El viaje entre la paranoia pseudob�lica marroqu�, la pachorra veraniega espa�ola y el regreso a la alerta total del r�gimen de Mohamed VI consta de 7.199 pasos, se recorre en 76 minutos y, seg�n la app de salud del 'smartphone', supone la quema de 438 calor�as exactas.Son los datos de un trayecto de ida y vuelta entre Castillejos y Ceuta, a ambos lados de la frontera marroqu�, en plena emergencia por el 15-A, la jornada marcada por miles de j�venes bajo la etiqueta #haraga para, presuntamente, cruzar a Ceuta de forma incontrolada. Pero tambi�n sirve para comprobar c�mo los dos gobiernos, el marroqu� y el espa�ol, han afrontado el mismo acontecimiento de formas radicalmente opuestas. Mientras Rabat ha desplegado una marabunta de cuerpos de seguridad para blindar su frontera, una aparente calma marca la labor dictada desde Madrid para el dispositivo ceut�.El trayecto comienza a mediod�a en El Mirador, la rotonda a las afueras de Castillejos donde los marroqu�es han instalado su primer 'checkpoint'. Un soldado inspecciona el veh�culo con gesto sospechoso y pregunta en franc�s: "�T� no has pasado ya por aqu� a las nueve de la ma�ana?". Tras insistentes negativas, acaba cediendo: "Vale, aparca ah� cerca y vuelve caminando".Tres agentes manosean el pasaporte antes de franquear el paso. Por delante, queda un largo paseo junto al mar, donde refulgen kil�metros de concertinas reci�n instaladas. Docenas de coches de polic�a, 'lecheras' de antidisturbios y veh�culos del Ej�rcito recorren este kil�metro largo de asfalto por el que apenas circulan dos taxis en un cuarto de hora. Un yate privado con tres ba�istas aporta el toque surrealista a la escena.Marruecos asegura haber frustrado un intento de asalto de cientos de inmigrantes subsaharianos en CeutaAl final del trayecto aparece la 'zona cero' del despliegue alau� ante el 15-A: la explanada de la frontera. M�s de un centenar de veh�culos de todo tipo, desde turismos de la polic�a hasta camiones antidisturbios de tropecientas toneladas, lucen perfectamente api�ados en la calzada. El insistente zumbido de un dron es la banda sonora de una escena casi apocal�ptica.Unos soldados otean la costa con prism�ticos. Otros intercambian datos con gesto serio. M�s all�, dos tipos con bigote consultan un mapa en su 'tablet'... Pero, no nos enga�emos, tambi�n hay muchos que sestean dentro de autobuses, tanquetas y dem�s equipamiento marcial.El clima hiperactivo se calma s�bitamente nada m�s entrar a la zona de aduanas. Dos terceras partes de los puestos de control de pasaportes est�n vac�as. Los agentes all� congregados apenas contienen los bostezos. Tanta alarma por el 15-A, con su anunciado desborde de los servicios fronterizos, ha acabado provocando el efecto contrario: nunca antes hab�an tenido tan poco trabajo.Un gendarme sella el pasaporte, otro registra la mochila y un tercero se asegura de que sus compa�eros han hecho su trabajo. La burocracia avanza campante. "Que tenga buen viaje", se despide, ahora en castellano, el �ltimo agente del territorio marroqu�.Por el largo pasillo que separa ambos pa�ses nos encontramos con Amir, un cincuent�n con familia en San Sebasti�n que transporta dos bolsas de panes a Ceuta. Enseguida entabla conversaci�n: "�Eres de Madrid? Pues yo conozco Lavapi�s, Carabanchel, Aluche, Porla...".-�Porla?-Espera, no... �Parla!Cuenta Amir que nunca hab�a visto tan vac�a la frontera, y eso que la cruza a diario. Cuando le preguntamos por el 15-A, dice no saber nada. O, al menos, lo finge a la perfecci�n.Un s�bito golpe de aire acondicionado interrumpe la conversaci�n. Ya estamos en Espa�a, donde unos ultramodernos controles informatizados sustituyen el trabajo manual de los gendarme marroqu�es. Aqu� los agentes tambi�n est�n ociosos, aunque se lo toman con mejor humor. "Una horita m�s y me voy a casa", cuenta un polic�a afincado en Ceuta. "Un d�a tranquilo, que ya era hora".Tras otro paseo, esta vez climatizado, aparece la primera calle de la ciudad aut�noma. Aqu� no hay 'lecheras', ni tanquetas, ni mucho menos camiones. Si acaso, unos agentes vigilan la salida desde una colina cercana. S�lo una periodista de Antena 3, que entra en directo justo en ese momento, indica que algo especial est� ocurriendo sobre el terreno.Tras un giro de 180 grados, empieza la misma rutina, aunque ahora en direcci�n a Castillejos. Un guardia civil aburrido escanea el pasaporte. Otro inspecciona la mochila. Un tercero da las buenas tardes... Y el fin del aire acondicionado indica que hemos vuelto a Marruecos.El primer gendarme alau� parece confundido al comprobar que la fecha del sello de salida de Marruecos coincide con el que debe estampar a la entrada. Pero no le da muchas vueltas: devuelve el pasaporte y suelta una frase en �rabe con gesto circunspecto. Mejor no preguntarle qu� ha querido decir.Una hora m�s tarde, la explanada de la frontera marroqu� luce tan ajetreada como la dejamos. Corren los rumores de que han detenido a varias docenas de subsaharianos en un monte cercano. Pero, de momento, ni un s�lo marroqu� se ha lanzado al mar con destino a Ceuta. Los jefazos del dispositivo parecen contentos mientras piden caf�s bien cargados en un peque�o tenderete.Al volver a la rotonda inicial, sigue dirigiendo las operaciones el mismo agente que, por error, cre�a habernos visto a primera hora de la ma�ana. Ahora, sin embargo, una gorra blanca con letras de colores no le deja margen de error: "Bienvenido de nuevo a Marruecos, 'monsieur'".