Se presentan como Ángeles de la noche. Y, sobre el papel, pasan por ser un espontáneo grupo de vecinos alarmado por el incremento de la inseguridad en Valencia. Uniformados con camisetas y gorras negras, tocadas por un logo en plata de dos niños que se dan la mano bajo alas celestiales, la justiciera legión se prepara para peinar las calles. Su primer asalto será La Malvarrosa, distrito marítimo de 13.000 habitantes sentenciado por su proximidad al arrabal de Las Casitas Rosas, epicentro de peregrinación diaria al hipermercado de la droga de una legión silente de toxicómanos. Tras Ángeles de la noche no se encuentra un espontáneo movimiento ciudadano, sino el partido fascista valenciano España 2000, que pilota el abogado y empresario de la seguridad privada José Luis Roberto Navarro, de 72 años. A través de la ONG Hogar Social Patriota María Luisa Navarro ―que toma el nombre de su madre y que fue inscrita en 2010 como entidad de asistencia social en la Generalitat Valenciana― el grupo enmascara la autoría de la iniciativa. Roberto admite a EL PAÍS ser el padre de la criatura. Sostiene que sus patrullas ―seis miembros por escuadra, instrucción en artes marciales y acérrimos seguidores del credo ultra y antiinmigración― son legales. Y, por ello, reportarán a las autoridades sus movimientos. “La finalidad es colaborar con la policía en los sitios calientes”, reconoce tras la mesa de un espartano despacho en el corazón de Valencia, cuartel general de su emporio de la seguridad privada. Un busto de Francisco Franco, una foto enmarcada de Enrique Rodríguez Galindo ―exgeneral de la Guardia Civil condenado por los GAL― y un retrato a carbón del prohombre del fascismo Ramiro Ledesma Ramos observan la escena. Para el ultra, la intendencia es medular. Y, aunque Roberto barajó que su camada negra portara inicialmente sprays de defensa personal, la ocurrencia fue pronto descartada. Cuando comiencen a peinar las calles, en las próximas semanas, los patrulleros llevarán un silbato y deberán cumplir con un código de buen comportamiento para evitar excesos y tentaciones. La mayoría de los voluntarios, confiesa el extremista, son miembros de España 2000, un grupúsculo de 2.500 militantes que carece de representación. Y que, en 2015, antes de la eclosión de Vox, llegó a obtener seis concejales en cuatro municipios del madrileño Corredor del Henares. Su señuelo: a la inmigración, ni agua.La misión de la milicia se centrará en retener al malhechor hasta que llegue la policía. También repartirán folletos sobre seguridad a los turistas. “Lo vamos a hacer en las zonas con más inmigrantes. Los marroquíes y argelinos crean problemas. La segunda fase se desarrollará en el centro de Valencia”, defiende este letrado conocido como El Cojo por caminar con una prótesis en su pierna derecha a causa de la talidomida, aquel fármaco que causó malformaciones en los bebés de los años cincuenta. Roberto, joseantoniano, acólito de la dialéctica de los puños y las pistolas, no está solo. El que fuera también secretario general de la patronal de los prostíbulos Anela ha fichado para su comando callejero al que fue hasta 2022 inspector jefe de la Policía Nacional de la comisaría centro de Valencia, el abogado y criminólogo Ricardo Ferris. Un mando que fue fulminado por Interior tras ligar inmigración y delincuencia en una conferencia organizada por Vox. Ferris, que es socio de una filial en la República Dominicana de la empresa de seguridad de Roberto, supervisará de cerca la iniciativa. “Seremos los ojos y oídos de la policía”, precisa el exinspector, que, tras su destitución, pasó a segunda actividad y hoy está jubilado. Unidad de destinoLa siguiente secuencia se desarrolla en el despacho de Roberto. Tras una hora de conversación, el dirigente reconoce que la ONG, el partido España 2000 y la asociación La Resistencia integran el mismo tinglado, una idéntica unidad de destino. Y que todo se coordina desde un cuartel general cercano al barrio de La Malvarrosa, donde en breve se foguearán las patrullas. La sede del movimiento, autoproclamado fascista, programa tardeos. Una conferencia del enfermero del lugarteniente de Adolf Hitler, Rudolf Hess; o charlas de viejas glorias de la ultra, como el librero neonazi Pedro Varela, salpican las sugerencias de este grupo que encadena charcos y litigios por delitos de odio. Histórica de los cenáculos azules valencianos, la ONG del fundador de España 2000 ya se hizo célebre hace 14 años por repartir comida solo a españoles. Seguía la estela de los neonazis griegos de Amanecer Dorado. La revelación, destapada por EL PAÍS, provocó que el Banco de Alimentos de Valencia, que abastecía a Hogar Social Patriota de víveres procedentes del Fondo Agrario (Ministerio de Agricultura), cortara el grifo. Y la escuadra de Roberto se vio abocada a recolectar la comida de la solidaridad azul a las puertas de los supermercados. El fascista también organiza talleres de defensa personal contra los “enemigos de España”. A ellos asisten funcionarios en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Ejército. Las técnicas de estrangulamiento figuran en el programa formativo. La fijación de Roberto se centra en que no se desvele su entramado societario. Es su secreto mejor guardado. El ultra solo aparece ligado en el Registro Mercantil a dos empresas. La principal es una firma de seguridad privada creada en 1979, que en 2024 arrojó unos beneficios de 8,4 millones con 194 empleados. En los últimos nueve años, la compañía ha captado 900.000 euros en adjudicaciones públicas. El Instituto Geológico y Minero de España (550.000 euros); la Residencia Estudiantil y Centro de Estudios Ramón Pignatelli, dependiente de la Diputación de Zaragoza (159.436); y la Delegación de Economía y Hacienda de Tarragona (125.928) le han otorgado sus contratos más suculentos, según la Plataforma de Contratación. “La mayoría de mis empresas de seguridad en España y en el extranjero no están a mi nombre”, admite Roberto. La estrategia de este abogado y exprofesor, que se convirtió en 2003 en destinatario de un sobre bomba remitido por anarquistas que hirió a dos empleados de Correos en Valencia, se cimenta en evitar que administraciones gobernadas por la izquierda veten a su conglomerado mercantil. Y, como los charcos mediáticos y los millonarios negocios no siempre se dan la mano, el ultra calcula con celo el alcance de sus palabras. Un hombre que promovió en 2021, junto al exlíder de Ultra Sur Alberto Ayala de Cantalicio, una marcha neonazi al grito de “fuera maricas de nuestros barrios” en el corazón del colectivo LGTBI, el madrileño barrio de Chueca, debe nadar y guardar la ropa. “Siempre estoy al borde de lo que se puede hacer”, confiesa Roberto con la mirada fija en el retrato a carboncillo del fundador de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (JONS), Ramiro Ledesma Ramos.
Escuadras fascistas contra la inseguridad en Valencia
El partido de extrema derecha España 2000 se camufla tras una ONG para patrullar por los barrios con más inmigrantes de la ciudad






