En el extremo oriental de Gipuzkoa, junto al Bidasoa y frente a Francia, Irún concentra buena parte de la historia de la región. Su ubicación en la frontera ha condicionado durante siglos la evolución del municipio, aunque una parte importante de su pasado se remonta a mucho antes de que existieran los límites actuales entre ambos países. Bajo la ciudad se conservan los restos de Oiasso, el asentamiento romano que se desarrolló en esta zona durante los primeros siglos de nuestra era.

Esta población ocupaba la desembocadura del río, en un territorio situado entonces entre Hispania y Aquitania. Oiasso fue una ciudad portuaria de los vascones y, durante el Imperio Romano, quedó integrada en la provincia Tarraconense. Su puerto, conectado con la ruta atlántica, junto con las explotaciones mineras cercanas, impulsaron el comercio y las comunicaciones. Las excavaciones llevadas a cabo en las últimas décadas han permitido localizar almacenes, una necrópolis, zonas relacionadas con la minería y unas termas públicas.

La cercanía con Francia continúa siendo una de las características de Irún. En las proximidades se encuentra la Isla de los Faisanes, un pequeño islote del Bidasoa situado entre la localidad guipuzcoana y Hendaya. España y Francia comparten su soberanía y alternan su administración cada seis meses. Aunque no está habitada ni se puede visitar, también tiene importancia histórica: allí se firmó en 1659 la Paz de los Pirineos, que puso fin a un largo periodo de enfrentamientos entre las dos monarquías.