Un vecino señala con los ojos una gran grieta horizontal en el muro que da a la entrada del edificio donde vive. Han pasado casi 19 años, pero algunas huellas de las obras del AVE a su paso por los populares barrios de Bellvitge y Gornal (L’Hospitalet de Llobregat) todavía siguen ahí. Como las dobles ventanas que Adif pagó en algunos inmuebles tras las quejas de los vecinos, hartos de los trabajos sin horarios de máquinas y operarios para que el tren de alta velocidad pudiera llegar a Barcelona sin más dilaciones en diciembre de 2007, promesa del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero. La mañana del 26 de octubre de aquel año diez metros de andén de la estación de Bellvitge se hundieron 30 centímetros y apareció un boquete que se rellenó con hormigón tan rápido como se pudo. No era el primer incidente causado por las obras, quizás tampoco el más grave, pero sí el más visible y el que acabó constatando las dimensiones de un desaguisado que ahondaba en el eterno descontrol de Rodalies. Los trabajos se pararon y la fecha del estreno del AVE volvió a caerse del calendario. Romy Carrasco (50 años), sentada en un banco con las bolsas del Mercadona aparcadas a unos metros, charla con dos vecinas que recuerdan todavía aquellos días. “El pi-pi-pi-pi-pi de las máquinas a todas horas, de día y de noche, era insoportable”, señala una de ellas. “Estábamos con el miedo en el cuerpo”, relata Carrasco, que expone cómo en su casa “el suelo temblaba y los muebles se movían”. “Aún tengo una grieta de entonces en mi habitación”, asegura. No fue la única víctima del barrio de los trabajos para construir un túnel ferroviario justo al lado de las vías que utilizan los trenes de corta y media distancia, que provocó incluso el desalojo de algunos pisos por los movimientos de tierras. El hombre que ha señalado la grieta en el portal de su finca también habla todavía de grietas y de puertas que no encajan bien en su casa a causa de los movimientos de consolidación de los edificios provocados por las obras.Aquel socavón y los que hubo antes se convirtieron en un símbolo, porque pese a que ya había habido accidentes similares e incluso más graves (la pared de un muro que cedió y obligó a cortar por seguridad la circulación de trenes de Renfe y de Ferrocarrils de la Generalitat), aquel boquete plenamente visible decidió al Gobierno a paralizar los trabajos y a renunciar a la enésima promesa de llegada del AVE a la capital catalana. Fue también otro factor de peso para paralizar la circulación de trenes de Rodalies hacia el sur de Tarragona, en la crisis de transporte público más grave (fueron semanas de autobuses supliendo al transporte ferroviario) sufrida en Cataluña hasta que en enero pasado el conjunto de los trenes de corta distancia quedaran paralizados unos días por múltiples incidentes en las vías que recomendaban varar convoyes hasta dar seguridad a la circulación. De aquella crisis salió incluso un plan de inversiones en infraestructuras del entonces Ministerio de Fomento que, como otros posteriores, tampoco llegó nunca a ser una realidad. Y meses después, en diciembre, cuando el cabreo por el estado de las infraestructuras había calado, entre 200.000 y 700.000 personas (según las versiones) salieron a la calle en una manifestación que reivindicaba el término “nación” y decía “basta”: “Tenemos derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras”. Una gran marcha que estrenaría una época. “Allí aparecieron por sorpresa muchas estelades y gritos de independencia”, recuerda Alfons López-Tena, que participó en los parlamentos finales, y que reflexiona sobre la posibilidad de que en ese barrio de aluvión que es Bellvitge, que en octubre próximo cumplirá 50 años, pudiera nacer en cierta manera el procés o el embrión de él. Lo que sí tiene claro López-Tena, que fue vocal del Consejo General del Poder Judicial a instancias de CiU, es que las cosas en el ámbito de las infraestructuras o están igual o peor que hace 25 años, “porque sigue sin haber inversión”. Dos años después de la manifestación que empezó a crecer bajo la sombra del efecto Bellvitge se produjo la multitudinaria protesta por el recorte del Estatut aprobado por el Tribunal Constitucional, que avanzó con el lema Som una Nació. Nosaltres decidim. Y a partir de 2012 llegaron las masivas marchas de la Diada. Bellvitge, o el Gornal, no ha cambiado mucho desde entonces, pese a que un Hospitalet más de diseño y con nuevos habitantes ha ido creciendo hacia el sur, en la franja que va hacia el recinto de Fira de Barcelona. Así lo ve Paquita Vázquez, que a sus 75 años el martes se sentaba a tomar una cerveza en la terraza del bar que regentó durante décadas con unas amigas, todas vecinas de la zona. “Tampoco fue para tanto”, señala, quizás porque en el primer piso en el que ella vivía, más alejadas de las obras, no se vio tan afectada. Su opinión no dista tanto como la de Pilar Gómez, que quita hierro a un problema que llenó páginas de diarios en aquellas fechas. “Hay gente que exagera por todo. Si quieres ve a aquel banco, ellas seguro que te dirán que fue muy grave”, recomienda.