uno, el hijo de la persona. Es algo que uno no puede esquivar, el sentimiento de un padre, la angustia de recuperar su hijo o de tener la esperanza de que su hijo aún esté con vida. Es algo que a cualquiera, yo creo, le parte a uno el corazón, por más que tenga o no tenga hijos”, dijo el oficial.La búsqueda terminó con la recuperación del cuerpo del adolescente. Para el padre no era el desenlace que había esperado durante las horas que permaneció cerca de los rescatistas. Sin embargo, pudo recuperar a su hijo. En una emergencia en la que cientos de familias continúan esperando información sobre sus desaparecidos, la recuperación de los cuerpos también se convirtió en parte del trabajo de los equipos desplegados en las ciudades afectadas.“La esperanza que tuvo el padre de que nosotros pudiéramos buscarlo, la cumplimos. Está totalmente agradecido. Aunque no fue positiva la noticia, al menos logramos encontrarlo y sacarlo del punto”, expresó el teniente.Hernández reconoce que el hombre conservó hasta el final la posibilidad de encontrar con vida a su hijo. “El papá tenía la esperanza y la esperanza es lo último que uno como ser humano pierde”.Imagen aérea terremoto Cali. Foto:AFPEl terremoto también puso al teniente frente a un escenario que hasta ahora no había enfrentado. Lleva un año en la unidad especializada en atención y prevención de desastres. Había participado en operaciones por incendios forestales y remoción de escombros, pero nunca en una emergencia de esta dimensión.“Es algo que uno no quisiera que se repitiera. Una cosa es verlo en noticias y otra cosa es estar aquí presencialmente. Mi unidad y yo desde el día cero estamos acá. Yo creo que ya llevamos a más de 120 horas dándole; si he dormido tres o cuatro horas en todo este tiempo, es mucho”, contó el uniformado.Durante esos días, dice, la ciudad también terminó incorporándose a la operación. Habitantes han llevado comida e hidratación y han facilitado herramientas, vehículos y maquinaria para que los equipos puedan continuar entrando a los puntos de búsqueda.En el terreno, Hernández ha debido tomar decisiones sobre cuándo ingresar, dónde intervenir y qué riesgos asumir. Aunque es el comandante, explica que parte de esas determinaciones nacen de escuchar a los soldados que llevan más tiempo trabajando en este tipo de escenarios. “Yo siempre me baso en algo: aunque uno es comandante, primero debe ser un líder. Tengo soldados muy capacitados, soldados muy experimentados. Lo primero que hice fue una formación con ellos. Me dejé orientar, me dejé aconsejar. Aunque yo soy el que toma las decisiones para poder ingresar, no solo es la parte técnica, sino la parte de la experiencia”.Terremoto en Colombia. Cali fue una de las ciudades más afectadas. Foto:Samir RojasHasta el momento de su relato, su grupo había recuperado nueve víctimas y localizado otras dos. Entre las personas encontradas por los equipos en los procedimientos en los que participaron hubo una sobreviviente.Detrás de esas cifras están jornadas que se prolongan durante la madrugada, relevos entre equipos y búsquedas en las que cada movimiento debe hacerse evitando que los restos de una estructura vuelvan a ceder.La misma tarea se repite en otros puntos de la región con los 174 rescatistas desplegados tras el terremoto. Algunos buscan sobrevivientes. Otros avanzan hacia lugares donde las familias llevan días esperando recuperar un cuerpo. Para Hernández, esa diferencia no elimina el sentido de la misión.Después de más de 120 horas, el teniente sigue entrando a los escombros. Afuera continúan esperando las familias. Para algunas, la espera mantiene abierta la posibilidad de un rescate con vida. Para otras, significa poder recuperar a quien perdieron y comenzar el proceso de despedida.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia: Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












