Las macrourbanizaciones han llegado para quedarse. La clásica combinación de garaje y piscina ha evolucionado hacia complejos residenciales concebidos como pequeños universos, donde la vida se hace de puertas para dentro. Gimnasio, coworking, sala multiusos, parque… Cada vez se ofrecen más servicios dentro de un mismo perímetro.PublicidadEsta moda se ha extendido más allá del mercado privado y empieza a reproducirse en las promociones de vivienda asequible. Aunque este modelo tiene ventajas evidentes, también plantea interrogantes: a más servicios, mayores gastos de comunidad. El pago mensual por contar con estas nuevas prestaciones puede ascender hasta los 200 euros, una cantidad inasumible para muchas familias. Una de las últimas operaciones inmobiliarias en sumarse a esta tendencia se encuentra en Málaga. El Ayuntamiento presentó a finales de julio un nuevo proyecto de vivienda pública en concesión, en el que se prevé la construcción de 600 pisos repartidos en cinco bloques. El complejo incluye de todo: piscina, garaje, huerto urbano, solárium, parques, zona de multideporte y calistenia, jardines, aparcamiento para bicicletas y sistemas de videovigilancia.Un planteamiento muy similar presenta la promoción de VPO que se está construyendo junto al Palacio de Congresos de Sevilla. Este complejo dispondrá de más de 4.000 metros cuadrados de zonas comunes, entre las que destacan una gran piscina con pool bar, áreas de descanso y ping-pong, parques, tres espacios de coworking, salas comunitarias, gimnasio, zonas deportivas, sala de lectura, espacio cultural, aparcamiento para bicicletas… e incluso un spa para mascotas.Para Enrique Villalobos, portavoz de Vivienda de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), este tipo de urbanización plantea importantes dudas, tanto desde el punto de vista social como económico. Mantener estas instalaciones acaba encareciendo la vivienda a través de cuotas de comunidad e impuestos más elevados, algo que lastra especialmente a las familias de rentas medias y medias-bajas. Pone como ejemplo las piscinas, que resultan muy útiles durante unas semanas al año, pero son muy caras de mantener. "En las promociones públicas, la prioridad debería ser ofrecer viviendas asequibles, eficientes, accesibles y bien comunicadas, no reproducir modelos residenciales que encarecen innecesariamente tanto la construcción como el mantenimiento.", sostiene.PublicidadMás allá de la cuestión monetaria, Villalobos advierte de que este modelo tiene consecuencias sobre la propia configuración de la ciudad. A su juicio, las macrourbanizaciones consumen una gran cantidad de suelo, generan espacios urbanos poco activos y favorecen una forma de vida más dependiente del automóvil. "Cuando las plantas bajas están ocupadas por muros, vallas, garajes o recintos privados, las calles tienen menos comercio, menos actividad y menos posibilidades de encuentro", advierte.Todo esto convierte a los nuevos barrios en lugares hostiles para las personas mayores o con problemas de movilidad. "Son barrios diseñados para parejas jóvenes con hijos. Durante algunos años las zonas comunes pueden facilitar la conciliación: los niños juegan en un recinto protegido y la piscina se convierte en un espacio de ocio cercano. El problema aparece cuando estas familias envejecen o los niños se marchan", añade. Aunque cambie la etapa vital, se siguen pagando esas instalaciones que apenas se usan y se hace más evidente la falta de comercios de proximidad o servicios públicos adecuados.Otra de las cuestiones a tener en cuenta es el mantenimiento. Algunos vecinos del Plan Vive de Madrid se han organizado recientemente para denunciar que muchas de las promesas de sus urbanizaciones de nueva construcción no se están cumpliendo. Aseguran que las zonas verdes que se han secado o que han crecido en exceso por la falta de desbroce. También protestan por la falta de limpieza, averías que se prolongan en el tiempo o la escasa eficiencia energética de los edificios. A todo ello se suman los costes extra obligatorios: además del alquiler de la vivienda, cada mes deben abonar la renta de dos plazas de garaje y un trastero al que no pueden renunciar. Unos desembolsos que, según aseguran, elevan sus cuotas a niveles del mercado libre.PublicidadPrivatización de la vida social"Desde el primer momento pensamos en buscar un edificio con piscina. Vivimos en Madrid y el verano se hace cada vez más duro. Aun así, encontrar algo para comprar fue muy complicado y casi todo era de este tipo", asegura Héctor M. Compró una vivienda sobre plano hace dos años y confía en mudarse en los próximos meses. Sabe que el recibo de la comunidad será más alto —aunque aún desconoce la cifra exacta—, pero le compensa: "Está a las afueras, pero no tan aislado como otras zonas. Tenemos el metro a diez minutos y en el barrio ya hay vida, con bares y supermercados", añade.Su caso es de los más tradicionales, el edificio, cerca del Puente de Vallecas, no será muy grande y se limita a una piscina, un gimnasio, garaje y trasteros. Su cuñado Miguel L., en cambio, ha adquirido recientemente una VPO en el norte de Madrid "que tiene de todo".Los expertos en urbanismo llevan tiempo alertando de que este tipo de construcciones, como sucedió con los recintos de chalets unifamiliares hace unos años, no son sostenibles a largo plazo. Uno de sus principales efectos es la "bunkerización", un fenómeno por el que la vida comunitaria y el ocio se traslada de la calle al recinto privado. El crecimiento de manzanas cada vez más grandes en zonas donde no se ha realizado un diseño urbano ofrece un vacío a las promotoras que llevan con estos paquetes de servicios.Esta problemática la conocen bien los vecinos de los llamados PAU (Proyectos de Actuación Urbanística) de Madrid. Las Tablas, Valdebebas o el Ensanche de Vallecas son enclaves donde los vecinos llegaron mucho antes que el servicio de basuras o las líneas de autobús, y todavía hoy siguen reclamando centros escolares o bibliotecas. Los desarrollos más recientes —como Valdecarros, Los Ahijones o El Cañaveral— no parecen haber cambiado de estrategia no parecen haber cambiado la estrategia de construir en masa. "Lo que está pasando ahora no es nuevo, es sencillamente un urbanismo especulativo donde las dotaciones son secundarias. Se vivió durante el boom del ladrillo y los años ochenta, una época en la que crecieron mucho las ciudades. Los vecinos de esa época tuvieron que luchar mucho para tener los servicios que ahora tienen"; recuerda Isabel González, miembro del Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid.Ante la cuestión de si este modelo supone una privatización oculta de lo público, Villalobos matiza que, más que eso, lo que se produce es "una dejación de responsabilidades por parte de las administraciones", que consideran cubiertas esas necesidades con los recintos privados. Como consecuencia, polideportivos, bibliotecas o piscinas municipales "llegan tarde" y "resultan insuficientes" para una población que ha crecido muy rápido. "El urbanismo puede favorecer la convivencia o dificultarla, y el diseño de las manzanas cerradas no ayuda especialmente", concluye.