OpiniónQuizá la madurez sexual consista también en entender que hay placeres compartidos y otros íntimos, y que las ganas no siempre necesitan compañía.La masturbación en la adultez forma parte de una sexualidad normal. Fotoilustración. Foto: iStock15.08.2026 06:30 Actualizado: 15.08.2026 06:30
Hay placeres que todavía piden permiso. A cierta edad, masturbarse deja de parecer una travesura y empieza, para algunos, a convertirse en una declaración política. Si hay pareja, peor: cualquier visita solitaria al departamento inferior puede interpretarse como protesta, deserción o señal inequívoca de que algo anda mal en el catre. Y no necesariamente. El deseo no siempre llega acompañado ni tiene obligación de hacerlo. LEA TAMBIÉN De hecho, la masturbación en la adultez forma parte de una sexualidad normal. Permite reconocer qué estimula, qué incomoda, qué ha cambiado con los años y qué todavía despierta las ganas. Conocerse, después de todo, sigue siendo útil incluso después de haber conocido bastante a otros. Y convendría recordar algo elemental: la pareja participa del placer, pero no adquiere por ello la propiedad horizontal del cuerpo ajeno.A algunas personas, sin embargo, les preocupa más descubrir que su pareja se masturba que averiguar si disfruta. Lo viven como competencia, como si el orgasmo tuviera marcador y el placer individual descontara puntos al compartido. Es curioso: nadie cree que almorzar solo constituya una traición a las cenas en pareja, pero en materia sexual todavía se administra el aquello con una extraña mezcla de moral, sospecha y contabilidad. LEA TAMBIÉN Claro que una conducta puede convertirse en problema cuando se vuelve compulsiva, interfiere con la vida cotidiana, desplaza sistemáticamente el encuentro o termina siendo la única manera posible de excitarse. Pero de ahí a convertir cada orgasmo solitario en una investigación disciplinaria hay bastante trecho. También existe el problema contrario: quien nunca exploró su propio cuerpo y espera que otro llegue con el mapa aprendido.Quizá la madurez sexual consista también en entender que hay placeres compartidos y otros íntimos; que las ganas no siempre necesitan compañía y que la fantasía no exige notaría. A la vida sexual adulta le vendrían bien menos vigilancia y un poco más de curiosidad. Porque todavía hay parejas que toleran mejor un secreto bancario que un orgasmo independiente. Hasta luego.Esther BalacPara EL TIEMPO Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







