Tres jóvenes describen cómo las restricciones de los talibanes y el miedo invaden todos los actos de su existencia desde agosto de 2021

Desde el 15 de agosto de 2021 todos los días se parecen. En Kabul, Herat, Kandahar o Bamiyán. “Paso casi todo el tiempo en casa porque me da miedo salir. Me despierto, me aseo, leo, sigo cursos online, escribo poemas... Mi mundo ahora se reduce a las paredes de mi cuarto”. Soobabeh, de 23 años, es una de las tres jóvenes afganas que ha aceptado contar a EL PAÍS cómo las restricciones de los talibanes marcan su vida desde hace cinco años. “La persona que yo era hasta el 15 agosto de 2021 ya no existe. Estaba viva y ahora es casi como si hubiera muerto”.

Soobabeh, Mitra y Motahara desgranan sus relatos en mensajes de voz enviados por WhatsApp. La emoción al recordar todo lo que no pueden hacer en su vida diaria las obliga a parar y tomar aire antes de seguir hablando. Cualquier acto, por más pequeño que sea, está impregnado de miedo. “Sobre todo a ser detenida. Porque cuando te arrestan ya no sabes qué será de ti. Hoy, por ejemplo, es viernes, día de descanso, y en un mundo normal, yo debería estar por ahí con mis amigas”, dice Motahara, de 18 años, desde Herat, en el oeste del país.